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Full text of "Bolívar; poema romántico, original y en verso, en un prólogo y tres actos"

UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 




00045697673 



fe -i 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 




http://archive.org/details/bolivarpoennaronnaOOvill 



FRANCISCO VILLAESPESA 



B O L I V A Pv 



POEMA ROMANTICO, ORI^ 
GINAL Y EN VERSO, EN UN 




EDITORIAL VICTORIA'^ 
MANRIQUE €r RAMIREZ ANGEL 

CARACAS ' VENEZUELA 



GENERAL JUAN C. GOMEZ. 



GOBERNADOR DEL DISTRITO FEDERAL, 

Hago saber: 

Que el señor Francisco Villaespesa se ha presentado ante mí reclaman- 
■<3o el derecho exclusivo para publicar y vender un poema romántico en ver- 
so de su propiedad, cuyo título ha dep)ositado en este Despácho, y es como 
sigue: "Bolívar"; y que habiendo prestado el juramento requerido por la 
Ley de Propiedad Intelectual, le pongo en posesión del derecho que con- 
cede la mencionada ley. 

Dada en el Palacio de Gobernación y Justicia del Distrito Federal, y 
refrendada por el Secretario de Gobierno, en Caracas, a 26 de octubre de 
J920. — Año 111- de la Independencia y 62° de la Federación. 

Juan C. Gómez. 

Refrendada. 
El Secretario de Gobierno, 

Ramón E. Vargas. 



DEDICATORIA 



Al General Don Juan Vicente Gómez, 
Pvehabilitador de Venezuela. 

Señor : este poema en sus rimas entraña 

todo el oro y el hierro que mi estirpe acrisola .... 

Exaltar a Bolívar es exaltar a España .... 

El es el Héroe Máximo de la raza española ! . . . . 

Se yergue sobre todos, igual que una montaña 

más alta qae los Andes, inconmovible y sola 

La tempestad le sigue, el trueno le acompaña, 
y un resplandor eterno sus sienes aureola ! . . . . 

Permitid que os ofrende este libro ! . . . Homenaje 
que de mi vieja España a Venezuela traje, ' 
como materno abrazo de mi tierra a esta tierra 

como ninguna heroica, generosa y feraz, 
ca la que dió Bolívar las glorias de la guerra 
y vos, señor, le disteis las glorias de la Paz ! 

Caracas: mayo 17 de 1920. 



PERSONAJES 



Josefina Machado. 

Fanny Trobiand de villars. 

La Golondrina. 

Mari-Juana. 

Hipólita. 

Matea. 

La Ciega. 

La Viuda. 

La Huérfana. 

Una Niña. 

Simón Bolívar. 

Don Simón Rodríguez. 

Fernando de Toro. 

Mariano Montilla. 

José Félix Ribas. 

Vicente Campo Elías. 

Atanasio Girardot. 

Rafael Urdaneta. 

Juan Nepomuceno Quero. 

GlOVANNI BlANCHI. 

El Marqués de Casa León. 
Don Domingo Monteverde. 
Fray Félix de Sosa. 
Don Francisco de Iturbe. 
Bernardo Muro. 

ZiNGARELLO. 

El Mulato Machado. 



Don Pedro Machado. 
LuiGi Aldoni. 

COSIMO. 
GlACOMO. 

El Cabo Trujillo. 
Jacinto el Ciego, 
tomájs sánchez. 
Mateo el Seminarista. 
^ Guillen Torres. 
Agustín el Mulato. 
José Antonio el Zambo. 
Gumersindo López. 
Gonzalo. 
José. 
Pío. 

El Anciano. 
Hombre Primero. 
Hombre Segundo. 
Preso Primero. 
Preso Segundo. 
El Lazarillo. 
Mendigo Primero. 
Mendigo Segundo. 

Mendigos Romanos, Frailes Dominicos, Sacerdotes, Monagui- 
llos» Soldados, Oñciales Patriotas, Soldados y Oficiales 
Españoles, Esclavos, Presos, Hombres, Niños y 
Mujeres del Pueblo. 

La acción del Prólogo en Roma, 1805. Los tres actos restantes, 
en Caracas ij en una hacienda del camino de Valencia a 
Puerto Cabello, por los años de 1812 a 1813. 



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A cima del Monte Aventino. A la izquierda, el atrio de la 
iglesia de Santa María. A la derecha, las ruinas mar- 
móreas del templo de Diana. En el centro de la escena, 
un pedestal del más puro estilo jónico. Junto al pedestal, 
una columna trunca. El verdor glorioso de los laureles prestigia los es- 
combros í/e tantas grandezas mutiladas. La lozanía desbordante de las 
hiedras y el encanto pagano de las vides alegran la palidez dorada de los 
mármoles sacros. Al fondo, la eternidad augusta de Roma, glorificada por 
la apoteosis solar de una tarde de Ma^o. Una urna sepulcral, que las llu- 
vias primaverales han colmado de agua, muestra aún, en sus bajo-relieves 
leprosos, los torsos robustos las siluetas ágiles de los sátiros y las ninfas 
de una faunalia clásica, al amparo de un grupo de cipreses. Y la azul se- 
renidad de los cielos, la blancura dorada de las piedras evocadoras y el 
verdor perenne de los árboles p de las plantas gloriosas, parecen coronar 
con el más heroico ensueño la pompa mística y cesárea de la ciudad lejana. 




ESCENA PRIMERA 

GIACOMO, COSIMO, ZINGA^ELLO, MENDIGOS 
Y VOCES MONJILES 

Al alzarse el telón, por las puertas de la iglesia de Santa María, Iras- 
ciende un perfume místico de incienso, de cera j> de flores. Se escucha la 



11 



BOLIVAR 



Prólogo 



íTiúsica solemne del órgano acompañando las voces claras ^ primaverales 
de las monjas, que entonan la pagana invocación de las flores de Mayo. 
Algunos mendigos, de rodillas en el atrio, con las manos tendidas, pare- 
cen estátuas orantes. Son ciegos, mutilados J; ancianos, pero a pesar de sus 
harapos \j de sus vejeces, tienen la orgullosa serenidad, la línea severa y 
clásica de los apóstoles y de los santos esculpidos en la fachada de la igle- 
sia. Giacomo 3; Cosimo, conversan sentados en el pedestal. Zingarello toma 
el sol, voluptuosamente reclinado sobre el musgo, bajo los cipreses, cerca de 
la urna funeral. Es un adolescente ágil 3> fuerte, de rostro pálido }j cabellos 
enmarañados, que pudo haber servido de modelo a Donatello para la be- 
lleza inmortal de su "San Juan Bautista". Cosimo y Giacomo, con sus ros- 
iros nobles y austeros }; sus barbas fluviales, no desentonarían entre los após- 
toles de "La Cena" maravillosa del divino Leonardo. 

UNA VOZ FEMENIL 

Cantando dentro a los compases del órgano. 

Las flores más bellas 
que orvalló la aurora, 
ofrendad, doncellas, 
a Nuestra Señora ! . . . 

Los lirios más blancos, las rosas mejores, , 
porque Ella es la santa madre de las flores ! . . . 

CORO 

También dentro. 

¡ Los lirios más blancos, las rosas mejores, 
porque Ella es la santa madre de la flores ! . . . 

COSIMO 

i Con épocas como esta, ' 
quién nuestra Roma conoce ! . . . 



12 



Prólogo 



BOLIVAR 



GIACOMO 

i Malos años! . . . 

cqsiMO 

¡ Y tan malos, 
que te juro por San Cosme, 
que desde que el Tíber copia 
en sus cristales, las torres 
y las murallas que ciñen 
la mejor ciudad del Orbe, 
no hubo tiempos tan mezquinos 
como los tiempos que corren ! . . . 

GIACOMO 

¿Dónde está el fausto y la pompa 
de las viejas procesiones? . . . 
A contemplarlas, venían, 
desde sus lejanas cortes, 
largos cortejes de príncipes, 
de reyes y emperadores ! . . . 
Descalzos y cirio en mano, 
tras el Pontífice, entonces, 
iban varones y damas 
de las estirpes más nobles; 
y hoy, tras las santas imágenes,, 
sólo caminan los pobres. 



Í3 



BOLIVAR 



Prólogo 



con las manos extendidas, 

pidiéndole al cielo, a voces, 

la piedad de las limosnas 

que aquí les niegan los hombres! . . . 

COSIMO 

¡Tiembla en sus ejes la tierra; 
se desploman las naciones; 
ruedan cabezas de reyes 
de la guillotina al golpe; 
y en los templos se asesinan 
a los santos sacerdotes ! . . . 
Y el mundo está tan revuelto 
con tantas revoluciones 
y con tantas heregías, 
que parece que se oye, 
como tempestad que truena, 
del Anticristo el galope . . . 

GIACOMO 

¡Napoleón Bonaparte 
es el Anticristo ! . . . Donde 
su corcel, como el de Atila, 
los ferrados cascos pone, 
hasta la hierba se seca ! . . . 
Rey de Italia coronóse 
en Milán; y, según dicen, 



14 



ólogo 



BOLIVAR 



arrebatar se propone 

su tiara al Santo Padre: 

] y ha jurado, por los dioses 

infernales, que de Roma 

no habrá de dejar ni el nombre! ... 

COSIMO • 

Roma es Roma ! . . . ¡Y, ay, del que osado 

siquiera una piedra toque 

de sus muros ! . . . Cuando el mundo 

desquiciado se desplome, 

sólo en pié quedará Roma ♦ 

con sus templos y sus torres, 

para atestiguar al cielo 

que en la tierra ha habido hombres ! . . . 

Así, se lo ofreció Cristo 

a San Pedro, cuando dióle 

con las llaves de la Iglesia ^ , 

poder sobre todo el orbe ! . . . 

ZINGARELLO 

Sin moverse, lendido sobre el musgo, con las manos cruzadas bajo la nuca, 
una pierna estirada ij la otra en arco, en un gesto escultórico de gladiador 
moribundo, ]) con las negras pupilas voraces absortas en la visión maravi' 
llosa de la ciudad lejana. 

i Tienes razón . . . Roma es Roma ! . . . 

Por eso es más digno y noble 

ser un mendigo romano ' 



15 



BOLIVAR 



Prólogo 



que ser Rey en otra corte, 
pues Roma no hay más que una 
y reinos hay a millones ! . . . 

GÍACOMO 

l Bien hablado, Zingarello ! . . . 
COSÍMO 

¡Mancebo, bien se conoce * 
que te amamantó en sus ubres 
la eterna loba de bronce ! . . . 

ZINGARELLO 

Nacer de padres romanos 

es más que nacer de dioses, 

porque los dioses se borran, 

y a Roma no hay quien la borre ! . . . 

Pequeña pausa. Vuelve a resonar el órgano. El adolescente permanece ín- 
móvil, con los ojos clavados en el azul, como si quisiera ahsorver por ellos 
toda la gloria ^ la luz de la campiña romana. 

GIACOMO 

Observando entre las ruinas del templo de Diana. 

Gente viene hacia la iglesia . . . 
COSIMO 

Pues al oficio, que el pobre 
mendigo, que de su oficio 
el menester no conoce, 

16 _ 



Prólogo * BOLIVAR 

se expone a morir de hambre 
con estos tiempos que corren ! . . . 

Se dirigen hacia" el atrio, a reunirse con sus compañeros. Zingarello continúa 
inmóvil, tendido en el musgo. 

\ ■ 

VOZ FEMENIL 1 

Cantando dentro a los sones del órgano. 

^ ¡De nuestra Señora sobre los altares 

ofrendad, doncellas, lirios y azahares ! . . . 
¡Pero son mejores 

ramos de almas puras que ramos de flores ! . . . 

CORO : 

¡ Pero son mejorés 

ramos de almas puras, que ramos de flores ! . . . 



ESCENA SEGUNDA 



DICHOS, GIOVANI BIANCHI Y LUIGI ALDONI 



Bianchi _y Aldoni penetran por la derecha, conversando. El primero, broncí' 
neo y fuerte, es la encarnación perfecta del corsario mediterráneo. Viste 
pantalón bombacho azul, chaleco y chaquetilla orientales con bordados de 
oro. Por la abertura de la camisola muestra la rizosa \; áspera pelambre del 
pecho. Entre los pliegues bermejos de la faja de seda, fulguran el pomo de 



17 



BOLIVAR * Prólogo 

mi puñal y la culata de una pistola, con incrustaciones p arabescos de plata. 

Calza botas de agua, \) ostenta, en la oreja derecha, un ancho p fino zarzillo 

■de oro. El cabello luengo y enmarañado ciñe sus sienes como un turbante de ^ 

sombra. Fuma golosamente su larga cachimba marjna. Aldoni es fino, sutil 

<e insinuante. Lleva con decoro su librea de laca\fo de casa grande, p muestra 

aún la peluca empolvada de a últimos del siglo XVIIL 

BIANCHI 

Y es generoso el indiano ? . . . 
ALDONÍ 

Tira el oro a manos llenas ! 
No hay pobre a quien no socorra, 
ni hermosa a quien no proteja; 
y es, por su porte y boato, 
asombro de Roma entera ! . . . 
Al salir del Vaticano 

esta mañana, a la puerta * 

topóse con un mendigo, 

y como en su faltriquera 

no encontrase una piastra, 

quitóse de la pechera I 

la esmeralda más hermosa 

que ojos de mortales vieran, 

y la entregó sonriendo 

a la mano pedigüeña ! . . . 

BIANCHI 

Y es noble ? . . . 



18 



Prólogo 



BOLIVAR 



ALDONI 

Sangre de príncipes 
es la sangre de sus venas ! . . . 
El Embajador de España 
le estima y le considera; 
y de par en par abrieron 
para obsequiarle, sus puertas, 
los más insignes salones 
de nuestra rancia nobleza: 
nobleza que a muchos reyes 
no diera puesto en su mesa ! . . . 

BIANCHI 

Y es bravo ? . . . 

ALDONI 

Como ^ un jabato! . . . 
Su brazo y su gentileza 
no conocieron rivales 
en lances de amor y ^erra ! . . . 

Y en el tapete del juego 

no hay quien a luchar se atreva 
con quien pierde sonriendo, 
como si nada perdiera, 
mil ducados a una carta, 
y de nuevo el doble juega ! 



19 



BOLIVAR 



BIANCHI 

Y hace mucho que le sirves ? . . . 
ALDONI 

Hace dos meses apenas; 
mas le estimo de tal suerte 
que por él la Vida diera ! . . . 

BIANCHI 

Y de mí cqué necesita? . . . 
ALDONI 

Fletar un barco desea, 
para zarpar no sé dónde. . . 
Mas una nave que tenga 
siete cañones por banda, 
y tripulación que sea 
capaz de abordar a Nelson 
y colgarle de una entena ! . . . 

BIANCHI 

El precio ? . . . • 
ALDONI 

No pone tasa ! . . . 

BIANCHI 

Con intención. 

Y es lance de amor o guerra ? . . . 



Prólogo * BOLIVAR 
ALDONí 

El amor pinta en el juego, 
si no fallan mis sospechas ! . . . 
BIANCHI 

Y es la paloma? .... 
ALDONÍ 

Bajando la voz j; señalando a la iglesia de Sania María. 

Una dama 
cjue en ese claustro se hospeda, 
por no sé qué parentesco 
que tiene con la Abadesa ! . . . 
BIANCHI 

Y quién es? . . . 
ALDONI 

Su nombre ignora ! . . . * 
Sólo sé que es extranjera; 
que es hermosa como un ángel 
y noble como uná reina ! . . . 
BIANCHI 

Y hemos de zarpar de Ostia?. . . 
ALDONI 

Mañana, con las primeras 
claridades que en las ondas 
difunda la Luna llena ! . . . 



BOLIVAR * Prólogo 

BIANCHI 

Pues contar puedes conmigo 
y con mi nave, ya hecha 
a cruzar el Océano. . . 
Africa, Europa y América 
ya conocen mis hazañas, 
y saben que no hay galera 
que cazar logre a la mía, 
cuando, tendidas las velas, 
surca bizarra las olas 
a la luz de las estrellas ! . . . 

ALDONI 

Reparando de pronlo en Zingarello p dándole con el pié. 

¡Qué haces, Zingarello?. . . 
ZINGARELLO 

Levantándose de un salió, con un desperezo felino e inclinándose ante Al' 
doni. 

Espero 
a que llegue su Excelencia 
vuestro amo, que es el hombre 
más generoso de la tierra! . . . 

BIANCHI 

¡Lindo mozo! . . . ¿En qué te ocupas?. . . 

ZINGARELLO 

Soy tañedor de vihuela, 

modelo de los pintores, 



22 



Prólogo 



BOLIVAR 



mandadero de esta iglesia; 
y la cigarra de Roma 
me llaman, pues según cuentan 
paso la vida cantando ! . . . 

BIANCHI 

¿Y ser marino quisieras? 

ZINGARELLO 

¡A vivir lejos de Roma, 
prefiero morir en ella ! . . . 

Reparando en el movimieriio de los mendigos del atrio, p dirigiéndose a 
Aldoni. 

Aquí viene vuestro amo ... 

Corre hacia la derecha, y se inclina coriésmenie ante Bolívar, que seguido de 
Don Simón Rodríguez, aparece entre las ruinas del templo de Diana. 

i Dios conserve a su Excelencia ! . . . 



ESCENA TERCERA 

/ 

DICHOS, SIMON BOLIVAR Y DON SIMON RODRIGUEZ 

Los mendigos del atrio, en actitud implorante, se vuelven a los recién llega- 
dos. Bolívar cuenta apenas 22 años. Estatura correcta. Delgado, ágil y es- 
helto. La frente amplia \j alta, el rostro largo 1> ovalado, la color blanca ^p 
pálida, la nariz recta ^ dominadora, los labios gruesos y sensuales, los ojos 
negros y profundos, las cejas pobladas e intensas y los rizos finos p crespos^ 



23 



BOLIVAR 



Pró 



Todo en él revela agilidad y energía, imperio y voracidad, dulcificados por 
un displicente y melancólico aire romántico. Elegancia suprema aunque un 
poco recargada de oro y joyas. Colores claros y suaves. Capa española del 
más fino paño. Oro en la empuñadura de su espadín, en las hebillas de sus 
zapatos, en la cadena y en las botonaduras de su traje. Esmeraldas en la pe- 
chera. Las sortijas agobian sus manos aristocráticas, blancas y cuidadas cor 
mo las de un pontífice. Diríase un príncipe adolescente de Van DycJf vestido 
con traje directorio^. Don Simón Rodríguez tiene treinta y cuatro años, pero 
representa diez más. Musculatura recia. Su frente alta, sus sienes descarna- 
das, su nariz larga y aguileña, su boca grande, sus ojos acerados y su recia 
mandíbula, evocan el boceto hecho a golpes de escoplo de un busto romano. 
Casacón verde obscuro de amplio faldamento, sobre un chaleco de seda ra- 
meado que le cae hacia los muslos. Calzón de tripe. Calcetines negros y 
grandes zapatos con hebilla de plata. Corbatín blanco. Corro frigio de seda 
negro y luenga capa parda de paño de San Fernando. Usa largas patillas 
castañas, anteojos redondos de carey, y lleva un libro: el "Emilio", de Juan 
Jacobo Rousseau, en el alma y debajo del brazo. 

COSIMO 

A Bolívar, a quien cercan los mendigos. 

i Santa María del Aventino, 
da al caminante buen camino; 
líbrale del puñal asesino ; 
su casa y su hacienda prospera ; 
auméntale la buena suerte, 
y que en la hora de la muerte 
te tenga a tí por compañera ! . . . 



GIACOMO 

\ Santa Sabina, 

dale la rosa sin espina ; 



24 



Prólogo * BOLIVAR 

que nunca le falte un abrigo, 
» ni se canse su campo en dar trigo 
ni su molino en dar harina! . . . 

UNA CIEGA 

¡ Libra a sus ojos, Santa Lucía, 

de que les falte la luz del día ! . . . 

/ 

BOLIVAR 

Displícenlemente, arrojándoles un bolsillo con monedus de oro. 

i Tomad, y basta de Letanía ! . . . 

Los mendigos le besan las manos, }) se alejan, repartiéndose el tesoro, detrás 
del atrio. A lo lejos se va extinguiendo la monotonía lacrimosa de sus ben- 
diciones. 

VOCES DE MENDIGOS 

— i Préstale amparo, Virgen María! 
— i Que no le falten oro ni amor ! 
— ¡Que su sendero siempre esté en flor! ... 
— ¡Tu gloria eterna, dale. Señor! . . . 

Desaparecen por la izquierda. Bolívar les contempla sonriendo. Aldoni se 
le aproxima, seguido de Bianchi. 



Í5 



BOLIVAR * 
ESCENA CUARTA 

BOLIVAR, DON SIMON RODRIGUEZ, BIANCHI, 
ALDONI Y ZINGARELLO 

BOLIVAR 

Zingarello, ¿qué noticias?. . . 
ZINGARELLO 

Bajando la voz. 

Que en este lugar le espera, 
cuando, al terminar las flores, 
cierren del templo las puertas ! . . . 

BOLIVAR 

Dándole una moneda de oro. 

\ Trueco en oro tus noticias 
aun cuando valen más ellas! . . . 

ZINGARELLO 

Después de contemplarle con gran respeto. 

i Lástima que no seáis 
romano ! . . . 

BOLIVAR 

Sonriendo. 

¿Por qué? 



26 



Prólogo * BOLIVAR 

ZINGARELLO 

Excelencia, 
porque un romano no puede 
servir a gente extranjera; 
y si vos fuerais romano 
con gran placer os sirviera ! . . . 

DON SIMON RODRiaUEZ 

Ni Cicerón, el retórico, 

ni el panegirista Séneca, , 

nunca elogiaron a Roma 

con tan sencilla elocuencia ! . . . 

ALDONI 

Presentando a Bianchi. 

Bianchi, el armador del buque ! . . . 
BIANCHI 

Y un amigo que desea 
serviros hasta la muerte! . . . 

BOLIVAR 

Examinándole de una ojeada y como complacido del examen. 

c Podremos tender las velas?. . . 
BIANCHI 

Mañana mismo, si os place ! . . . 
En Ostia mi barco espera ! . . . 



27 



BOLIVAR * Prologa 



BOLIVAR 

Aldoni esta misma tarde 
os precisará la fecha ! . . . 

A un gesto de Bolívar, Aldoni y Zingarello, se apartan junio a las ruinas^ 

DON SIMON RODRÍGUEZ 

A Bolívar. 

Vamos, cuéntame la historia, 

que me muero de impaciencia ! . . . 

El Embajador de España 

dicen que cundió la nueva, 

y a estas horas, no se habla 

de otra cosa, en Roma entera ! . . . 

BIANCHI 

Intentando retirane. 

Si estorbo. . . 

DON SIMON RODRÍGUEZ 

Conteniéndole. 

No, Capitán ! . . . 
Esa historia os interesa, 
para conocer el temple 
del alma orgullosa y férrea 
que se oculta bajo tanto 
terciopelo y tanta seda ! . . . 



rólogo * BOLIVAR 

BOLIVAR 

Pues, bien, el caso es sencillo ! 

Quise conocer de cerca 

al Soberano Pontífice; 

pediie para ello audiencia ; , 

concedióla esta mañana, 

y en unión de Su Excelencia 

el Embajador de España, 

en mi dorada litera, 

el umbral del Vaticano 

traspuse por vez primera ! . . . 

En su silla gestatoria 

miré al Padre de la Iglesia. . . 

Doblé al punto la rodilla, 

bajé humilde la cabeza; 

pero, en lugar de besarle 

— como es de precepto y regla — 

la cruz de oro que, prendida, 

en una sandalia ostenta, 

mi labio besó su anillo 

con profunda reverencia . . . 

— ¡Besad la cruz! — a mi oído 

murmuraron, en voz queda ... 

Y yo, mi voz elevando 

para que todos la oyeran, 

les repliqué: — ¡En tal sitio 



29 



BOLIVAR * Prólogo 



besar la cruz, fuera mengua 
para el signo, que, orgullosos, 
sobre sus coronas llevan 
en la frente, los más altos 
soberanos de la tierra ! . . . — 
Todos se quedaron mudos 
de asombro, con mi respuesta . 
Sonrióse el Santo Padre, 
y, haciendo tres reverencias 
sombrero en mano, escurrime 
tras el tapiz de una puerta ! . . . 
Y aquí termina la historia 
que en saionés y en tabernas, 
por las calles y las plazas 
toda la ciudad comenta ! . . . 

BIANCHI 

Con entusiasmo. 

Gesto propio de un romano 
de otros tiempos ! . . . 

DON SIMON RODRIGUEZ 

Abrazando paternaimenie a Bolívar. 

¡Bella réplica, 
digna de que para ejemplo 
de las gentes venideras. 



30 



Prólogo * B O L I V A R ^ 



con caracteres de oro 

se esculpiese en bronce y piedra ! . . . t 

Resuena el repiqueteo sonoro y alegre de una pandereta. Todos se vuelven 
hacia el airio, por donde aparece danzando la frágil y alada silueta de la 
Golondrina. 

ZINGARELLO 

Sin poder refrenar su eniusiasnio, corriendo hacia el airio. 

¡Se acerca la Golondrina 
tocando su pandereta ! . . . 



ESCENA QUINTA 

DICHOS Y LA GOLONDRINA 

La Golondrina penetra danzando en la escena. Es fina, bella y ágil. Vis- 
te corpino y saya tan violentamente rojos que parecen envolverla en llamas. 
La cabellera suelía por la espalda humea sombras, en los revuelos de la 
danza. Collares de coral y de granates se enroscan a su garganta. Casquete 
oriental y medias azules, zcpaíos y camisola blancos. Cabeza de perfil tan 
puro, que parece desprendida de un medallón de bronce antiguo. Morenez 
de mármol glorificado por los siglos. Avanza rápida y flexible, cimbreando 
el talle de palmera, girando sobre la punta de los pies ingrávid os ¿e puro 
ágiles. La pandereta de cuero con sonajas de plata y lazos de seda roja 
parece una cosa viva en sus manos. Se eleva, desciende hasta el suelo; se 
alza de nuevo ; cae sobre la espalda ; a veces se detiene, inmovilizada de vo- 
luptuosidad, sobre los senos, repiqueteando siempre, estremecida en tembló- 
res metálicos, hasta desfallecer en una agonía argentina. 



3 



31 



B O-L I V A R * Prólogo 

DON SIMON RODRIGUEZ 

Mientras danza la Golondrina. 

¡ Es como una alegoría 

de la eterna Primavera ! . . . 

ZINGARELLO 

Siguiendo con sus ojos de lebrel los revuelos de la danza. 

¡Parece que tiene alas, 

y que cuando danza, vuela! . . . 

DON SIMON RODRÍGUEZ ^ 

Se va a quebrar, como un lirio 

de cristal. . . Y se dijera * 

que un suspiro de la brisa 

ía puede tirar por tierra ! . . . 

La danzarina se apoya en un arco trunco, agitando suavemente la pande- 
reta tendida, como implorando una lismona. Bolívar, que la ha contemplado 
danzar, recogido en su silencio, como en un ensueño, se le acerca y le vacía 
su bolsa. Todos la rodean. Los ojos grandes y negros de Zingarello se ras- ' 
gan en la voracidad de contemplarla, de no perder ni un movimiento de la 
T onagra alada. ■ 

BOLIVAR 

A los ojos nostálgicos de la gloria pasada, 

entre los viejos mármoles de este lugar, sugieres 

la estatua de una diosa recién desenterrada, 

que busca entre las ruinas su pedestal . . . ¿Quién eres? . . 

I 

La voz estridente y dominadora se dulcifica en la evocación. Los ojos lla- 
mean, al absorber el encanto embriagador de la belleza antigua. 



32 



ólogo * B o L' I V A R 

LA GOLONDRINA 

Recostada en la columna, con 4?. pandereta, como si fuera un nido, sujeta 
con las manos sobre el seno. Su acento tiene una frescura cantarína dé 
agua corñenle, i; de todo su sér se difunde como una primavera musical», 
luminosa y fragante. 

Soy un soplo de brisa que perfuma la siesta 

con las líricas rosas de estival serenata; 

pandereta de oro que prende en la floresta 

el cairel de sus claros cascabeles de plata! . . ^ 

Soy el eco perdido de una voz que te nombra; 

la ilusión que en tus sueños se deshoja en jazmines; 

el rayito de luna que ilumina tu sombra ; 

y el ruiseñor que alegra tus nocturnos jardines! 

Soy el hada madrina que custodia la puerta 

de un palacio encantado; la alegre golondrina 

que en las floridas rejas de tu ventana trina, ^ 

y al rozar con sus alas tu cristal» te despierta! ... 

No conozco mis. padres ni sé dónde he nacido ; 

quizás en el recodo de alguna carretera, 

mientras sobre el silencio del campo adormecido 

se enjoyaba de rosas la rubia Primavera; 

y la alondra sus trm^en el azul rompía,/' 

y se irisaba en perlas la fresca catarata, 

¡y la última estrella sobre la mar caía 

cual lágrima de oro sobre un vaso de plata ! . . .-^ 

Me llaman Golondrina, porque mi vida ha sido 

un constante y alegre volar de clima en clima . . . 



33 



BOLIVAR 



jLas palmas del desierto cobijaron mi nido, 

y he hollado con mis plantas las nieves de la cima ! . . 

Las nubes que se pierden en el azul ; las naves 

que pasan ; el rocío fugaz de las mañanas ; 

las olas que se alejan sin retorno, y las aves 

que emigran y no vuelven : esas son mis hermanas ! . . 

Ciudades y caminos me son indiferentes . . . 

¡ Y así pa,sa mi vida, alegremente inquieta, 

mientras danzan, gruñendo el marfil de sus dientes, 

los osos, al vibrante son de mi pandereta ! . . . 

BOLIVAR 

Como embriagado por las palabras de la errabunda. 

Más que un acento humano tu voz es un conjuro; 
es algo misterioso, como un presentimiento, 
que viene del pasado, camina hacia el futuro, 
y pasa por las almas como un soplo de viento ! . . . 
¡ Qué bien te sienta el nombre que llevas. Golondrina ! 
¡Ay, Golondrina: ese nombre qué bien te sienta, 
pues parece que arrancas con tu voz tanta espina 
como al crucificado corazón ensangrienta ! , . . 
Oyéndote, el sol brilla, la tempestad se calma; 
porque de tus sonoras piedades al abrigo, 
parece que nos brotan dos alas en el alma 
que se abren impacientes, para volar contigo ! . . . 
[ Quién pudiera, bohemia, seguir tu caravana ! . . . 
Por valles y por montes vagar eternamente. 



34 



Prólogo * -BOLIVAR 

gozando entre tu^ risas las glorias del presente, 
sin pensar donde iremos a descansar mañana!.,. • 

LA GOLONDRINA 

Súbitamente seria, con la voz lenta i? grave, como si descifrase un misierio. 

Nació la golondrina para tender sus vuelos 
sobre ramas y aleros, por campos y ciudades, 
y el águila ha nacido para escalar los cielos 
y desplegar sus alas contra las tempestades ! . . . 
El fuego de cien soles en tus ojos fulgura, 
y extinguirle las nubes intentarán en vano ! . . . 

Dejando de súbito la pandereta i? la bolsa sobre un pedestal, y aproximán- 
dose a Bolívar, insinuante p ágil. 

Te diré los secretos de la Buenaventura 
si a mis ojos le ofreces la palma de tu mano! 

Tiende a las manos de Bolívar, sus manos morenas, que trasparecen al sol,, 
como si fuesen labradas en ámbar. 

BOLIVAR 

Rechazándola suavemente. 

Toma tu bolsa, y sigue, cantando, tu camino, 
que bien vale ese oro el oro de tu risa ! . . . 
No me tienta el enigma que encierra mi destino ! . . . ^ 
Mi vida es una rosa que deshojó la brisa! ... 

LA GOLONDRINA 

Insistiendo, tendidas las manos trémulas, como si quisieran escudriñar algo 
oculto, y fijas las pupilas en los ojos de Bolívar, como intentando desci- 
frar un misterio. 

35 



BOLIVAR * Prólogo 

¡Dame la mano, y calla! . . . ¡Quién sabe si mañana, 

al mirar tu destino cumplido, tendrás una 

sonrisa para esta vagabunda gitana 

que predijo las glorias de tu buena fortuna! ... 

BOLÍVAR 

Atajándola, con una amarga sonrisa en los labios ^ una sombra ¿olorosa 
en los ojos. * 

De mi buena fortuna ? . . . Tan buena fué la mía, 
fué tan avara en bienes y tan pródiga en daños, 
que hasta por las inmundas llagas de Job daría 
las inútiles rosas de mis veintidós años ! . . . 

LA GOLONDRINA 

/ 

Gravemente, imponiéndole silencio. Todos lo cercan, ¡as pupilas arden de 
^ ansiedad. Zingarello tiembla, como si un misterioso escalofrío recorriese su 
cuerpo. Solo Bolívar permanece sonriendo, con una amarga sonrisa desde- 
ñosa. La tarde tiende sobre los mármoles, las vides \; los cipreses las divi- 
nas trasparencias de sus velos de oro. 

No es estéril ninguna humana pesadumbre ! . . . 
Aquél que abrió tu llaga sabe por qué la ha abierto ! . . . 
Dios lalpró las cavernas en medio de la cumbre, 
y floreció el oásis en mitad del desierto ! . . . 

Le toma entre sus manos trémulas la mano izquierda. Se inclina como para 
cumplir un rito, ^ permanece como absorta en una visión lejana, conlem- 
.plando las líneas de la palma. La ansiedad aumenta. 

BOLIVAR 

Impaciente porque se rompa el silencio circundante. . 

Aquí tienes mi mano. . . ¿Qué contemplas en ella 
para que así el espejo de tus ojos se asombre?. . . 



56 



Prólogo 



BOLIVAR 



LA GOLONDRINA^ 

Como transfigurada, alzando bruscamente los ojos, y con la voz profunda y 
extraña, como si viniese de un mundo lejano. 

¡ No habrá estrella que eclipse el fulgor de tu estrella, 
ni haj)rá gloria que iguale la gloria de tú nombre ! . . . 

Bolívar no puede contener un gesto desdeñoso. La Golondrina vuelve a ín- , 
diñarse sobre la palma de la mano. La examina casi con religiosidad, si- 
guiendo los complicados jeroglíficos de sus líneas. Después dobla la mano 
por la muñeca y observa los pliegues que forma al doblarse, alza de nuevo 
la testa. Se reconcentra en una contemplación interior, con tal violencia que 
se siente cragir toda como si fuera a desgarrarse. Su rostro palidece, los 
ojos se cierran.... Y luego, después dé una pequeña pausa, se pasa las 
manos por la frente, p su voz. se derrama sobre el silencio j; la ansiedad de 
iodos, con la impasibilidad monótona de un decreto del destino. 

Cinco veces los mares has de surcar ... Y, luego, 

pastor de un indomable rebaño de leones, 

con tu espada de llamas y tu verbo de fuego, # 

como DiQS creó el Mundo, crearás cinco naciones ! . . . 

Tocarás con tus sienes las celestes esferas, 

y se hundirán tus plantas más allá del abismo ! . . . 

Lucharás contra todos: los hombres y las fieras, 

con la Naturaleza, y hasta contigo mismo! ... 

Tras haber realizado la más gloriosa hazaña * 

que los siglos han visto, en la hora cié tu muerte, 

pobre y desamparado, en una casa extraña, 

no encontrarás ni una camisa que ponerte ! . . . 

BOLIVAR 

V olviéndole desdeñosamente la espalda. 

¡ Qué mal adivinaste mis sueños. Golondrina ! . . . 



37 



BOLIVAR 



Prólogo 



l Qué mal adivinaste ! . . . . Ni grandezas ni honores ! . . . 

Ni la gloria me atrae, ni el poder me fascina, 

¡y ambas cosas las diera por un beso de amores! . . . 

LA GOLONDRINA 

Deteniéndole, con la voz profundamente conmovida. 

Será en vano ! . . . Tu hora del amor ya ha sonado ! . . . 
El beso que nos hace temblar hasta en los huesos, 
ese beso infinito, tus labios ya lo han dado. . . 
i Y ese beso no pueden borrártelo otros besos ! . . . 

Bolívar se vuelve ansiosamente. Se le ve un instante temblar, palidecer de 
angustia, como si en pleno pecho se le abriese, de súbito, una herida ,mal 
cerrada. 

BOLIVAR 

i Qué dices, Golondrina ? . . . 
LA GOLONDRINA 

Con la Voz rota en sollozos. 

i Que en unos dulces ojos 
desvanecerse has visto el fulgor de tu estrella ; 
¡y al sepultar, llorando sus fúnebres despojos, 
tu corazón, por siempre, sepultaste con ella ! . . . 

BOLIVAR 

Haciendo un esfuerzo supremo por contener los sollozos que le ahogan la 
garganta. 

¿Quién te lo ha dicho?. . . Dime! . . . 



38 



'rólogo * BOLIVAR 

LA GOLONDRINA 

Como en un libro abierto, 
he leído, en las líneas de tu mano, tu historia ! . . . 
¡ Si para los amores tu corazón ha muerto, 
aún te queda un consuelo : vivir para la gloria ! . . . 

Bolívar 56 aleja del grupo v se apoya en el arco, para disfrazar su turbación 
contemplando el panorama de la ciudad que empieza a resplandecer en la 
apoteosis dorada de la tarde. Su mano izquierda se abre bajo el cuello, como 
si quisiese extrangular sus sollozos, p el índice de la derecha sella su labio su- 
perior con el signo del silencio. Simón Rodríguez p Giovanni Bianchí se 
aproximan más a La Golondrina, mientras Zingarello la contempla, querien- 
do devorarla con sus grandes ojos voraces, y Luigi Aldoni permanece 
móvil, respetuosamente separado del grupo. . 

DON SIMON RODRIGUEZ 

Tendiéndole la mano a La Golondrina. 

Y mi mano, qué dice?.. . . 
LA GOLONDRINA 

Después de examinarla, como fatigada del esfuerzo. 

¡Qué andarás tu camino, 
y morirás de viejo! ... 

Líe suelta la mano. 

DON SIMON RODRÍGUEZ 

Conforme con mi suerte, 
con tal que no me falten, en la hora de mi muerte, 
' unos amantes labios ni un vaso de buen vino ! . . . 

Saca una moneda \? se la entrega a La Golondrina. 

l Que los Dioses te escuchen ! . . . 

39 



BOLIVAR * Prólogo 

BIANCHI 

Tendiéndole también la mano. 

Y mi mano, qué augura? . . . 
LA GOLONDRINA 

Después de examinarla, con Ig voz áspera de fatiga. 

Apiñarás riquezas y tendrás poderío ! . . . \ 

Mas, morirás colgado del mástil de, un navio! ... 

\ - ' 

Bianchi no puede contener un estremecimiento de terror, y sus manos se 
crispan de ira para estrangular a la gitana. 

LA GOLONDRINA 

Recuperando de pronto su alegría \^ su volubilidad, recogiendo su pande- 
reta }; su bolsillo, y haciendo una gentil reverencia. 

¡Gracias, nobles señores! .... Ya la buenaventura 
le dije a cada uno! . . . Con la bolsa repleta, * 
esta pobre bohemia, al azar se encamina ; 
y cantando, al vibrante són de su pandereta, 
lo mismo que ha venido, se va la golondrina ! . . . 

Vibra alegremente el pandero,, y se pierde, bajo el airio, cantando bai- 
lando, mientras todos permanecen absortos y ensimismados en sus presagios. 
Sólo los ojos de lebrel de Zingarello siguen los revuelos bermejos de su falda.' 
{Cantando) . 

Porque volar me gusta 
de clima en clima, 
todo el mundo me llama 
la Gofondrina. ^ 
Soy libre como el viento. 



40 



rólogo * BOLIVAR 

y el mumio es mío, 
pues siempre habrá un alero 
para mi nido ! 
Por esos sin temores 
de clima en clima, ~ 
siempre vuela cantando 
la Golondrina ! . . . 

Desaparece por la izquierda, \? con ella parece que se van también las úl- 
timas claridades l; alegrías de la larde. 

^ DON SIMON RODRIGUEZ 

Viendo desaparecer a La Golondrina, como hablando consigo mismo. 

¡Viajar eternamente! . . . ¡Qué peregrina historia! . . . 
BIANCHI 

Siniestramente. 

l Morir en un navio, colgado de una entena ! . . . 
^ BOLIVAR 

Pasándose las manos por la frente, como para disipar un doloroso pensa- 
miento. 

\ La espina sin la rosa ! . . . ¡ Sin el amor la gloria ! . . . 
¡ Subir solo el Calvario, sin una Magdalena ! . . . 

Todos permanecen inmóviles y abatidos, con la cabeza entre las manos, mien- 
tras se extinguen a lo lejos los últimos compases de la pandereta. Los fieles 
empiezan a salir de las flores de Mavo ; se les ve perderse a la izquierda. 
- bajo el atrio de la iglesia. 



41 



BOLIVAR * Prólogo 

ESCENA SEXTA 

TODOS, MENOS LA GOLONDRINA 

BIANCHI 

¡ Tiene gracia la gitana ! . . . 

DON SIMON RODRIGUEZ 
Pero a vos os ha dejado 
más pálido que la muerte ! . . . 

BIANCHI 

I No es muy feliz el presagio ! . . . 

i Yo, si la encuentro en mi nave, ! 
sí que la cuelgo de un palo!. . . 

ZINGARELLO 

Aproximándose a Bolívar, que aun permanece reclinado en la columna. 

Perdonad, señor ! . . . Las puertas 
del templo ya están cerrando ! . . . 

BOLIVAR 

Como quien despierta, hablando consigo mismo4 

Tiene razón, Zingarello. . . 
Se acerca el momento. . . ¡Vamos 
a embriagarnos del presente 
para olvidar el pasado ! . . . 

Recupera de nuevo su impetuosidad ^ se dirige hacia Don Simón Rodríguez. 

Maestro, se acerca la hora ... 



42 



Prólogo * 



BOLIVAR 



DON SIMON RODRIGUEZ 

Con el capitán, en tanto, 

visitaremos las ruinas 

que a este monte le han prestado 

la eternidad de sus bronces 

y el prestigio de su mármol : 

el gran templo de Minerva 

y el palacio de Trajano ! . . . 

Zingarello será el guía 

que nos saque de ese largo 

laberinto de columnas 

y pedestales truncados ! . . . 

Se marcha, seguido de Blanchi, Aldoni \; Zingarello, por la derecha. 

ESCENA SEPTIMA 

BOLIVAR Y FANNY 

Dan las stele en el reloj de la iglesia. Bolívar se aproxima al centro de la 
escena. Aparece en el airio la elegante j; fina silueta de Fanny. Viste un 
rico traje directorio, de colores obscuros, para realzar más el rubio venecia' 
no de sus cabellos }j la blancura mate de sus manos, de su rostro y de su 
cuello desnudo. Belleza aristocrática, con empaque de reina y mirar noble 
\) austero de abadesa. Avanza lentamente, doloroso \) convulsa, retorciéndose 
de dolor, bajo su máscara impasible. Sus ojeras, su palidez, p más que nada 
lo rígido de su perfil, denotan el martirio interior que la consume. 



43 



BOLIVAR 



Prólogo 



BOLIVAR 

Corriendo hacia ella. 

Te esperaba impaciente . . . ¡ Nunca tuve 
tanta impaciencia a! esperar ! . . . 

FANNY 

Rígida como una mueria, con la voz trémula p desesperada, leniamente, Je- 
jando caer las palabras, como saboreando su amargura. 

Y llego 

sobre tu cielo azul, como una nube, 

a apagar con mis lágrimas tu fuego ! . . . 

El llanto se agolpa, por fin, a sus pestañas. 

BOLIVAR 

Sorprendido. ^ 

cQué dices, Fanny?*. . . 
FANNY 

Sin .poder conienersei 

Que la pobre loca, 
la que sedienta de pasión, un día 
todas las glorias del amor bebía 
en las rojas vendimias de tu boca; 
hoy, recobrada la razón, comprende 
que un sueño quise eternizar en vano ... • 
Viene a darte su adiós, y, antes, te tiende, 
toda bañada en lágrimas, la mano ! . . . 

BOLIVAR 

Partir intentas? .. . Dónde? 



Prólogo , * BOLÍVAR 



FANNY 

A la amargura 
de un hogar sin calor, donde reclama ' 
ei deber la presencia de una dama, 
que a tu amor sacrifica su ventura ! . . . 

Estremecida por la lucha interior, poniendo en sus palabras toda la triste- 
za p iodo el ardor que la devoran. 

¡ Porque te adoro, sí, con tal vehemeiftia 
que por salvar tu amor de tí me alejo, 
aunque en tus' manos para siempre dejo 
cuanto es jiroma y luz en mi existencia ! . . . 

BOLIVAR 

Como dudando aún. 

Te estás burlando de mi amor ? . . . No es cierto 
que es una burla a mi cariño urdida? . . . 

hANNY 

Contemplándole fijamente a través de sus lágrimas. 

¡Pregúntalo a las lágrimas que \¿erto _ 

al darte mi postrera despedida ! . . . 

BOLIVAR 

Tomándole les manos, con apasionada solicitad. 

¡Estás llorando! . . . iQué dolor te? aqueja?. . . 
Qué amargura motiva tu quebranto ? . . . 

Le tiende los labios a los ojos. Ella los cierra, pálida p estremecida, como 
si fuera a morir. 

¡Para santificar mis labios, deja' 



45 



4» 



BOLIVAR 



Prólogo 



que enjuguen, con sus besos, ese llanto 
que al perlar las alburas de tu cuello 
hace tu faz más dulce y más hermosa ! . . . 

Le besa devotamente los ojos, después la contempla, subyugado por el en- 
canto de su dolorosa belleza. 

¡ Rafael no soñó rostro tan bello 
para pintar su Mater Dolorosa ! . . . 

La atroz en un abrazo su corazón, Fánny troncha su cabeza lacriman- 

te sobre el hombro de Bolívar, l; permanece un instante sollozando. La tar- 
de empieza a declinar, en un adiós de ora _V de púrpura. 

FANNY 

Desfallecida, pugnando por libertarse de sus brazos. 

l De esa prisión mi corazón liberta, 

si no quieres que, loca de ventura, 

al desceñir tus brazos mi cintura 

me desplome a tus pies como una muerta ! . . . 

Bolívar la suelta. Después la toma de una mano }) la conduce al pedestal, 
cerca de la columna trunca. Ella se deja arrastrar como una sonámbula. 

BOLIVAR 

Como un Emperador, en sangre tinto, 
expira el sol . . . Sonríete, y reposa 
sobre el antiguo mármol de este plinto 
que reclama la estatugi de una diosa ! . . . 

Le ayuda a subir. Ella apoya su silueta sobre la columna. Bolívar arranca 
una rama de laurel y se la ciñe a las sientes áureas. 

Yo, para disipar esos agravios, * 
he de inmolar, ante tu altar, de hinojos. 



46 



ólogo 



BOLIVAR 



las más dulces miradas de mis ojos 

y los más tiernos besos de mis labios ! . . . 

Se postra y se abraza a las rodillas de Fanny que, inmóvil sobre el pedes- 
tal, resucita el pagano encanto de una Venus dolorosa. Pequeña pausa, Bo- 
lívar 56 alza y la contempla un instante, ebrio de belleza. 

¡Así, qué bella estás! ... Esta colina 
que es como el alma de la vieja Roma; 
la púrpura solar que te ilumina ; 
el incienso de Mayo que te aroma; 
la columna en que muda te sostienes; 
el arco roto que te presta sombra; 
la rama de laurel que orna tus sienes, 
y ese tapiz de hiedras que te alfombra : 
todo este ambiente heroico, que atestigua 
un pasado de gloria y de grandeza, 
da a la fragilidad de tu belleza 
la eternidad de una belleza antigua ! . . . 
De una estirpe divina, a mis antojos 
toda la pompa celestial sugieres . . . 
¡Diana debió de ser como tú eres, 
y Venus tuvo que tener tus ojos! . . . 

Fanny apoyada en la columna se bebe ansiosamente las palabras, con los 

ojos atójñtos y los labios trémulos. 

Cuando mañana, a la remota América, 
la nave vuele por la azul llanura, 
superarán mi orgullo y tu hermosura 
de Helena y Paris, la leyenda homérica! ... 



4 



47 



BOLIVAR * ' Prólogo 



Y al cerrar con mis b^os tus pestañas, 

dirá mi orgullo con tu amor a solas, 

mientras gimen los vientos y las olas, 

y el perfil de las últimas montañas 

en la lejana bruma se amortigua: 

— ¡Oh, Viejo Mundo! ... En mi bajel me llevo 

todo el fulgor de tu belleza antigua 

para encender de amor a un Mundo Nuevo! 

La desciende reverenlemente del plinio ^ la sienta en la urna sepulcral, 

' FANNY 

En una imploración desesperada. , 

l No prosigas, por Dios ! . . . 
BOLIVAR 

Sentándose a su lado y tomándoles las manos. 

Aquí, ¿qué dejas? 
¡ Podredumbres, vileza y cobardía ! . . . 
Viejos prejuicios y ciudades viejas; 
_ Cristo en la cruz, sangrando todavía ; 
catedrales que el tiempo desmorona; 
el cáliz roto y profanada el ara ; 
la impiedad con cayado y con tiara i 
y la idiotez con cetro y con corona ! . . . 
i Tronos que se derrumban en astillas ; 
la libertad, que de expirar acaba, 
¡y la Europa que tiembla de rodillas 
ant^ Napoleón, como una esclava! . . . 

48 



logo 



BOLIVAR 



^ Allí, en vez de salones cortesanos 
y la estrecha prisión de tus ciudades, 
tendrás la pompa inmensa de mis llanos» 
por cuyas anchurosas soledades, 
cuando abaten las alas las torjjaentas, 
en las noches de estrellas consteladas, 
desgarran, con sus finas cornamentas 
la plata de la luna, las vacadas; 
y en el iris triunfal de los estíos, 
en un raudo galope sobrehumano, 
saltando zanjas y cruzando ríos, 
con pulso firme y con certera mano, 
lanzan potros salvajes los llaneros, 
mientras bajo la paz de los samanes, 
a la orilla de hipnóticos esteros, 
bostezan esmeraldas los caimanes ! . . . 
Allí, en vez de tus parques invernales 
' recortados a punta de tijera, 
te ofrecerán su eterna primavera 
nuestras vírgenes selvas tropicales! 
Allí, en vez de jacintos y rubíes, 
para enjoyar tus rizos ondulantes, 
te darán mis cocuyos sus diamantes 
y sus iris de sol mis colibríes ; 
olvidarás tus nardos y azucenas, 
tus rosas, tus jazmines y azahares, 

49 



BOLIVAR 



Prólogi 



aspirando el ardor de mis cayenas 
y el fragante coral de mis bucares ; 
y en la pompa pluvial de los ocasos, 
cuando todo en tus ojos lo zafiras, 
no rimarán la gracia de tus pasos 
los violines, las flautas ni las liras, 
sino el estruendo de mis manantiales, 
el verde abanicar de mis palmeras, 
los celosos rugidos de mis fieras 
y el amante arrullar de mis turpiales ! . . . 
Y de los Andes en la blanca cima, 
donde se rasga con la mano el cielo, 
y el alma, ansiosa de infinito, rima 
con el alma de Dios su eterno vuelo: 
allí, con luz de sol y con fulgores 
de estrellas, de una roca suspendida, 
fabricará mi orgullo nuestro nido 
para oculijf al mundo tus amores! . . . 

FANNY 

Jrguiéndose de pronto, como si se retorciese entre las llamas de un incendio. 

¡No prosigas, por Dios! . . . Pasó la hora 
de nuestro sueño, y sólo ya nos resta 
la realidad que por mis ojos llora ... 

Se cubre el rostro con las manos, mientras que Bolívar, bruscamente sorpren- 
dido por su actitud, la contempla un instante atónito, con los brazos cru' 
jíados. 



50 



Prólogo * BOLÍVAR 

¡ Dulce sueño de amor, cuánto nos cuesta ! . . . 

5e descubre el resiro, se yergue más aún, con un gesto de resolución jrre" 
vocahle. 

Ya el alma de ese sueño ha despertado 
y el deber le ha trazado $u sendero ... 
i Y parto, para siempre, de tu lado, 
aunque de angustia y de dolor me muero ! . , . 

BOLIVAR 

Sin poder contener su violencia, oprimiéndole las muñecas y mirándola fija' 
mente. \ 

Qué, partes? ... 
FANNY 

Sosteniéndole la mirada, t,n un esfuerzo supremo, con los dientes apretados 
p la faz lívida. 

Sí ! . . . Cuando despunte el día ! . . . 

Bolívar se separa con brusquedad, casi rechazándola. 

Deja que sola hacia el olvido vaya ! . . . 
BOLIVAR 

Volviendo a sujetarle por las muñecas. 

i Dónde están tus promesas ? . . . 

La rechaza de nuevo. 

¡Ah, malhaya 
quien de promesas de mujeres fía! . . . 
Pecar y arrepentirse ! . . . ¡ Pobres seres 
de alma de pluma y corazón de viento ! . . . 



51 



BOLIVAR ^ Prólogo 



¡ El pecado y el arrepentimiento 

son la única virtud de las mujeres! ... 

FANNY 

Con la voz ¿olorosa, pero segura. 

¡Ultraja más aún! . . . ¡Mi nombre infama! . . . 
] Mi corazón retuerce entre tus manos ! . . . 
Mas todos tus extremos serán vanos ! . . . 
Yo partiré donde el deber me llama ! . . . 
Al hogar sin calor, donde inocentes, 
para alegrar mi vida sin fortuna 
aún me aguardan mis hijos sonrientes 
con los brazos tendidos, en su cuna ! . . . 

BOLIVAR 

Refrenado su primer impulso de ira }; profundamente conmovido por el 

acento doloroso de FaBny. » 

¿A dónde ha ido tu piedad fraterna? 

c Y por qué me abandonas, tú, que fuiste 

en los desiertos de mi vida triste 

sombra de palmas 3'^ agua de cisterna? ... 

Mas, perdona ! , . .. i Por qué, cuando en mis brazos, 

confundiendo tu llanto con el mío, 

para ahuyentar mis penas y mi hastío, 

juraste hacer eternos estos lazos ; 

por qué, creyendo tu pasión sincera 

di mis muertas tristezas al olvido, 

igual que si una nueva Primavera 



52 



Prólogo * BOLIVAR 



hubiese en mis desiertos florecido? 

Exaliándose de nuevo. 

¡Maldita, sí, porque tu infamia quiso 
hacer más hondo mi dolor eterno ! . . . 
Por haberme mostrado el Paraíso, 
para hundirme después en el Infierno ! . . . 

FANNY 

Desesperadamente. 

\ 

¡No me maldigas, no! . . . ¡Si no te amara 
¿cómo hubiese mi hogar abandonado, 
y a él, para siempre y sin honor, tornara, 
a llorar este amor desventurado ? . . . 

BOLÍVAR 

Si es cierto ese cariño que blasonas 
¿por qué niegas al alma tus consuelos, 
y solo, en mi calvario, me abandonas? . . . 

FANNY 

Sin poder reprimir el dolor que. la devora, en un grito desesperado de ñau-' 
fragio, con las manos tendidas al cielo los ojos cubiertos de lágrimas. 

¡ Porque se rompe el corazón de celos ! . . . 

Pequeña pausa. Se estremecen en el silencio, como dos condenados. 

Entre nosotros una li^imba abierta 

se interpuso por siempre ... ¡Y aún percibo 

que hay en tus ojyos y en tus labios,, vivo, 



53 



BOLIVAR * Prólogo 



el perfume de besos de una muerta ! . . . 

Bolívar reíroceJe 3; se cubre el rostro con las manos. 

Ya te ha roto mi alma su secreto 
y sabes la razón de mi partida ! . . . 
i Luché contra el destino, y fui vencida, 
y de nuevo al destino me someto ! . . 

Bolívar permanece inmóvil, con la cabeza entre las manos, sin fuerzas para 
áeienerla. 

En tu recuerdo eternamente presa, 
yo rogaré al Señor por tu destino ! 

A un movimiento convulsivo de Bolívar. 

No intentes detenerme en mi camino . . . 
¡ Te lo pido, llorando, por Teresa ! . . . 

Le tiende la mano a Bolívar. Este se inclina y se la besa. Algunas lágrimas 
la humedecen. Ella, en la desesperación de su martirio irrevocable, se lleva 
la mano a la boca y se bebe las lágrimas. Después, lenta y rígida, como una 
reina que va al suplicio se dirige hacia el atrio, perdiéndose bajo los arcos 
con los postreros fulgores de la tarde. Bolívar, al verla desfallecer, corre: 
hacia ella con los brazos tendidos, pero fallo de fuerza se detiene ^ se des- 
ploma sollozando sobre la urna funeraria. Se le oj;e sollozar en el silencio 
crepuscular, \> la sombra lo envuelve sobre el sepulcro como una mortaja. 

ESCENA OCTAVA 

BOLÍVAR Y DON SIMON RODRIGUEZ 

Don Simón Rodríguez penetra por las ruinas de la derecha, }) al ver a Bo- 
lívar sollozando sobre la urna funeraria se inclina ^ lo levanta en sus bra- 
zos. Bolívar, al reconocer a su maestro se apoya y se refugia en su seno co- 
mo en su última esperanza. Su corazón, como un vaso colmado, se deshorda 
de amargura. 

54 

\ 



Prólogo * BOLIVAR 

DON SIMON RODRIGUEZ 
Dime, iqué te pasa? 
BOLIVAR 

; Animándose en su dolor. 

Por siempre ha finado ' 
de Helena y de Paris la dulce leyenda ... 
¡Parto solo a América! . . . Fanny se ha marchado, 
y de nuevo solo me encuentro en mi senda ! . . . 
¡Otra vez la mano que toca en la llaga, 
y la llaga sangra de nuevo, Maestro! . . . 
La esperanza huye, mi antorcha se apaga, 
y /sn la vida es todo lóbrego y siniestro ! . • • 
Su brillo imposible me brinda una estrella 
y algo en mis oídos en voz baja vierte: 
— ¡Ya sólo la muerte te unirá con ella! ... 
¡ Y siento un profundo amor por la muerte ! . . . 

DON SIMON RODRIGUEZ 

Eres rico y joven ... La vida te llama 
para darte todas sus fragantes flores ! . . . 
i Tu pasado olvida ! . . . Goza, triunfa y ama, 
que un amor se cura con nuevos amores ! . . . 

BOLIVAR 

Impetuosamente, como queriendo ahogar con la violencia de sus palabras, 
las amarguras de sus desconsuelos, 

¡Tú que sabes de eso! . . . Tú que sabes de eso, 

55 



BOLIVAR 



Prólogo 



para aconsejarme bálsamos de olvido, 

si nunca en un beso la vida has bebido, 

ni has dado tu vida por la miel de un beso ! . . . 

] Tú que sabes de eso, si fué tu existencia 

on pardo desierto sin aves ni flores ! . . . 

Apagó el estudio todos tus ardores, 

y secó tu estéril corazón la ciencia ! . . . 

DON SIMON RODRIGUEZ 

Con orgulloso cinismo. 

Mis pasos son libres, y de ello me alabo ! . . . 

Ningún sentimiento me impuso su yugo; 

y en vez de que fueras — ¡oh, amor!— mi verdugo, 

te puse cadenas, y te hice mi esclavo! ... 

La altivez austera de mi pensamiento 

a nada su eterna libertad inmola . . . 

Más que árbol inmóvil me agrada ser viento 

fugaz, y a ser roca prefiero ser ola ! . . . 

Es largo el camino, y el tiempo es escaso . . . 

La sed muchas veces me asalta en el yermo. . . 

Tengo sed, y bebo; tengo sueño, y duermo, 

sin que me preocupen ni el lecho ni el vaso ! . . . 

BOLIVAR 

Después de una pequeña pausa de reconcentración, sentado con Don Simón 
Rodríguez, sobre la urna sepulcral, 3; cambiando de tono, mientras el cre- 
púsculo avanza ^ da a todo una semipenurribra de confidencias. 

Tú sabes mi historia ! . . . Mi infancia enlutada 

56 



ogo 



BOLIVAR 



huérfana de todo sincero cariño ! . . . 

¡Cuántas veces, cuántas, por una mirada, 

en la casa ajena sollocé de niño! . . . 

¡Cuántas veces, cuántas, en la noche oscura, 

postrado en el lecho, de angustia gemía : 

— ¿ Por qué no quisiste llevar, madre mía, 

mi orfandad contigo a la sepultura ) . . . 

Tú el primer volumen a mis manos diste, 

y con tus consejos y con tus lecciones, 

hiciste mi vida más hosca y más triste, 

poblando mi mente de extrañas visiones ! . . . 

Con tantos relatos de heroicas hazañas 

en mí despertaste la férrea energía 

de mi estirpe vasca, osada y bravia 

como los picachos que ornan sus montañas ! . . 

— / 

Y eclipsar soñaba los hechos loados 

de tantos lobeznos y tantos azores, 
de Gonzalo Pérez, terror de prelados, 
y de mis abuelos los Conquistadores ! . . . 

Y en las viejas salas llenas de armaduras 
y antiguos retratos sorprendióme el día, 
como a don Quijote, 'forjando aventuras 

y leyendo libros de caballería. . . 
Para hacerla dueña de mis pensamientos, 
soñaba una dama romántica y bella, 
que, como la reina dejos viejos cuentos, 

/ 

57 



BOLÍVAR _ * Prólogo 



llevase en la frente prendida una estrella ! . . . 

Y la amé en mis sueños, con todo el cariño, 
con las locas ansias y con la vehemencia 

de mi solitaria orfandad de niño 

y de los ardores de mi adolescencia ! . . . 

En todas las damas que cruzar veía 

la busqué en mi patria sin hallarla nunca, 

y, cuando ya estaba mi esperanza trunca, 

en Madrid con ella tropecéme un día ! . . . 

Pequeña pausa. Como si viviese de nuevo su bello sueño desvanecido. La 
emoción profunda que lo subyuga, pone en su voz y en sus ojos una sua- 
vidad }) una ternura desconocidas. 

i Qué bien lo recuerdo ! . . . Los nobles salones 
del Marqués de Ustáriz. . . Damascos bermejos, 
consolas y arañas, tapices y espejos, 
viejas cornucopias y áureos artesones! . . . 

Y una adolescente de perfil suave, 
palidez de lirio y pupila bruna, 
cuyas blancas manos preludiaban una 
dulce serenata de Mozart, al clave! . . . 
En una mirada prendimos los ojos, 

y al ver en su frente fulgurar mi estrella, 
el alma, temblando, se postró de hinojos, 
y rezó, muy bajo, suspirando: — ¡Es ella! . . . 
¡ Oh, tiernos idilios ! . . . Frases temblorosas, 
horas de embriagueces, sonrisa y suspiro ; 
y aquel primer beso, que en el Buen Retiro 



) 



58 



Prólogo 



BOLIVAR 



hizo empurpurarse de pudor las rosas, 
mientras que temblando la mano en la mano, 
juntos apuramos en un mismo trino, 
todas las delicias del amor humano 
y todas las glorias del amor divino ! . . . 
La tierra y los cielos hechos carne humana, 
dejaron mi alma de infinito impresa! ... 
Ella fué mi novia, mi madre y mi hermana, 
y Dios se llamaba, para mí, Teresa! . . . 
Mi vida de estrellas colmó su vacío. . . 
¡ Oh, mi Venezuela, como nunca hermosa 
te miré en los negros ojos de mi esposa, 
desde la cubierta del viejo navio! ... 

Su Voz se rompe en lágrimas, su mirada se humedece p hay en sus manos 
un temblor de angustia. 

Hasta que envidiosa de tanta ventura 
la muerte en mis brazos la dejó dormida. . . 
i Y hoy, con su recuerdo, se pudre mi vida 
bajo el blanco mármol de su sepultura ! . . . 

Desfallece en un sollozo. Don Simón Rodríguez le sostiene paternalmente. 

DON SIMON RODRÍGUEZ 
Tus penas olvida ! . . . 
BOLIVAR 

Reanimándose después de una pausa de sollozos. A su desesperación sucede 
un desaliento infinito. 

Dejé Venezuela 
para ahogar la angustia de mi sufrimiento ; 



59 



BOLÍVAR 



Prolog 



y háce ya tres años que mi vida vuela, 
cual las hojas secas, a merced del viento! . . . 
¡ En vano las sendas del mundo he corrido, 
buscando un oasis de paz y de olvido ! . . . 
Pensé, muchas veces, en mi descontento, 
renunciar a todo, y entrar a lyj convento, 
para que mi vida cual lirio morado, 
•muriese a las plantas del Crucificado! . . . 
Mas la fé que salva y el fervor que cura, 
con ella se fueron a la sepultura ! . . . 
Bálsamo de olvido pedí a los placeres; 
me embriagué de juego, de vino y mujeres; 
y al abrir los ojos junto al lecho mío, 
bostezando siempre contemplé el hastío, 
mientras en las manos oculta la frente 
su amor sollozaba silenciosamente! . . . 
En vario a la ciencia pedí lenitivo, 
pues la ciencia hizo mi dolor más vivo; 
y en todos los libros dejaron su huella 
mis ojos, a solas, llorando por ella ! . . . 
¡Cuántas veces, cuántas, con mi pena a solas, 
mi mano a las sienes llevó sus pistolas; 
mas siempre su santa sombra bendecida 
se interpuso entre la muerte y mi vida ! . . . 
Y esa sombra, ahora, tras de mí camina; 
en horas de angustia sobre mí se inclina ; 



60 



logo • * BOLÍVAR 



aíisa mis bucles, me da sus consejos, j 

y se desvanece tras de los espejos! ... 

Y el viento que pasa, las aves, las flores, 

jas nubes, las olas, y los surtidores ; 

el aire que aspiro y el sol que me besa, 

todo al par suspira: — ¡Teresa! . . . ¡Teresa! ... 

Vuelve a desfallecer en un sollozo desesperado. 

DON SIMON RODRÍGUEZ 

Volviendo a estrecharle entre sus brazos, profundamente conmovido,. 

Si tu alma en llantos desahogarse quiere, 
aquí están los brazos de este viejo amigo, 
que si no comprende el mal que te hiere 
sabe, sin embargo, sollozar contigo ! . . . 

Cluedan un inslanie abrazados. 

ESCENA ULTIMA 

DICHOS Y ZINGARELLO 

La figura de Zingarello aparece en el fondo, recortándose como esculpida 
en sombra sobre el rubí llameante del crepúsculo. Se adelanta alegre saltan- 
do entre las ruinas, hasia cerca de la urna funeraria. Una campana lejana re- 
pica el ángelus y a este conjuro musical como bandadas de aves vivaces, des- 
piertan las voces broncíneas, cristalinas y argentinas, de todas las campanas 
de Roma, y ascienden en un himno sonoro ]; múltiple animando el encanto 
cóncavo i? místico del crepúsculo primaveral. 



61 



BOLIVAR * Prolog 

ZINGARELLO 

A Bolívar. 

Venid, señor. . . Perdonen. . , 

Se detiene trémulo ante el grupo que forman Bolívar y Don Simón Rodrí- 
guez. Los dos se vuelven. 

BOLIVAR 

Procurando serenarse. 

¿Qué pasa, Zingarello? . . . 
, ZINGARELLO 

Venid a ver a Roma cómo fulgura y arde 
en los maravillosos incendios de la tarde, 
mientras la voz del Angelus hace sonoro el cielo ! . . . 

5e sube al pedestal \f les señala con la mano extendida a la ciudad gloriosa 
que llamea a lo lejos, toda envuelta en las púrpuras flamígeras del crepúscu- 
lo. Bolívar }p Don Simón Rodríguez se Vuelven a la contemplación }) mien- 
tras Vuelan las campanas del ángelus parecen sumergir sus pobres ánimas 
moríales en la eternidad de la ciudad augusta, purificándolas en el fuego 
* del crepúsculo de toda escoria terrena. 

BOLIVAR 

Después de extinguirse la última vibración del angelas, con los brazos ten- 
didos hacia la ciudad lejana, como renaciendo a la vida después de una do- 
loroso convalecencia. 

\ Roma ! . . . Loba materna, Ciudad de maravillas, 
la primera de todas en la paz y en la guerra, 
cuyo nombre glorioso se pronuncia en la Tierra, 
con los ojos al cielo, temblando, y de rodillas! 
¡ Roma ! . . . ¡ Roca Tarpeya ; el Capitolio ; el Foro ; 

62 



I 



Prólogo * B O L I V A R 



y en una apoteosis de palmas y de flores, 

monarcas arrastrando las carrozas de oro 

y marfil de los cónsules y los Emperadores ! . . . 

Roma es luz y es tinieblas ! es fuerza y es dominio : 

heroicidad y crimen, esplendor y boato: 

es el puñal de oro que hiere a Viriato, 

y es el hacha de plata que decapita a Arminio! . . .; 

Es garra de diamantes y es arado fecundo; 

es festín y hecatombe, desinterés y medro : 

el águila de César y la cruz de San Pedro 

clavadas en el centro del corazón del mundo ! . . . 

La Eternidad — oh, Roma! — se ha nutrido en tu pecho; 

en tí todos los dioses erigieron altares ; 

^ los pueblos les diste la Fuerza y el Derecho; 

al arte los más dulces y sonoros cantares, 

las más bellas estátuas, las telas más' gloriosas ; 

a la virtud y al crimen los más altos ejemplos. . . . 

¡ No hay templos más hermosos ni firmes que tus templos, 

ni rosas que perfumen lo mismo que tus rosas ! . . . 

No hubo ciudad ni pueblo, montañas ni arenales, 

en donde con la espada tus leyes no impusieras, 

ni mar que no mirase "sangrar en sus cristales 

la victoriosa púrpura de tus áureas galeras ! . . . 

Infiltraste lu sangre de ceniza y de lava 

en las venas de fuego de los Conquistadores 

i No hay raza que no haya sido, Roma, tu esclava, 

63 

5 



BOLIVAR 



Prólogo 



ni pueblo que no haya llorado tus rigores ! . . . , 

Como en sacro museo, acogiste en tu alma 

todo el marmóreo Olimpo de los dioses paganos; 

y diste catacumbas, circos, martirio y palma, 

y luego altar y templos, al Dios de los cristianos ! . . . 

El pensamiento humano crujió bajo tu rueda: 

se desangró Rienzi, ardió Savonarola. . . 

¡Deshácense los siglos, como una inmensa ola; 

pasan los Dioses, pero tu gloria, eterna, queda ! * 

Ruedan razas y siglos, y, sentada en tu solio 

permaneces inmóvil; y aún los senos facundos 

de la loba de bronce, sobre tu Capitolio, 

como a Rómulo y Remo, amamanta dos mundos ! . . . 

Nadie arrasó tus muros, nada tu fuerza trunca ; 

pues sobre el sortilegio de tus siete colinas, 

de todas las catástrofes, más hermosa que nunca, 

igual que el Ave fénix, renaces de tus ruinas ! . . . 

Y el día en que tu gloria despéñese al profundo 

y se desgarre el velo de plata que te encierra, 

se habrá paralizado el corazón del Mundo, 

y habrá muerto, en las sombras, el alma de la Tierra ! . . . 

Queda un instante con los brazos tendidos hacia la ciudad que llamea a lo 
lejos, 

DON SIMON RODRIGUEZ 

Con los brazos tendidos también hacia Roma. Zingarello, recostado sobre 
la columna rota, los escucha religiosamente. 

Mas esa ciudad sacra que se derrumba al peso 

64 



Prólogo * BOLIVAR 



de su eterna grandeza y su eterno delito, 

aunque ha creado dioses de bronce y de granito 

formar nunca ha podido hombres de carne y hueso ! . . . 

¡Al Universo ha dado su luz y sus fulgores, 

pero también con ellos le infiltró su veneno ! . . . 

Nutrió razas de santos y de conquistadores, 

mas nunca un pueblo libre se amamantó en su seno! ... 

Con su espada y su genio impuso sus doctrinas, ^ 

su religión, su ciencia y su arte soberano; 

mas por cada Lucrecia tuvo cien Mesalinas, 

y doscientos Calígulas por cada Vespasiano ! . . . 

Hacer al barro humano más libre y más honrado, 

desgarrar de esos velos el enigma profundo, 

parece que el Destino le tiene reservado 

a la Naturaleza virgen del Nuevo Mundo ! . . . 

BOLIVAR 

Exaltándose, como un ebrio, las pupilas dilatadas y los labios trémulos, . ct)>- 
mo si un Dios invisible, el Dios custodio de Roma, acabase de poseer su» 
alma. 

{ 

¡Maestro, con tus palabras mi corazón inflamas! . . . 

Volviéndose de súbito, deslumhrado por el espectáculo flamígero del cre-^ 
púsculo. 

Mas, contempla a lo lejos . . . Ve Roma cómo arde 
envuelta en las gloriosas púrpuras de la tarde ! . . . 

Llueve fuego del cielo, y el Tiber es de llamas ! 

Soplan las brisas vivos reflejos carmesíes; 



65 



BOLIVAR 



Prólogo 



y, palacios y templos, escombros y jardines, 

desángranse en topacios, dilúyense en carmines, 

revientan en granates y estallan en rubíes ! . . . 

Y bajo la encendida refulgencia del cielo, 

lamida poq^un río de fuego, altiva y roja, ' ^ 

Roma es como un inmenso rosal que se deshoja 

tiñendo con su sangre la púrpura del suelo ! . . . ^ ^ 

Se transfunde en las aguas ; se extiende como un olio # 

la apoteosis roja por el agro romano; , 

y es ceniza en la cúpula triunfal del Vaticano * - 

y corona en el áureo mármol del Capitolio ! . . . 

El crepúsculo va tornándose cada vez más rojo, hasta apagarse en un hamo 
de somhrc^. 

ZINGARELLO 

Dirigiéndose a Bolívar jj señalando la ciudad, con un geslo místico. 

¡Esa es Roma, la Eterna! . , . ¡Arrójale tu anillo * 

para que con su eterna grandeza te desposes ! . . . 

Es la frag a que al mundo le da calor y brillo. . . 

¡Si echas hierro, da héroes! . . ¡Si echas oro, da dioses! . . 

¡Todo se hace en sus llamas lum.inoso y sonoro, 

por siglos de los siglos ! . . . 

BOLIVAR 

i 

Transfigurado por un frenesí divino. 

Si en esa fragua homérica 
yo arrojase mi alma, que es de hierro y de oro, 
¿qué surgirá, Máestro?. . . 



66 



Prólogo * BOLIVAR 
DON SIMON RODRIGUEZ 

Como un iluminado. 

¡ La libertad de América ! . . . 

BOLIVAR 

Oh, Madre de los héroes!... Oh, Roma! Antes que mueras 

abrasada en la llama de tus propias hogueras, 

deja prendidos dentro del corazón^, algunos 

chispazos inmortales de tus rojos luceros; 

y da a mi brazo el épico vigor de tus guerreros 

y a mi voz la elocuente virtud de tus tribunos! . . . 

Desenvaina su espada violentamente, y, tendiéndola hacia Roma, cae de To-^ 
dilles. 

¡Maestro, por los nobles huesos de mis mayores; ' ' 
de ese sol que se apaga, por los rojos fulgores; ^ 
por la visión heroica de esa ciudad sagrada; 
por todo cuanto puro nuestra vida acrisola; 
por la luz de mis ojos y la cruz de mi espada, 
juro que he de hacer libre la América Española ! . . . 

Caen todos de rodillas, envueltos en las primeras sombras, y permanecen 
inmóviles, como orando, mientras desciende lentamente el telón. 

FIN DEL PROLOGO 



67 



1 

I 



i 



A plaza de San jacinto, en la mu^ noble y leal ciudad de San- 
tiago de León de Caracas. Al fondo, recortándose enérgica' 
j mente en la serenidad azul \; plata del plenilunio de marzo, la 

fachada pétrea ]; sobria de la antigua iglesia conventual de San 

Jacinto, primera fundación de la Orden de Predicadores. Arquitectura del 
más aúÚero p puro estilo colonial. Tejados bermejos; muros amarillentos co- 
mo de un marfil milenario. Amplia puerta central de hojas macizas de cedro 
con artísticos herrajes. Sobre el arco de la puerta, un balcón con baran- 
daje de hierro, p el campanil, en forma de pirámide, rematado por unoi 
veleta. A ambos lados otra puerta más angosta; y sobre la puerta el hueco 
co de un balcón. A ¡a derecha, terminando la fachada, una torre cuadrada 
i; ancha, más baja que el campanil, con los huecos de tres ventanas de me- 
dio pecho. Una escalinata de dos peldaños de piedra condece al atrio, donde 
se eleva, frente a la puerta principal, un pilar cónico coronado por la esfe- 
ra de un reloj de sol. A la izquierda, en último término, formando ángulo^ 
con la fachada de la iglesia, el convento de los padres dominicos, con dos 
puertas cuadradas y sobre las puertas dos balcones del mismo estilo )j 
balaustraje de piedra. En ambas puertas el escudo de Santo Domingo de 
Cuzmán. En el primer término de este lado, la desembocadura de una calle _ 
con la que forma esquina el Convento. En el primer término de la derecha, 
la fachada de la casa solariega de los Bolívar de Caracas, de planta baja, 
puerta amplia, de grandes hojas de cedro, tackonada por gruesos clavos en 
forma de caracoles. Sobre el dintel, tacadas en mármol, las armas de los 
fundadores: escudo con yelmó^ plumado li lambrequines de hojarasca y fla- 
gres, en cuy^o centro campea una rueda de molino de plata en fondo de azur. 
Ventanas laterales de labradas celosías ]; artísticos herrajes. En la puerta un 




71 



BOLIVAR * Acto 



llamador de bronce ^ dos gruesas argollas del mismo metal. En el último 
término de este lado, la desembocadura de otra calle. En el centro de la 
'plaza, frente a la escalinata del alrio, una fuente monumental sombreada por i 
cedros centenarios. Cabezas de mofletudos angelitos de piedra soplan moho- \ 
sos caños de piedra. En el frontispicio campean esculpidas las armas reales i 
de la casa de Austria. Se siente aun, en todo, el herrumbroso temblor de las 
alas de una catástrofe pavorosa. La torre de la iglesia se inclina cuarteada. 
Las techumbres hundidas dejan como huellas de espanto, }) grietas enormes, 
mutilan, como cicatrices, la vejez leprosa de los muros. El balaustraje del 
atrio se desportilla de angustia. Escombros y ruinas por todas partes. Los 
cedros, convulsionados de terror, con las raíces al descubierto, amenazan 
desplomarse sobre la fuente, que por sus caños rotos parece llorar una tra- 
gedia apocalíptica. Hasta el suelo se estremece removido, en una agonía dan- 
tesca. Todos los castigos bíblicos se desencadenan sobre la ciudad voluptuo- 
sa y florida que se despereza muellemente, como una odalisca, sobre tapices 
de verde terciopelo, al arríparo azul y rosado del Avila glorioso. 

Al alzarse el telón grupos de hombres }) de mujeres, pálidos j; desarrapados, 
aparecen en la escena. Negros, pardos, mulatos, zambos y blancos, todas las 
castas sociales fraternizan en un mismo dolor }) en una misma miseria. Bajo 
los harapos polvorosos, el pánico estremece aún sus pobres carnes lacera- 
das. Orfandades lívidas, que con el rostro entre las manos, sollozan su so- j 
ledad, acurrucadas en los quicios de las puertas. Viudeces enlutadas que se \ 
desgreñan de desesperación, sobre los escombros de sus felicidades derrui- 
das. Ancianos que oran, inmóviles, como petrificados, en las puertas del 
templo. Niños abandonados, que rendidos de dolor, duermen su inocencia, 
con la cabeza reclinada en los brazos, bajo los grandes árboles de la plaza. 
El plenilunio de marzo lo amortaja todo en una blancura lívida i? azulosa | 
,de mármol sepulcral. \ 

I 
I 



■9 



72 



do I ^ BOLIVAR" 
ESCENA PRIMERA 

LA VIUDA. LA HUERFANA. EL ANCIANO. EL LAZARILLO, 
EL MULATO MACHADO, UN CIEGO, HOMBRE PRIMERO, 
MUJERES, HOMBRES Y NIÑOS 

LA VIUDA 

Con los brazos tendidos al cielo. 

\ Misericordia/Señor ... 
EL ANCIANO ' 

Con la voz rola en sollozos. 

¡Calma tu justo rigor! ... , 
EL CIEGO 

Apo\fando una mano en el hombro del Lazarillo y con la otra tendida hacia 
el cielo. 

\ Por el dolor de tu cruz, 
danos un rayo de luz 
en esta noche de horror! ... 

HOMBRE PRIMERO 

Conversando con el mulato Machado, en el primer término de la derecha. 

¡Ah, malhayan los herejes 
que con tantos sacrilegios, 

descargan sobre nosotros , 
las justas iras del cielo! . . . 



73 



BOLIVAR 



EL MULATO MACHADO 

K^irartdo recelosamente a iodos lados }) en voz baja 

\ Silencio, que si te escuchan, 
de la copa de esos cedros, 
para pasto de zamuros 
habrán de colgar tu cuerpo ! . . . 

HOMBRE PRIMERO 

Desesperad amenté. 

\ Para vivir como vivo, 

la muerte fuera un consuelo ! . . . . 

Poco a poco, en veinte años 

de privaciones y esfuerzos, 

logré lábrame una casa, 

bajo cuyo honrado techo, 

con mi mujer y mis hijos 

viví tranquilo y contento ! . . . 

¡Mis hijos mató la guerra; 

mi casa se vino al suelo ; 

y mi mw.ñi y mis padres \ 

en sus escombros murieron, 

I y hoy, sin casa y sin familia, 

solo en el mundo me encuentro ! . . . 

Ya no tengo más recurso 

que, pobre, achacoso y viejo, 

caminar de puerta en puerta 

mendigando por los pueblos ! . . . 



74 



« 

lí do I * BOLIVAR 



¡ Ay, malhayan los herejes 

que causa de este mal fueron ! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Ellos luchan por nosotros; 

y quieren hacer del pueblo 

un pueblo libre y sin amos ! . . . 

xHOMBRE PRIMERO 

i Para ser los am^ ellos! ... ^ 

Media ciudad, por sus culpas 

el terremoto ha deshecho; 

y la peste y la miseria # 

acabarán con el resto, 

que la cólera divina 

se descarga sobre /el pueblo 

que a las leyes de sus reyes 

les niega su acatamiento, 

porque el Rey es en la Tierra 

lo que Dios es en los Cielos! . . . 

EL CIEGO 

tLTí oración. 

Cristo murió en Jueves Santo, 
y en Jueves Santo también 
Caracas tenibló de es{^nto ! . . . 
EL ANCIANO 

En oración. 

Señor, tu furor conten ! . . . 

75 

9 



BOLIVAR * Acto 

LA VIUDA 

Ampara nuestro quebranto ! . . . 

EL CIEGO 
¡ Danos paz ... 

EL LAZARILLO 

Cimoteando. 

Amén !...** 

TODOS ' 

Amén ! . . . 

La campana de la iglesia comienza a doblar, todos se dirigen al atrio. 

ESCENA SEGUNDA 

DICHOS Y FRAY FELIX DE SOSA 

Las puertas del templo se abren }) aparece Fra\) Félix de Sosa. Es un fraile 
sanguíneo, ancho \> fuerte, que recuerda por su apostura aquellos prelados 
que vestidos de hierro, con la cruz en una mano j; en la otra la espada, ga- 
naron batallas T; asaltaron fortalezas en los días homéricos de la reconquis- 
ta de España. Al verle todos los grupos le rodean. El fraile les da a besar 
la mano \f los bendice con un gesto que quiere ser místico y resulla marcial.. 

VOCES 

¡ Padrecito! c . Padrecito ! . . . ' / 

FRAY FELIX DE SOSA 
Los hereges lo quisieron, 
y los cielos irritados, 
para que sirva de ejemplo, 

76 



k{ do I 



BOLIVAR 



sobre esta ciudad maldita, 
todas sus iras vertieron ! . . . 

EL ANCIANO 

¡ Dios castigue a los herejes 

por el mal que nos han hecho ! . . . 

FRAY FELIX DE SOSA 

Tan grandds fueron los crímenes, 

que ni aun con tal escarmiento, 

se han aplacado las cóleras 

de nuestro Dios justiciero! . . . 

Todo cuanto hemos sufrido, 

y aun mucho más sufriremos ! . . . 

EL CIEGO 

j Miranda ha sido el culpable! . . , 
¡ Su nombre maldiga el Cielo ! . . . 

LA VIUDA 

El aro de oro que lleva 

de sus orejas sujeto, 

será la argolla que pronto 

le sujetará al infierno! ... 

EL ANCIANO 
i Misericordia, Dios mío! . . . 
FRAY FELIX DE SOSA 
¡Hermanos, entrad al templo. 



77 



BOLIVAR * Ac 

« 

y encended los cirios, para 
servir de acompañamiento 
a la Virgen del Rosario 
que en procesión llevaremos, 
a ver si ante su presencia 
calman su iras los Cielos! ... 

Todos van penetrando en el templo. Fray Félix Sosa desciende por la es- 
calinta p se dirige al ciego que apoyado en el hombro del Lazarillo habrá ■ 
permanecido en el centro de la escena, cerca de la fuente, al lado del Mu- 
lato Machado. 

ESCENA TERCERA 

FRAY FELIX DE SOSA, EL MULATO MACHADO Y 
JACINTO EL CIEGO. 

JACINTO EL CIEGO 

Al Lazarillo. 

Anda también a la Iglesia, , 
que yo aquí tu vuelta espero! 

El Lazarillo se va y el ciego ce apoya en el mulato. 

FRAY FELIX DE SOSA 

Después de una rápida ojeada por la plaza y de convencerse de que es- 
tán solos. ' 

Jacinto, qué nuevas traes? 

JACINTO EL CIEGO * 

Padre, todo está dispuesto, 

y sólo una chispa falta 

para que estalle el incendio ! . . . 

J 

78 



Acto I 



BOLIVAR 



Al Rey la hacienda y la vida, 
como es natural, debemos; ' 
y mi existencia y mi hacienda 
son de Don Fernando Séptimo ! . . . 
Ya que no puedo servirle 
con las armas, por ser ciego, 



le sirvo con la influencia 
que entre las turbas ejerzo! . . . 

FRAY FELIX DE SOSA 

i Dios y nuestro Rey Fernando 

habrán de premiar tu celo. 



Dirigiéndose al Mulato Machado. 



EL MULATO MACHADO 



y no nos traiciona Quero! 



FRAY FELIX DE SOSA 

Dudas de él ? . . . 

EL MULATO MACHADO 



que es ser traidor de abolengo ! . . . 
Y el que traiciona a los suyos 
traicionar podrá a los nuestros ! . . . 




Y podremos esta noche 
dar el golpe ? . . . 



Así lo espero, 
si no fallan mis arbitrios 



És mantuano. 



79 



6 



BOLIVAR * Acto 

Mas, si el plan que yo he trazado 
no sufre ningún tropiezo, 
Don Domingo Monteverde ^ 
avanzar podrá sin riesgo, 
que cuando llegue a Caracas, 
en las torres de los templos 
la bandera de Castilla 
flotará libre a los vientos ! . . . 

FRAY FELIX DE SOSA 

Yo me marcho, antes que salga 

la Santa Imagen del templo. . . 

Mas, recibid, hijos míos, 

la bendición de los Cielos ! . . . 

Los bendice }) se dirige a la iglesia. La campana empieza a doblar de nuevo, 

ESCENA CUARTA 

EL MULATO MACHADO Y JACINTO EL CIEGO 

JACINTO EL CIEGO 

¿Qué plan fraguaste. Machado?. . . 

Conociéndote, me temo ^ 

que aún peor que la dolencia, \ 

será, si es tuyo, el remedio ! . . . : 

EL MULATO MACHADO 

Para acabar con traidores ' 
todos los planes son buenos ! . . . 

80 



Acto I * BOLIVAR 

JACINTO EL CIEGO 

Conocer quisiera el tuyo, 
que de fijo será espléndido, 
porque lo que tlí no inventes 
no» lo inventa ni el infierno ! . . . 

EL MULATO MACHADO 

A todos los que pudieran ^ 
oponerse a nuestro intento, 
los he denunciado como 
enemigos del Gobierno, 
y cargados de cadenas 
a esta horas están presos! ... 

JACINTO EL CIEGO 
¡Y qué conseguimos?. . . 

EL MULATO MACHADO 

Nada!. . . 
Quitar estorbos del medio, 
y que al saber la noticia \ 
se alborote más el pueblo ! . . . 

JACINTO EL CIEGO 

Horrorizado. 

c Y si a fusilarlos llegan? . . . 



81 



BOLIVAR 

EL MULATO MACHADO 

Será mayor el provecho, 

pues se exaltarán los ánimos; ; 

y así, Jacinto, tendremos 

unos adictos de más 

y unos enemigos menos ! 

JACINTO EL ctEGO 

¿Y si prueban su inocencia? . . . 

EL MULATO MACHADO 

¿Quién la prueba en estos tiempos, 
si oro precisa el Erario, 
y oro tienen todos ellos ? . . . 

JACINTO EL CIEGO 

Mas, si descubren la intriga? . . . 

EL MULATO MACHADO 

Sé que la vida me juego, 

y si la pierdo, al verdugo 

la entregaré sonriendo, 

que vida como la mía 

más que vida es un infierno ! . . . 

JACINTO EL CIEGO 

Esppnlado. 

Y la justicia divina? ... 



do I 



BOLIVAR 



EL MULATO MACHADO 

En la justicia no creo, 

porque si hubiese justicia 

en la tierra o en el Cielo, 

no luchasen como fieras, 

en el fondo de mi pecho, 

las altiveces del blanco 

con los rencores del negro! . . . 

JACINTO EL-CIEGO 

¡El color de nuestros rostros 
para Dios es lo de menos L . . 
j Hay tantas almas tan negras 
que tienen tan blanco el cuerpo ! . . . 

EL MULATO MACHADO 

¡ Lo contrario piensa el mundo, 
y yo con el mundo pienso ! . . . 
Tú ya conoces mi historia ! . . . 
Sabes que soy un liberto 
de Don Carlos de Machado, 
y que gracias a mi esfuerzo 
en la ciudad de Caracas 
logré conquistar un. puesto, 
si no el primero en alcurnia 
en riquezas el primero ! . . . 
Un amor, que desde niño 



83 



BOLIVAR 

oculté dentro del pecho, 

humedecido de lágrimas 

y alimentado de ensueños, 

para triunfar en la lucha 

me daba vigor y aliento, 

y siempre fui por su influjo 

generoso, noble y bueno ! . . . 

Con este amor infinito, 

queriendo ahogarle en silencio, 

luché más de siete años, 

hasta que ya no pudiendo 

contener dentro del alma 

tanta lava y tanto fuego, 

por los labios, una tarde, 

se desbordó mi secreto ! . . . 

Ella, por toda respuesta, 

dijo, mostrando un espejo: 

— ¡Mírate en él! — y de súbito, 

abandonando su asiento, 

tras un tapiz de la sala 

alejóse sonriendo! ... 

Y yo, toda la ponzoña , 

de su intención comprendiendo, 

de Dios maldije y del niundo, 

y hasta de los que me dieron 

la ignominia de una vida 



84 



1 

do I * BOLIVAR 

que solo inspira desprecio ! . . . 

Y a solas juré vengarme 
de la que al tocar el Cielo, 
rompió, de un golpe, mis alas, 
para hundirme en los infiernos ! . . . 

Y desde entonces, mi vida 
tan solo tiene un objeto: 
odiar al blanco, y odiarme 
a mí mismo, porque tengo 
sangre de blanco en mis venas ,y 
y quitármela no puedo ! . . . 

i Qué me importa a mí la patria ' 

ni el monarca a quien defiendo, ^ 

si patria, reyes ni Dioses 

pueden transformar mi cuerpo ! . . . 

A esta lucha fraticida 

me arrojo, porque deseo 

ahogar en mares de sangre 

los inonstruos que llevo dentro: 

mis altiveces de blanco 

,y mis rencores de engro! ... 

Empieza a salir la procesión. Un monago va delante agitando la campani- 
lla. Después, los fieles, en dos filas con los cirios encendidos ; el crucifijo, el 
estandarte de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, el de la co- 
fradía de Sania Bárbara, y, por último, resplandeciente sobre sus andas do- 
radas, la imagen de Nuestra Señora del Rosario, llevada en hombros de cua- 
tro dominicos. Los porta-incensarios, dos sacerdotes resvesiidos, bajo palio ^ 
la comunidad. La campana prosigue doblando. 

85 



BOLIVAR * Acto 

ESCENA QUINTA 

DICHOS, FRAY FELIX DE SOSA, LA VIUDA, LA HUERFANA, 
EL ANCIANO, HOMBRE PRIMERO, EL LAZARILLO, MU- 
JERES, HOMBRES Y NIÑOS, FRAILES Y MONAGOS 

EL LAZARILLO 

Corriendo hacia el ciego. < 

Amito, la procesión 
•ya está saliendo del templo! ... 

JACINTO EL CIEGO 

.^Al Mulato Machado. 

Vente conmigo. Machado, , 
y en el camino hablaremos. 

Conducido por el mulato ^) el Lazarillo ascienda por la escalinata p se in- 
corporan a la procesión. 

FRAY FELIX DE SOSA 

¡Santa Virgen del Rosario, 
por el llanto y el dolor 
con que subiste al Calvario 
en busca del Redentor ; 
ante tu hijo levanta 
la voz, en nuestro favor! 

LAS MUJERES 

¡Ampáranos, Virgen Santa! 



86 



Acto I * BOLIVAR 



LOS HOMBRES 
¡Misericordia, Señor! . . . 

FRAY FELIX DE SOSA 

i Por esos siete puñales ( 
que a tus senos virginales 
de dolor han traspasado 
al mirar, entre ladrones, 
a Jesús Crucificado : 
^ i Madre, no nos abandones, 
y ante tu hijo levanta 
la voz, en nuestro favor ! . . . 

La procesión se va alejando' por la calle del segundo iérmino de la dere-^ 
cha, y la voz del fraile, pausada i; grave, resuena a lo lejos, como una sal- 
modia, enire el rumor de los pasos i; el resonar metálico de la campanilla. 

LAS MUJERES 

A lo lejos. 

¡Ampáranos, Virgen Santa! . . . 
LOS HOMBRES 

—Desde más lejos. 

l Misericordia^ Señor !...'* 

Los ecos de los rezos se van apagando lentamente en la distancia. La cam~ 
pana vuelve a doblar, p la escena permanece un instante sola, hasta que se 
abre la puerta de la *casa de Bolívar y aparecen por ella Zingarello \? Gio- 
vanni Bianchi. 



I 



87 



BOLIVAR 
ESCENA SEXTA 

BIANCHI Y ZINGARELLO 

ZINGARELLO 

Con sus fúnebres tañidos 
que esparce y dilata el viento, 
los bronces de esas campanas 
parece que van diciendo: 
— Mortales, doblad la frente; 
y, unidos, rogad al cielo, 
por las penas de los vivos 
y las almas de los muertos! 

BIANCHI 

¡Terremoto como este, 
ojos mortales no vieron ! 

ZINGARELLO 

i Fué algo así, cual si de pronto, 

entre rayos y entre truenos, 

sobre la tierra convulsa 

se desplomasen los cielos ! . . . 

Las vértebras de granito 

de las montañas crugieron; 

fueron Ips abismos cumbres. 



88 



do I 



BOLIVAR 



y abismos las cumbres fueron ! . . . 
Media ciudad de Caracas, 
de pronto, se tragó el suelo, 
¡ y la otra media, entre escombros, 
llorando está por sus muertos ! 
Caminamos sobre tumbas 
y pisamos sobre huesos; 
y hasta parece que, cuando 
reina en la noche el silencio, 
bajo nuestras plantas trémulas 
suenan ayes y lamentos ! . . . 

BIANCHI 

Ayer atraqué en La Guaira, 
y al tomar tierra í*n el puerto, 
yo, que de nada me espanto, 
de espanto quedé suspenso! 
Pero, hablemos de otra cosa. . . 
cCómo te va, Zingarello? . . . 

ZINGARELLO 

Si no fuera porque vivo 
de nuestra Roma tan lejos, 
por estas tierras de América 
fuese mi gozo completo, 
porque un amo como el mío 
no existen dos bajo el cielo ! 



89 



\ 



BOLIVAR 



BIANCHI 

De él se refieren prodigios ! 
ZINGARELLO . 
Pues los prodigios son ciertos! 
Seguido de sus esclavos, 
sin descansar un momento, 
donde el peligro es más grande 
acude siempre el primero! 
Trepa muros, salva abismos ; 
y entre el pavoroso estruendo 
de un techo que se derrumba, 
surge siempre, polvoriento, 
con una vida en los brazos, 
su propia vida exponiendo ! . . . 
Socorros presta a los vivos, 
cuidados a los enfermos, 
y hasta con sus propias manos 
da sepultura a los muertos ! 

Y pródigo hasta el derroche 
transformó el solar paterno 
en un hospital de inválidos 

y en un hospicio de huérfanos! 

Y hoy, el nombre de Bolívar, 
entre las gentes del pueblo, 
todos los labios pronuncian 
con cariño y con respeto ! 



90 



/ * BOLIVAR 

BIANCHÍ 

Y de la guerra ¿qué cuentas?. . . 
ZINGARELLO 

De la guerra ? . . . Que con estos 

cataclismos, ha quedado 

si no extinguida, en suspenso! 

BIANCHI 

¡No son faustas las noticias ^ 

qiíe corren por esos puertos ! . . . 

Be afirma que Monteverde ' • 

al frente de un gran ejército, 

para atacar a Caracas 

avanza a sangre y a fuego! 

Les falta a los patriotas 

unión para contenerlo 

pues los mantuanos miran 

a Miranda con recelo; 

de ellos récela Miranda; 

de todos recela el pueblo, 

que tras dos años de lucha, 

ensangrentado y hambriento 

atribuye el terremoto 

a un castigo de los cielos ! . ; . 

Y tanto se está enredando 
esta madeja, que temo 



91 



BOLIVAR 



que de Miranda y los suyos 
las cabezas, como ejemplo 
de la justicia del Rey, 
dentro de poco veremos 
en las puertas de Caracas, 
en una jaula de hierro! 
Nada ya puede salvaros, 
y por tu señor lo siento! 
Yo de él, dejaba estas tierras. . . 
Y por si quisiera hacerlo, ^ 
vengo a ofrecerle mi barco, 
que con las velas al viento, 
sólo espera su llegada 
para abandonar el puerto! 

ZINGARELLO 

Todos huirán, mas Bolívar 
no abandonará su puesto, 
pues juró romper los grillos 
que esclavizan estos pueblos 
¡y aun a costa de su vida 
cumplirá su juramento! 

BIANCHI 

Yo, fiado en sus promesas, 
vine a estas tierras, creyendo 
hacer en ellas fortuna ; 



92 



do 



I * BOLIVAR 



y ahora por desgracia veo 

que son cortas las ganancias 

y en cambio grandes los riesgos ! . . . 

A mí se me da un ardite 

la libertad de estos pueblos, 

y lo que busco es el oro, 

y pues el oro no encuentro, 

largo velas y a los mares 

a piratear me vuelvo ! . . . 

Por la calle del primer término de la izquierda aparecen don Simón Bolívar 
^ don Francisco de Iturbe, seguidos de algunos esclavos conduciendo heridos 
sobre parihuelas. Bolívar viste de coronel de patriota. Colón blanco, bota 
fina de cuero negro, dolmán rojo con brandemburgos de oro ^ sombrero plu- 
mado con plumas amarillas, azules ^ rojas. Don Francisco de Iturbe es en- 
juto, moreno ^ alto. Toda su figura revela la sobria hidalguía de un viejo 
caballero español, de aquellos que inmortalizaron en sus lienzos los pinto- 
res representativos de la raza: Sánchez Coello, P antoja de la Cruz y Ve- 
lázquez. Zingarello se Vfielve hacia el grupo. 

ZINGARELLO 

Aquí mi señor se acerca! 

BIANCHI 

i Gracias a Dios que le veo! 



95 



BOLIVAR 



Acto 



ESCENA SEPTIMA 

DICHOS, DON SIMON BOLIVAR, DON FRANCISCO DE 
ÍTURBE, UNA NIÑITA DORMIDA, ESCLAVOS 
Y HERIDdS 



MoUvar conduce en sus brazos una niña dormida, cuya cabecita se inclina 
sobre su hombro, medio oculla entre los pliegues de la capa. Los esclavos 
avanzan lentamente conducierido dos parihuelas con heridos. Algunos llevan 
picos p azadones, \) otros portan antorchas encendidas. Bianchi y Zingare- 
llo se aproximan a Bolívar. 

BOLIVAR 

Reparando en BianchL 

Bianchi ¿cuándo habéis llegado?. . . 
BIANCHI 

Saludando. 

Con la última luz del día ! / 
BOLIVAR 

Vuestra ausencia me tenía 
seriamente preocupado! 
Os voy a necesitar, 
y hablaros largo quisiera ... \ 

BIANCHI 

Mi barco en La Guaira espera 
vuestra orden para zarpar ! 



94 



do I 



BOLÍVAR 



BOLIVAR 

Aguardadme en mi morada. 
BIAÑCHI 

Reparando en la niña. 

¿Y esa niña? . .,. 
BOLIVAR 

Con la voz profundamente conmovida. 

Abandonada 
cerca de su madre muerta, 
en el quicio de una puerta 
me la encontré acurrucada ... 
Sobre el blanco seno helado 
llorando con voz dolida ; 
en mis brazos la he tomado, 
y de llorar se ha quedado 
profundamente dormida! 

Reparando en Zingarello. 

i Bien hallado, Zingarello ! 

A tu cuidado y tu celo ^ . 

les confío este tesoro ... 

Cuidadosamente le entrega la niñila, después de contemplarla un momento a 
la luz de la luna. 

i Es su tez de meve, y de oro * 
la maraña de su pelo! 

95 

7 



BOLIVAR 
¡ Sola en el mundo está ahora ! 

A Zingardlo. ' ■ 

A tus cuidados la fío . . . 
Su risa clara y sonora * 
pondrá un reflejo de aurora 
en mi hogar mudo y sombrío ! . . . 

Se inclina p besa a la niña. 

BÍANCHI 

Un rasgo tan generoso 
* es digno de admiración ! 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Abrazando a Bolívar. 

¡ No hay corazón tan brioso, 
tan noble y tan generoso 
como vuestro corazón! 

A una indicación de Bolívar, Bianchi Zingarello, con la niña en los bra' 
zos, j; los- esclavos' conduciendo las parihuelas con los herido^, penetran ere 
la casa. 

■ -I 

ESCENA OCTAVA 

DON SIMON BOLIVAR Y DON FRANCISCO DE ITURBE j 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

A vuestro corazón mi amor apela . . . 
Cese esta torva lucha que ha dejado 

% 



* 




/ * BOLIVAR 



para siempre sangriento y desgarrado 
el viril corazón de Venezuela ! . . . 
Calle el clarín su bélico sonido ; ^ 
vuelva a empuñar la laboriosa mano 
el arado otra vez ; torne el hermano 
a abrazar al hemxAno, y que el olvido 
restañe el seno de la patria herida . . . 
Corra la paz sobre el pasado un velo . . . 
¡ No irritemos las cóleras del cielo * 
prosiguiendo esta lucha fratricida ! . . . 

BOLIVAR 

Interrumpiéndole. 

Castigo y premios para mí son vanos ! 
La visión del cadalso no me aterra, 
pues no admito cadenas ni tiranos 
ni sobre el cielo ni sobre la tierra ! . . . 
Desde que yo nací, con osadía 
América se yergue ante el castigo 
clamando libertad, porque conmigo 
vino al mundo también la rebeldía! 
Mi propio nombre es un presagio aciago 
contra el poder de todo despotismo . . . 
Al echarme Icis aguas del bautismo 
quisieron darme el nombre de Santiago, 
en homenaje al Patrón de España ... 
Pero mi padre, de repente dijo, 

97 



BOLIVAR 



atento a una inspiración extraña : 
— jSólo Simón se llamara mi hijo! . . . 
Alguien pidió razón de tal deseo ; . 
y él repuso con voz clara y serena : 
— I Porque, como Simón el Macabeo, 
romperá de su patria la cadena ! . . . — 
Y así formarme al Hacedor le plugo, 
indómito al poder y al miedo ajeno, 
como un potro rebélde a todo freno 
y un novillo salvaje a todo yugo! . .*. 
Era yo niño aun, cuando vencido 
de Gual y España el ideal caía 
igual que un cóndor a traición herido; 
y los sicarios de la tiranía, 
en sus fieras e inicuas represiones, 
buscando apoyo en testiitionios falsos, 
de víctimas poblaron las prisiooes 
y de Gaiigie tiñeron los cadalsos! 
Con la insistencia de los pordioseros, 
de puerta en puerta, la ciudad anduve 
mendigando favor, ^hasta que obtuve 
permiso para ver los prisioneros, 
que a la luz temblorosa y amarilla 
que la agonía de los cirios vierte, 
esperaban, rezando, en la capilla 
la libertad suprema de la muerte ! . . . 



98 



cto 1 * BOLIVAR 

Aun recuerdo las trágicas escenas ! . . . 
En la penumbra de los calabozos 
pobres seres que ahogando^ sus sollozos 
al moverse arrastraban sus cadenas! 
Nobles varones de cabellos canos 
y jóvenes de pálidas mejillas, 
que abrazados, llorando, a mis rodillas, 
me bañaron de lágrimas las manos ! . . . 
Sangró mi corazón sus agonías, 
como si por ignotas^concordanzas 
todas sus amarguras fuesen mías. . . 
i y fuesen tambiéif mías sus venganzas ! . . . 
— ¡Valor — les dije — y olvidad pesares! . . 
La sangre de los mártires, fecunda ! . . . 
Qué os importa morir, si en vuestra tumba 
la patria, libre al fin, alzará altares ! . . . 
De nuevo el llanto se agolpó a los ojos, 
y en un hondo clamor que al cielo vuela 
rezaron a la par, puestos de hinojos: 
— ¡Viva la libertad de Venezuela! . . . — 
También recuerdo en México, que un día 
el Virrey, con los nobles de su corte, 
acaloradamente discutía 
la libertad de América del Norte. 
Todos le condenaban rudamente . . . 
En nombre del Derecho, un Licenciado, 



99 



BOLIVAR 



y hasta en nombre de Dios Omnipotente 
un sanguíneo y orondo prebendado, 
mientras lacayos de oro y de escarlata, 
con reverencias y genuflexiones, 
servían,, en bandejas de oro y plata, 
el chocolate de las colaciones. . . 
— ¿Y qué opina el doncel venezolano? 
dijo, locuaz, mirándome el Virrey 
a través de sus lentes de carey, 
mientras que su enjoyada y blanca mano 
tomaba pol^o derrapé de una * 
tabaquera de esmalte y filigrana. . . 

Y ante aquella pregunta inoportuna 
en medio de la chusma cortesana, , 
repuse, levantandp la cabeza, 
con un noble ademán y un gesto bravo : 
— ¡La muerte es preferible a ia vileza 
de arrastrar las cadenas del esclavo ! . . . — 

Y añadí, pei:ulaníe y orgulloso: 

— i Dichoso el héroe que al deber s^ inmola 
Oh, quién me diera ser el valeroso 
Washington de la América Espaola ! . . . — 
Se hizo el silencio en todos . . . Asombrad 
se santigua un oidor, y la cabeza 
con las manos cubrióse Un prebendado ; 
y el Virrey, con un dejo de tristeza 



100 



BOLIVAR 



murmuró: — Ya tocamos los escollos 
de ese ejemplo, en la lucha que se entabla, 
pues por la Voz de este doncel nos habla 
e! corazón de todos los criollos ! . . . — 
De nuevo me ofreció su tabaquera, 
y prosiguió, bajando las pestañas: 
— Ya te habrán de curar de esa quimera 
en la Corte Real de las Españas ! . . . — 
La Corte de Madrid ! . . . Favoritismo ; 
tupida red de intrigas y traiciones ; 
bajo flores se ocultan los abismos, 
y la miseria bajo ostentanciones ! ... * 
¡Oh, madre España. . . Bajo el tiempo ru 
tu gloria excelsa amortiguó sus brillos ; 
y sólo restan, de tu heroico escudo 
las piedras de tus épicos castillos 
y la piel de tus bélicos leones! . . . 
Tus monarcas están degenerados! ... 
Carlos Primero iba a cazar naciones 
y Carlos Cuarto va a cazar venados ! . . . 
Manos hambrientas, labios sitibundos, 
del fanatismo y la ignorancia opresos . . . 
¡Las joyas que Isabel trocaba en mundos, 
María Luisa las transforma en besos ! . . . 
Y a presencia de tanta decadencia, 
de tanto esfuerzo derrochado en vano, 



BOLIVAR 



el soñado ideal de independencia 
arraigó más profundo y más lozano ! . . . 
Recuerdo otro episodio. . . Cierto día 
conmigo estaba, en Aranjuez, jugando, 
el Príncipe de Asturias, Don Fernando, 
en un frontón que en el palacio había, 
cuando^en el juego, inopinadamente, 
de un pelotazo rápido y certero, 
le derribé la pompa del sombrero, 
joyel de plumas de su regia frente . . . 
El Príncipe, irritado, se alborota, 
y a proseguir se niega la partida; 
y, mientras, rebotando la pelota 
contra el muro quedóse contenida, 
yo, pensando en el Nuevo Continente 
que una garra despótica aprisiona, 
juré que arrancaría de su frente 
el más rico joyel de su corona! . . . 

Y luégo en Roma, sobre el Aventino, 
tendido el brazo y el cabello al viento, 
ante Roma, ante Dios y ante el Destino, 
renové, para siempre, el juramento ! . . . 

Y desde entonces con el arma en vela, 
el ojo atento y con el brazo activo, 
lejos de otra ilusión, tan sólo vivo 
para la libertad de Venezuela ! . . . 



102 



Acto I 



BOLIVAR 



¡Con esta fé no he de rendirme a nada, 
y aunque en la lucha desangrado muera, 
yo vengaré ía sangre derramada, 
y le daré a mi patria una bandera ! . . . 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Mas, renegar de España, que os dio vida 
con su sangre inmortal ! . . . 

BOLIVAR 

Mas ¿quién reniega 
de la madre infeliz y desvalida, 
cuando se encuentra aprisionada y ciega?. . . 
¿Cómo negar a quien nos dió sus fueros 
y enseñó a nuestras nobles rebeldías 
a luchar cual sus fieras germanías 
y morir cual sus bravos comuneros ? . . . 
Por ser sus hijos, porque al cielo plugo 
que encendiese su sangre nuestras venas, 
no admitimos tiranos ni verdugo, 
ni queremos prisiones ni cadenas ! . . . 
Y al desgarrar los lazos opresores, 
volaremos a España y le diremos: 
— ¡Sé libre tó también, que no queremos 
que entre, cadenas prisionera llores! . . . — 
¡ Leona, dá al viento tu melena brava, 
y un himno heroico en tu rugido vibre. 



BOLIVAR 



A 



que tus hijos de América ya libre, 
te dan la libertad que te faltaba ! . . . 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Profundamente conmovido estrechándole las manos. 

iQué noble corazón! . . . Aunque enemigo 

vuestro, en esta contienda fratricida, 

en cualquier circunstancia de la vida 

para todo podéis contar conmigo, 

porque en su fondo vuestro pecho encierra, 

para que en él se acendre y aquilate, 

el corazón más español que late 

con latido inmortal sobre la tierra ! . . . 

ESCENA NOVENA 

DICHOS y" DON FERNANDO DE TORO 

Don Fernando de Toro entra por la calle del primer ' término de la izquier- 
da. Viste gallardamente su uniforme de brigadier patriota. Arrogancia aris- 
tocrática, juventud elegante. En sus maneras ha^ distinción, en su voz since- 
ridad }) en sus ojos resplandece el valor p la hidalguía. Camina apocado en 
sus muletas de inválido. 

FERNANDO DE TORO 

Dirigiéndose a Bolívar, a don Francisco de Iturhe y saludándolos cordial- 
mente. 

1 Simón. ^. Señor Don Francicsó!. . . 

. / 

104 



, 1 

/ 

Acto I * BOLIVAR 
* BOLIVAR 

Abrazándole. 

\ Fernando ! 

FERNANDO DE TORO > 

En tu busca vengo. 

BOLIVAR ' ^ 

Mas, ¿qué ocurre?. . . 

FERNANDO DE TORO ' 

El caso es grave . . . 
Tengo que entregarte un pliego 
que del Cuartel General j 
trajo hace poco un correo ... 
Tómalo . . . Mas, te suplico 
que tengas calma al leerlo. 

Le da un pliego. 

BOLIVAR - ^ 

Lerendo. • 

"Por la presente se ordena 
que sin perder un momento, 
para defender la plaza, 
marchéis a Puerto Cabello. 
Cuartel General, Miranda". 

Profundamente indignado estrujando el pliego. 

Qué sarcasmo, viva el cielo ! . . . 

105 



BOLIVAR 



Inutilizar mis bríos, - 
poner trabas a mi esfuerzo, 
encerrándome en los muros 
de una ciudad, como un preso, 
cucindo mi ardor necesita 
tierra libre y campo abierto, 
espacios donde tender 
sus recias alas al viento ! . . . 
¡ Ni mis propios enemigos 
ultraje tal me infirieron ! 

FERNANDO DE TORO 

Poner freno a tanto ultraje 

los mantuanos debemos! 

Gracias a los sacrificios 

que nosotros hemos hecho, 

empuñando nuestras armas 

y agotando nuestros créditos, 

la revolución ha roto 

las cadenas de estos pueblos; 

y gracias a los señores,, 

hoy son ya libres los siervos ! . . . 

Y en pago de lo que dimos, 

¿qué recompensa nos dieron?. . . 

Ni velarnos con la plebe 

y con los aventureros 

106 



do I * BOLIVAR 

que están por desdicha nuestra, 
al frente de los ejércitos, 
sin pensar, que aunque demócratas 
llevamos en todo tiempo 
la democracia en los labios, 
la aristocracia en el pecho, 
que no en balde somos hijos 
de aquellos nobles guerreros 
que a los monarcas Católicos 
un Nuevo Mundo ofrecieron ! . . . 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Vosotros sois los culpables; 
y vos, Simón, el primero ! . , . 
Contra la opinión de todos 
vuestros nobles compañeros, 
a Don Francisco Miranda 
vos trajisteis dél destierro, 
y Dictador le nombrásteis ! . . . 
' ^ Tornad al Rey, que aun es tiempo; 
y como aquellos gloriosos 
paladines de otros tiempos, 
puesta una rodilla en tierra 
decid a Fernando Séptimo: 
— Un Nuevo Mundo perdisteis, 
y Nuevo Mundo os devuelto ! . . . 



107 



BOLIVAR ^ Acto 

Y si regio es el presente 
el pago será más regio ! . . . 

BOLIVAR 

Después de un momento de vacilación, irguiendo orgullosamente la cabeza^ 

No me tentéis, Don Francisco, 

porque es inútil intento, 

que a recompensas ajenas * 

ultrajes propios prefiero! ... 

Relajar la disciplina 

es relajar al ejército. . . 

La disciplina lo manda 

y a su fallo me someto, 

que entre el deber y el orgullo 

el deber siempre es primero ! . . . " 

Antes que despunte el día 

marcharé a Puerto Cabello, 

que^si hoy acqrtan mis alas 

ya vendrán mejores tiempos 

en que apaguen las estrellas ^ 
con la altivez de su vuelo! . - 

/ 

FERNANDO DE TORO 

Abrazando a Bolívar. 

¡Oh, Bolívar; tú eres digno • 
de vivir en otros tiempos, 
que un alma como la tuya 

108 



icio I 



BOLIVAR 



tiene un temple tan soberbio 
que ni se dobla ni rompe, 
lo mismo que los aceros 
que en sus fraguas inmortales 
forjó la imperial Toledo! ... 

BGIVAR 

Despidiéndose. 

Al Cuartel voy a dar órdenes ... 

FERNANDO DE TORO 
Pues en tu casa te espero. 

Bolívar sale por la calle del primer término de la izquierda. * 
I 

ESCENA DECIMA 

DON FRANCISCO DE ITURBE Y DON FERNANDÓ DE TORO 

DON FRANCISCO DE ITURBE = 
¡Gran corazón! 

Por Bolívar. * 

FERNANDO DE TORO 

Yo, la vida, 
a ese corazón le debo ! . . . 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Con intención. 

Pues, vigilad bien la suya, 

109 , 



BOLIVAR 

que en los tiempos que corremos 
ser traidor es el oficio 
más lucrativo. Y yo temo 
no venganzas de los míos, 
sino envidias de los vuestros ; 
y aunque enemigo en política 
como a un hermano le quiero ! . . . 

FERNANDO DE TORO 

Pues viviré prevenido . . . 

1 Y a mí mismo me prometo 

que puñal que busque el suyo 

antes se hundirá en mi pecho, 

que el ser desagradecido 

no es propio de un caballero ! . . . 

ESCENA ONCE 

DICHOS Y MULATO MACHADO 
FERNANDO DE TORO 

Al Mulato Machado. 

¿Qué pasa? ... 

EL MULATO MACHADO 

¡Que por Caracas 
andan sueltos los infiernos! 



110 



Acto I 



BOLIVAR 



Prendieron a unos realistas 
esta mañana, y, temiendo 
que al conocer la noticia 
pueda alborotarse el pueblo, 
a fusilarlos los llevan ! . . . 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Desesperadamenie. ' 

¡Don Fernando, por el cielo, 
para no aumentar sus iras, 
salvad a los prisioneros ! . . . 

Por la calle de la derecha se precipita Doña Josefina Machado, desmelena- 
da \) trágica, con le manto negro flotando sobre su espalda como una ala de 
sombra. Es fina, esbelta \) ágU. Ojos p cabellos negros. Blancura pálida de 
criolla. Penetra en la plaza, como ciega, tropezando con los escombros \? los 
troncos de los árboles, \? al divisar a los que dialogan se dirige a ellos, con 
los ojos cubiertos de lágrimas ^ las manos tendidas en una imploración des- 
esperada. 



ESCENA DOCE 

DICHOS Y DOÑA JOSEFINA DE MACHADO 
DOÑA JOSEFINA MACHADO 

A Don Francisco, casi próxima a desfallecer. El mulato Machado se estre- 
mece al contemplarla. Don Fernando de Toro se le aproxima para ampa- 
rarla. 

¡Bolívar! . . . Pronto, Bolívar, 



111 



BOLIVAR * Acto 

¿dónde está? . . . Mi padre h^n preso, 

y a fusilarlo lo llevan ! . . . 

— ¡Ve a Bolívar! — me dijeron. . . 

— ¡Si Bolívar no lo salva 

tan sólo Dios podrá hacerlo ! . . . - 

i Decidme donde se encuentra, 

porque si pierdo un momento 

en encontrarle, quizás 

será inútil el encuentro ! . . v 
DON FRANCISCO DE ITURBE 

Salió Bolívar, ínas pronto 
lo tendermos de regreso ! . . ^ 

FERNANDO DE TORO 

Estad tranquila, señora ! . . . 
- Vuestro padre salvaremos ! . . . 

DOÑA JOSEFINA MACHADO 

l No hay que perder un instante ! . . . / 

Reparando de súbito en el Mulato Machado y acogiéndose a él. 

# ¡De nuestra infancia en recuerdo, 
para salvar a mi padre, 
búscame a Bolívar presto ! . . . 

Mi padre te hizo hombre libre. . . ^ 
¡ Paga tus deudas, liberto ! . 
¡ La libertad y la vida 



112 



'1' 



de 1 * BOLIVAR 

son cosas del mismo precio ! . . . 

[ Corre a salvar a mi padre ! . . . 

¡ Su salvación sólo espera 

de la piedad de Bolívar 

o de un milagro del cielo ! . . . 

Desfallece sollozante sostenida por Fernando de Toro y Don Francisco de. 
liurbe. 

EL MULATO MACHADO 

Aparte, contemplando con un gozo infernal. 

Si le fusilan, es mía ! . . . 
¡Venganza, llegó el momento 
en que cobres a su orgullo 
todas sus deudas con réditos ! . . . 

Resuena más cerca el redoble de los tambores. Bolívar desemboca por la ca- 
lle de la izquierda )) se dirige al grupo. 

ESCENA TRECE 

DICHOS Y SIMON BOLIVAR 
DON FRANCISCO DE ÍTURBE 

Contemplando a Bolívar. 

¡No os preocupéis de Bolívar 
que a aquí lo conduce el cielo ! . . . 

Josefina corre hacia Bolívar ^ se abraza, sollozando, a' sus rodillas. 

113 



BOLIVAR 

DOÑA JOSEFINA MACHADO 

¡ Señor, salvad a mi padre ! . . . 

i Solo vos podéis hacerlo ! . . . 

i Os lo pido de rodillas, 

llantos de sangre vertiendo, 

por la salud de los vivos, 

y el alma de vuestros muertos ! . . . 

BOLIVAR 

Absorto en la contemplación de su dolor y de su belleza. 

i Alzad del suelo, señora, 
pues no es justo esté en el suelo 
belleza a la que de hinojos 
adorar todos debemos! . . . 

DOÑA JOSEFINA MACHADO 

Por una denuncia falsa 

esta tarce le prendieron, 

y a fusilarle esta noche 

le llevan, con otros presos! 

Es inocente. . . ¡Os lo juro! . . . 

BOLIVAR 

¡Galantemente extendiéndole la mano para que se levante. 

Mi señora, reponeos, 
porque, inocente o culpable, 
darle libertad prometo ! 

' 114 



do I * BOLIVAR 
DOÑA JOSEFINA MACHADO 

Cubriendo de lágrimas las manos de Bolívar. 

¡Gracias, señor!. . . > • 

BOLIVAR 

Por serviros — 
en tan justos sentimientos, 
y mirar libres de lágrimas 
esos lindos ojos negros, 
capaz fuera de arrancarle 
a estocadas, del infierno ! . . . 

Resuena un redoble de tambores por la calle de la derecha, ^ aparecen por 
ella los presos custodiados por un piquete de soldados. Los presos, con las 
vestiduras desgarradas j; los rostros pálidos vienen unidos en cuerda. Delante 
de los soldados, con su uniforme de Coronel, el Gobernador Don Juan Ne^ 
pomuceno Quero. Es un mozo arrogante de ojos azules i; patillas rubias. 

ESCENA CATORCE 

DICHOS, DON JUAN NEPOMUGENO QUERO. DON CARLOS 
DE MACHADO, PRESOS Y UN PIQUETE DE SOLDADOS 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Mas, escuchad los tambores 1 . . . 
Hacia aquí vienen los presos ! . . . 



115 



BOLIVAR * Acto 



DOÑA JOSEFINA MACHADO 

Queriendo correr hacia su padre. 

i Padre mío ! . . . Padre mío ! . . . 
FERNANDO DE TORO 

Conleniéndola. 

¡Mi señora, conteneos! . . . 

Bolívar se adelanta hacia el piquete de soldados, seguido de\ Femando de 
Toro, mientras Don Francisco de I turbe procura detener a Doña Josefina 
Machado. 

BOLÍVAR 

Deteniendo a los solidados. 

\ Muchachos, alto un instante ! 

Los soldados se detienen. Momento de ansiedad. 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Saludando militarmente. 

I Bolívar! . . . 

.BOLIVAR 

Coronel Quero, 
en nombre de la República * 
mandad que suelten los presos ! 

Un estremecimiento de esperanza recorre a los cinco prisioneros. 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Con asombro. 

c Qué decís ? . . . 



16 



Acto I * * 



BOLIVAR 



BOLIVAR 

Es una súplica, 
y que la atendáis espero! . . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 
i Los condena una denuncia ! . . . 

BOLIVAR 

t Y a una denuncia dáis crédito ? . . , 
Si los fusiláis ahora, 

y se comprobase luego ' ^ 

que la denuncia era í ilsa, 

decidme, coronel Qutro, 

ante Dios y ante los hombres, 

cómo enmendábais el yerro ? . . . ^ 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Dudando. 

Hay pruebás. . . 
BOLIVAR 

Habiendo pruebas 
más insisto en mi deseo, i 
que el libertarlos culpables i 
es acción de mayor mérito ! . . . 

Todos siguen atentamente el diálogo, sin atreverse a pronunciai' palabra. 

Dadlos suelta. Coronel, 



117' 



BOLIVAR 



* ^ Acto 



y no perdamos el tiempo ! . . . 
Con mi hacienda y con mi vida 
respondo por todos ellos ! . . . 

FERNANDO DE TORO 

Adelantándose. 

¡Yo también, como rehenes, 

mi hacienda y mi vida ofrezco ! . . . 

Momento de suprema expectación. Todas las miradas se clavan en el ros-- 
tro de Don Juan Nepomuceno Quero. 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Después de un momento de vacilación. 

Nada negaros podría 

ante tal ofrecimiento ! . . . , 

Atenderé vuestras súplicas ! 

'Volviéndose a los soldados. 

! 

i Soltad a los prisioneros ! . . . 

Un grito de júbilo se eleva de todos los corazones. Los soldados rompen la 
cuerda, \) Josefina corre a arrojarse en los brazos de su pa^re. 

UN PRESO 

Abrazándose a Bolívar. 

¡Gracias, señor! ... 
OTRO PRESO 

Abrazándose también, con los ojos llenos de lágrimas. 

¡Con mi vida 
os pagaré la que os debo ! . . . 



118 



4cto I * BOLIVAR 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 
i Soldados, vamos en marcha ! 

A los soldados. 

BOLIVAR • 

Despidiéndose con Fernando de Toro, de Quero. 

i Mil gracias, Coronel Quero 1 . . . 

Los presos salen por la izquierda. Los soldados desfilan por el mismo lado^ 

DON CARLOS MACHADO 

A Bolívar. 

i Qué he de deciros, Bolívar, 
sino que obligado quedo ! . . . 

DOÑA JOSEFINA MACHADO 

Una acción como la vuestra 
será eterna en mis recuerdos ! . . . 

Bolívar Fernando Toro le besan gentilmente la mano, \j abrazada a su\ 
padre sale también por la izquierda. Se o^e a lo lejos la campanilla de la 
procesión que regresa al templo. La campana de la iglesia comienza a doblar 
de nuevo. Bolívar se despide de Don Francisco ¡turbe, y seguido de Fer- 
nando de Toro se dirige a su casa. 



119 



BOLIVAR * A 

S 

ESCENA QUINCE 

DON FRANCISCO DE ITURBE Y EL MULATO MACHADO 
EL MULATO MACHADO 

Que ha permanecido perplejo entre quedarse o acompañar a sus antiguos 
señores. 

Esas generosidades ~^ 
castigan también los cielos! 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Sorprendido. ^ 

Mas ¿qué decís? ... 

EL MULATO MACHADO 

\ 

Torvamente. 

Que esta noche ' .-^ 

andan sueltos los infiernos ! . . . 
Vos, no temed, don Francisco, 
porque vos sois de los nuestros ! . . . 
Si ayer cumplióse en Caracas 
la justicia de los cielos, 
esta noche la justicia 
de los hombres da comienzo I . . . 

La procesión desfila por la plaza. Penetran en el templo las imágenes y los 
estandartes, los sacerdoies 3; los monagos. La multitud se arremolina en tor- 
no a Fray Félix de Sosa, que, encaramado sobre un montón de escomhrost 

120 



Ido I * BOLIVAR 

casi en el centro de la plaza se dispone a dirigirles la palabra. El Muíalo 
Machado se une a la multitud. Don Francisco de Iturbe se dirige a la casa 
de Bolívar. Un momento solemne de silencio en el cual sólo se o^e el jadear 
fatigado de la muchedumbre apiñada en torno a Fra\) Félix. 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Prevengamos a Bolívar, ^ 
que el caso puede ser serio ! . . . 

Entra en la casa. 



ESCENA DIECISEIS 

FRAY FELIX DE SOSA, EL MULATO MACHADO, JACLNTO 
EL CIEGO, LA .VIUDA, LA HUERFANA, EL LAZARILLO. \ 
UN ANCIANO, HOMBRE PRIMERO. HOMBRES, MU- 
JERES Y NIÑOS 

FRAY FELIX DE SOSA 

Con la voz íonante y el ademán frenético del fanatismo. La multitud le es- 
cucha aterrada. 

¡Señor, Señor, perdona nuestros torpes pecados] ... 
¡Aparta de Caracas tus ojos irritados! ... ' 

Ten de nosotros compasión ! . . . 
¡Castiga a los herejes que hollaron tu Ley santa! . . . 
¡ Sobre su altiva frente tu cólera levanta ! . . . ^ 

¡Confúndalos tU admonición! . . . 
¡ Por su culpa traidores hemos sido a la Ley ! . . . 



121 



BOLIVAR * Acto 

jHíollamos nuestra patria, renegamos del Rey 

y de tu santa religión! . . . 
Nos ladran las miserias y üos gruñe la muerte, 
y la Naturaleza sobre nosotros vierte 

su destructora maldición ! . . . 
i Para calmar las iras de Dios Omnipotente, 
mesad vuestros cabellos, encenizad la frente, 

rasgad las ropas de dolor ; 
y puestos de rodillas, gritad todos llorando: J 

— ¡Perdónanos, Fernando! ... 

Misericordia, mi Señor!. . . 

LA MULTITUD 

Postrada de rodillas, en un alarido de arrepenlimienlo, 

i Perdónanos, Fernando ! . . . 
¡Misericordia, mi Señor!. . . 

FRAY FELIX DE SOSA 

Es patente el milagro ! . . . Las ciudades alzadas, 

en sus propios escombros quedaron sepultadas ! . . . » 

¡ Ninguna de ellas se salvó ! . . . 
Tan solo en pié quedaron las ciudades leales, 
porque contra las bárbaras potencias infernales 

Dios con su manto las cubrió ! . . . 
Cuando protesta el Cielo contra tanta insolencia, 
sólo, vosotros, hombres, sufriréis con paciencia 

un vilipendio tan feroz ? . . . 



122 



/ 



BOLIVAR 



c Dejaréis que devore la cizaña los granos 

de las celestes mieses, cuando pueden las manos ^ 

segar los campos con la hoz? 
¡ Que en tigres y en leones se truequen los corderos ; 
que incendien los espacios relámpagos de aceros 

para abatir al desleal, 
si no queréis que ruede desquiciado el planeta 
mientras retumba el trueno que lanza la trompeta 

del Angel del Juicio final ! . . . 
Dios está con nosotros ! . . . En nombre de la Ley 
empuñemos las armas para vengar al Rey 

y a nuestra santa Religión ; 
que hasta las mismas cóleras de la Naturaleza 
indignadas del crimen, se aprestan con fiereza 
^ a castigar la rebelión ! . . . 

Mientras la multitud se estremece como una poseída, fanatizada por las pa- 
labras del fraile, Simón Bolívar, que desde la puerta de su casa ha oído los 
últimos períodos irrumpe violentamente en el centro de la plaza, entre el 
asombro la consternación de todos. Zingarello le sigue, ^ Fernnado de 
Toro ^ Don Francisco de Iturbe sin poder contenerle, permanecen, pron- 
tos a su defensa, en los umbrales de la casa. 



123 



BOLIVAR 



» 



ESC^INA ULTIMA 

DICHOS, SIMON BOLIVAR, FERNANDO. DE TORO, DON 
FRANCISCO DE ITURBE Y ZINGARELLO , 

BOLIVAR _ 

Dirigiéndose al fraile, con la espada desnuda. 

¡Calía, fraile insolente, mal cristiano, 

o te arranco la lengua con mi mano ! 

Manchando estás la religión cristiana ! . . . 

Cristo no vino a redimir verdugos, 

sino arromper cadenas y a hollar yugos 

para erigir la libertad humana! . . . 

Si la Naturaleza, en su fiereza, f 

al depotismo secular se alia, 

lucharemos con la Naturaleza, 

y triunfaremos de la tiranía ! . . . 

Arroja al fraile al suelo ]) dispersa con su espada a la multiud aterrada, 
mientras desciende lentamente el telón. ^ 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



, 124 



I 



ACTO SEGUNDO 



w i 



NTERIOR de la casa solariega de los Bolívar, en Caracas. 
Por el hueco de un gran arco se divisa un palio, con una 
fuente monumnetal de tres caños empotrada en el muro 
de la derecha. Las armas de los Bolívar campean escul- 
pidas en piedra, en el frontispicio de la fuente. Entre la fuente ji el 
arco, una puerta de escape. Al fondo de este patio, otro arco más pe- 
queño, que da otro patio donde al resplandor de la luna sangran las flo- 
res rojas de los granados. A la izquierda, desde el arco .central, una ga- 
lería de tres arcos, que termina en una amplia puerta de madera labrada. 
En la galería grandes escaños 4^ caoba, de alto respaldo blasonado. So- 
bre el muro, antiguos retratos de damas ^ caballeros, en marcos de tallas 
doradas ; damas y caballeros en cu})os trajes y atavíos resplandecen todas 
las pompas, las sedas y los terciopelos, las joyas y los brocados de los 
siglos XVII y XVIII. En el primer término de la izquierda, otra gran\ 
puerta de madera labrada, como la del fondo de la galería. Encima dé 
la puerta, dentro de su marco de talla dorada empalidecida por los años, 
el retrato del fundador, el muy noble y. valeroso señor don Simón de Bo- 
lívar Ochoa de la . Rementeria, procurador de su Católica Majestad Don 
Felipe Segundp. Su rostro tiene la energía, la espiritualidad y la llama 
interior que enciende los alargados y pálidos semblantes de los hidalgos 
de Pantoja. Se destaca sobre un fondo gris, armado de todas armas, con 
la mano izquierda apoyada en el pomo de la espada, y la diestra sobre 
una mesa cubierta por rica estofa de seda verde aceituna, donde descan- 
sa el yelmo de batalla. En uno de los ángulos del retrato aparece el anti- 
guo escudo de los Bolívar, de un solo cuartel donde campea una rueda 
de molino de plata en fondo de azur. A la derecha, en primer término, 

127 




9 



BOLIVAR 



Acto II 



antes del comienzo del arco, una gran mesa, de un solo tablero, de caoba, 
cu^os piés en forma de columnas salomónicas, están unidos entre sí por 
travesanos de hierro trabajado también en espirales. Entre la mesa ^ la 
pared, un sillón frailuno de cuero de Córdoba, con grandes clavos dora- 
dos, en cuyo alto respaldo aparece también de talla dorada, el escudo de La 
casa. 

Pavimento de mosaico, en el interior, y de losages de piedra blanca en el 
patio. Muros encalados. Viguería maciza de cedro. Una franja de azulejos 
rojos y azules, como de vara p media, cubre los muros. Dos grandes faroles 
de cristales verdes y amarillos alumbran la galería, pendientes del techo por 
largas cadenas. Otro farol, de la misma forma p colores, cuelga del arco 
central, cerca de la mesa. 



* ESCENA PRIMERA 

ZINGARELLO, LOS ESCLAVOS HIPOLITA, MATEA, 
GONZALO, PIÓ, JOSE Y OTROS ESCLAVOS 



Cada uno porta un presente. Ramos de flores, tarros de miel, jarros de leche 
}f cestos con queso frutas. Zingarello los recoge }) se los va entregando a 
Pío que los coloca en el primer escaño de la galería. 



JOSE 

Entregando a Zingarello su presente. 

Traigo a mi amito, como presente, 
la miel más dulce de sus colmenas ! . . . 
En vez de flores, libaron oro 
en sus panales, nuestras abejas! . . . 



128 



/ 



ido II * BOLIVAR 
GONZALO 

Idem, Ídem. 

Yo, el mejor queso de sus rebaños 
hecho con leches de cabras nuevas ! . . . 
Los más fragantes granos que cuajan 
los cafetales de sus haciendas ! . . . 

MATEA 

Idem, Ídem. - 

Yo, estas palomas que hicieran nido 
entre las ramas de aquella ceiba, 
donde solía colgar su hamaca 
para, a sus anchas, dormir la siesta ! . . . 

ZINGARELLO 

A Hipólita. ^ 

Y tú, iqué portas para tu rmito?. . . 
HIPOLITA 

Le traigo flores para sus muertas ! . . . 

Resuena el toque de ánimas. Todos se descubren y se poslfan de rodillas. 

GONZALO 

Suenan las ánimas. . . Recemos todos. 
Si el mayordomo nos dá su venia ! . . . 

A una señal de aseniimienio de Zingarello todos se postran \f rezan. 

129^ 



BOLIVAR * Acto 



HIPOLITA 

¡Cristo divino. Padre Clemente, 

por tu doliente cruxificción ; 

por las espinas que ornan tu frente, 

y hacen que sangre tu corazón; 

por los dolores tan aflictivos 

de tus costados por siempre abiertos, 

salud y dicha para los vivos 

y gloria eterna para los muertos ! . . . 

Bolívar aparece en el umbral de la puerta de escape de la derecha, J> se 
queda un instante contemplando el cuadro. 

ESCENA SEGUNDA 

DICHOS Y SIMON BOLIVAR 

.Al aparecer Bolívar todos se levantan y se postran de nuevo. 

BOLIVAR 

Haciéndolos levantar. ^ 

c A qué vinisteis ? . . . 
GONZALO 

i A visitarte ! . . . 
Ve las ofrendas en los escaños ... 

130 



Acto II 



BOLIVAR 



Venimos como todos los años 
nuestras primicias a regalarte ! . . . 

BOLIVAR 

Por las primicias que me brindáis, 
decidme, en pago, iqué desáis? 

GONZALO 

Inclinándose de nuevo. 

Amito, mi hijo Simón quisiera 
que le donaseis por compañera 
a Margarita, la molinera 
que es una rosa de Primavera ! . . . 

BOLIVAR 

El, en los juegos de nuestra infancia, 
cuando yo era Roldán de Francia, 
fué el escudero que en mis empresas, 
lanza y escudo me sostenía ; 
el que conmigo monstruos vencía ; 
desencantaba rubias princesas; 
libraba pueblos de extraños yugos, 
y de los cedros de los jardines 
colgaba el cuerpo de los verdugos, 
de los traidores y los malsines ! . . . 
Alza del suelo, mi buen Gonzalo ! . . . 
¡Será cumplida su voluntad. 



131 



BOLIVAR 



y de sus bodas, como regalo, 

a ambos les brindo la libertad! . • • 

Lo levanta con afectuosidad. 

cYa no recuerdas, cuando eras niño, 
con qué ternura, con qué cariño, 
en tus rodillas me cabalgabas, 
j, en las veladas, me relatabas, 
mientras gemían roncos los vientos, 
viejas leyendas de encantamientos?. . . 
La de la mora qué un viejo enano 
trocara en fuente; la del Tirano 
Lope de Aguirre, cuya alma en pena 
de fuegos fatuos la noche llena, 
entre los pinos y entre las cañas 
que ornan las cumbres de las montañas! . 
En recompensa de aquellos cuentos, 
y de tus raros merecimientos, 
y del cariño con que me quieres, 
desde ahora libre también tú eres! . . . 

GONZALO 

Amo, mis padres, y los abuelos 
de mis abuelos, todos los míos, 
poblaron siempre tus señoríos, 
y no tuviera, bajo los cielos, 
otros señores que tus mayores !i. . . 
Su sangre hizo rojas las flores 



132 



Acto II * BOLIVAR 

que prenden llamas en tus rosales, 
y fecundaron con sus sudores 
y con sus huesos tus cafetales! ... 
Visten, desde hace doscientos años, 
con los vellones de tus rebaños ; 
y de los cedros de tus montañas 
cortan las vigas de sus cabañas, 
forman la cuna para sus hijos, 
los ataúdes para sus muertos, 
^ y hasta fabrican los crucifijos 

que con sus grandes brazos abiertos 
guardan la tumba de sus amores ! 
Tu hierro ostentan, y forma una 
parte integrante de la fortuna 
que has heredado de tus mayores ! . . . 
i Somos tan tuyos, cómo las crías, 
que van mugiendo tras los ganados,' 
que son orgullo de tu potrero ! . . . 
i LlevarnSs puedes, cual mercancías, 
a subastarifos a los mercados, 
q a degollarnos al matadero ! . . . 
Si ahora me arrojas de tu heredad, 
cpara qué quiero la libertad? . . . 

BOLÍVAR 

Impresionado por el acenlo doloroso del esclavo. 

¡Cómo arrojarte de los parajes 



133 



BOLÍVAR 



Acto I 



donde la gente de tus linajes, 

con sus constancias y con sus bríos, 

trocó las selvas y las montañas 

en lujuriantes campos de cañas, 

que ya son tuyos aún más que míos ! . . . 

j Mi buen Gonzalo, vete, y descuida 

que donde mismo se abrió tu vida 

a la celeste luz de los cielos, 

cuando tu pobre cuerpo sucumba, 

podrán tus hijos cavar tu tumba 

junto a las tumbas de tus abuelos ! . . . 

GONZALO 

Bañándole en lágrimas las manos con la voz recortada en sollozos. 

l Bendiga el cielo, señor, tus días, 
y haga perpetuas tus alegrías 
y te conceda lo que mereces ! . . . 
Prole fecunda. . . ¡Y que mis hijos 
vivan y mueran a tus cobijos, \ 
y tus bondades paguen con creces ! . . . 

HIPOLITA 

Adelantándose a todos, con los brazos. 

También yo quiero felicitarte 

y un pobre obsequio vengo a traerte ! . . . 

Se abraza al cuello de Bolívar. 



134 



BOLIVAR 



¡Mis labios tienen sed de besarte 
y mis pupilas ansias de verte í . . . 

Lo mira y besa, embobada de ternura. 

BOLIVAR 

Acariciándola. 

Pues, mira y besa, j Tienes derecho ! . . . 
HIPOLITA 

i Cómo pensaste que hoy no viniera, 
quien te dió el pecho por vez primera, 
y el alma entera te dió en su pecho ! . . . 
Es cumpleaños . . . Te traigo flores 
para la tumba de tus amores ! . . . 
Mis propias manos las han cortado 
de un rosal blanco por tí plantado, 
cuando mi nombre balbuceabas 
y ni tres palmos del suelo alzabas L . . 
(i No lo recuerdas?. . . El que engalana 
de nieve el marco de tu ventana, 
el que constantemente se enflora 
con rosas dignas por sus blancuras 
de ornar bordadas las vestiduras 
que lleva puestas Nuestra Señora í . . . 
Tú eras entonces muy buen cristiano, 
e ibas en todas las procesiones, 
llevando un cirio blanco en la mano ; 



135 



BOLIVAR 



por Navidades tu altar ponías, 
y en las penumbras de los salones, 
entre mis brazos te adormecías, 
l)albuceando tus oraciones ! . . . 

Con severidad afectada. 

Ahora, me dicen que andas mezclado 

con los hereges que han derribado 

a Jesucristo de los altares ; 

con los que quieren quitar al Rey * 

para, a sus anchas, vivir sin ley, 

y hacer que corra la sangre a mares ! . . 

Eso se dice por San Mateo ... 

Pero, mi niño, yo no lo creo. 

Con orgulloso ternura. 

porque conozco tu corazón, 

y sé que es puro como estas flores, 

y guarda dentro la religión 

que fué legado de tus mayores ! . . . 

BOLIVAR 

. Sonriendo con dulzura y acariciando a la nodriza. 

Por mí no pases ningún cuidado, 
porque este cuerpo que tanto amas, 
para las llamas no lo has criado, 
y por mis culpas no irá a las llamas! . 
Mas, por si acaso; por si el Demonio, 
i. 

136 



o II * BOLIVAR 

mi pobre alma tentar quisiera, 
en los altares de San Antonio 
enciende cuatro velas de cera ! . . . 

Volviéndose a los otros. 

¡Pobres esclavos, del suelo alzad, 
que cual recuerdo, desde este día 
concedo a todos la libertad, 
porque no es justo, noble ni humano, 
que el que combate la tiranía 
esclavos tenga como un tirano ! . . . 

El júbilo llena los ojos de lágrimas de agradecimiento. 

MATEA 

Besándole las manos a Bolívar. 

\ Gracias, amito ! . . . 
JOSE 

Idem. Idem. 

^ Con tus virtudes 

nos ligan nuevas esclavitudes! . . . 

! 

GONZALO 

Libres nos hacen, pero entretanto 
será más firme la sumisión, 
pues no hay cadenas que amarren tanto 
cual las cadenas del corazón ! . . . 

Todos $e inclinan \; van saliendo por la puerta del fondo de la galería. 

137 



BOLIVAR * Ac 

MATEA 

Volviéndose a Bolívar. 

¡Que Dios derrame sobre tus huellas 
más alegrías y más consuelos 
que arenas tiene la mar, y estrellas 
de noche muestran los altos cielos ! . . . 

HIPOLITA 

Abrazando de nuevo a Bolívar. 

i Y que a tus pasos sirva de guía 
como una madre, Santa María ! . . . 

Desaparecen entre alabanzas j; bendiciones por la puerta 
galería. 

ESCENA TERCERA 

SIMON BOLIVAR, ZINGARELLO Y PIO 
ZINGARELLO 

Con emoción. 

¡ Señor, qué gesto tan noble y bello ! . . . 
BOLIVAR 

Es lo que resta de mis haciendas 
que, confiscadas por los tiranos, 
me dejan pobre sobre la tierra! . . . 

138 



del fondo de la 



BOLIVAR 



Mas, prediquemos con el ejemplo, 
y así eficaces serán las prédicas ! . . . 
cDe un pueblo esclavo romper queremos 
la servidumbre de sus cadenas? . . . 
Antes hagamos a todos libres, 
para que libre la patria sea ! . . . 

ZINGARELLO 

iQué haréis, ahora, señor, que haréis, 
inerme y pobre, solo y sin fuerzas, 
cuando las tropas de Monteverde 
ya son las dueñas de Venezuela? . . . 

BOLÍVAR 

i Volved de nuevo con más denuedos 

y con más bríos a la pelea, 

porque las almas como la mía 

en los reveses su temple prueban ! . . . 

Todo se opone contra mis sueños 

y se conjura contra mi estrella; 

mas, por el alma de mis mayores; 

por los que alzaron las firmes piedras 

de esta morada, y hace dos siglos 

que cual señores moran en ella, 

¡ juro no darle paz a mi vida 

hasta que al cabo triunfe en mi empresa ! . 



139 



f 



BOLIVAR * 
Si en mi sendero de honor cejara. 

Señalando a los retratos. 

de esos retratos se desprendieran 

todos mis muertos, para pedirme 

conmigo a solas, estrechas cuentas, 

de la nobleza que me legaron / 

y de la sangre que arde en mis venas ! . . . 

Resuenan aldabonazos lejanos por la derecha. 

PIO 

Están llamando ... , 
BOLIVAR 

A Zingarello. 

Ve tú quién llama ... 

Zingarello sale por la puerta de escape. 

Dame mis armas, por que pudieran 
A Pío. 

tramar alguna nueva acechanza, 
y no es prudente vivir sin ellas ! . . . 

Pío sale por la puerta del fondo de la galería, vuelve con un par de pistolas 
Jj una espada que Bolívar ciñe al cinto. 

ZINGARELLO 

Entrando por la puerta de escape. 

Son unos cuantos amigos vuestros 
que urgentemente veros desean. . . 

140 



// 



BOLIVAR 



BOLIVAR 

A Pío. 
Abre. 

Sale Pío por la puerta de escape. 

ZÍNGARELLO 

En voz baja a Bolívar. 

La dama vendrá . . . Ya es hora . . . 
BOLIVAR 

Pues en la calle su paso acecha, 
y cuando llegue, con gran recato 
por la otra puerta falsa la entras! . . . 

Sale Zíngarello por la puerta del fondo de la galería, mientras Bolívar se 
dirige a la puerta de escape de la derecha a recibir a los que entran. 

ESCENA CUARTA 

SIMON BOLIVAR, FERNANDO DE TORO, MARIANO 
MONTILLA, JOSE FELIX RIBAS, JUAN NEPOMU- 
CENO QUERO Y PIO 

Todos tienen un aire señoril ^ noble que reclama más que la elegancia de 
sus trajes ^ de sus sombreros a la moda inglesa, la virilidad gloriosa de los 
gregüescos, los justillos ^ los chambergos plumados de antaño. Son jóvenes 
impetuosos alegres. Bolívar corre a su encuentro p los va saludando afeC' 
iuosamente. 

141 

\ 



BOLIVAR * Act^ 

BOLIVAR 

¡Salud, nobles amigos! ... i A qué debo 

que honréis en esta noche mi morada ? . . . ; 

FERNANDO DE TORO 

De cólera a decirlo no me atrevo! ... 
La capitulación ya fué burlada 

por Monteverde ! . . . i 

MARIANO MONTILLA 

Al són de los tambores 
por la solemne voz del pregonero 
anuncia al mundo que esgrimió el acero 
dispuesto a degollar a los traidores! . . . 
Y resuena su voz tan hosca y dura 
que escuchando el pregón — ¡caraspe! — empieza 
a erizárseme el bello de pavura, 
pues parece que miro mi cabeza, 
que en torrentes de sangre se desguaza 
y al viento en muecas de dolor se mueve, 
despertando la risa de la plebe, 
clavada en una pica, en una plaza ! . . . 

JOSE FELIX RIBAS 

Las capitulaciones están rotas, 
y, víctimas de inicuas represiones. 



142 



BOLIVAR 



otra vez teñirán los patriotas 

con su sangre cadalsos y prisiones ! . . . 

JÜAN NEPOMUCENO QUERO 

Sin armas ni recursos nos hallamos, 
iqué nos resta qué hacer? ... 

MARIANO MONTILLA 

Sin perder su aire burlón. 

Humildemente 
regresar ai redil de nuestros amor ! . . . 
Vestirnos un sayal de penitente ; 
y, descalzos, con un dogal al cuello, 
atravesar 'las calles sollozando, 
de los cirios al trágico destello: 
— ¡Perdona nuestro crimen. Rey Fernando! 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Resistir es inútil ! . . . Con denuedo 

se apresta Monteverde a destruirnos ! . . . 

Solo queda un recurso. . . 

JOSE FELIX RIBAS 

¿Cuál?. . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

¡ Rendirnos ! . . . 

143 

10 



B O-L I V A R 



BOLIVAR 

Violencia. 

i Solo se rinden la traición y el miedo ! 
En el palo mayor de mi navio 
izé a los cuatro vientos mi bandera, 
y os puedo asegurar que no la arrío, 
y seguirá flotando hasta que muera ! . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Transijamos ahora, y esperemos 
ocasión más propicia y de más suerte! . 
Transigir es vencer. . . 

FERNANDO DE TORO 

No, que aun tenemos 
un remedio mejor: el de la Muerte! . . . 
Si nuestra casa hasta los techos arde, 
¿para qué discutir mientras se quema? . 
¡Apagarla o morir es el problema, 
y el que la deje arder es un cobarde! . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Esperemos a ver qué se decide 

en España, si el trono es de Fernando 

o de Napoleón! . . . 

BOLIVAR 

¡Pero, hasta cuándo 



144 



// 



BOLIVAR 



la estéril discusión que nos divide ! . . . 
i Qué importa que la España venda ahora 
sus esclavos al Corso, o que los quiera 
retener en sus garras opresora, 
al amparo otra vez de su bandera, 
si nosotros estamos decididos 
a morir o ser libres! . . . ¿Qué esperamos? 
¿Qué vamos a esperar, cuando tenemos 
ya de tanto esperar los piés tullidos?. . . 
Tres siglos de opresión, ¿pasan en vano?. 
Vacilar es morir, y yo prefiero 
morir luchando como un caballero 
a vivir sin honor como un villano ! . . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

Perdió el pueblo la fé . . . No seguiría 
nuestro ideal. . . Ama los viejos lazos! 

MARIANO MONTILLA 

El pueblo es un rebaño que se guía 
al compás del rabel o a latigazos ! . . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

La situación examinad conmigo ! . . . 
Capitulamos. . . 

BOLIVAR 

No capitulamos ! . . . 



145 



BOLIVAR 



Capituló Miranda, y en castigo 

en La Guaira, al huir, lo aprisionamos! . . . 

Si ahora, por desengaño? o temores, 

las capitulaciones aceptamos, 

en prender a í\^iranda mal hicimos ! . . . 

} Y, o somos con la patria unos traidores, 

unos villanos con Miranda fuimos ! . . . 

JOSE FELIX RIBAS 

¡Sepultad el pasado en el olvido 

y obren las manos lo que el labio calla ! . . . 

A las doce en el sitio convenido 

nos reuniremos, y si no nos falla 

la ocasión o el recelo no nos pierde, 

el cuartel y el palacio asaltaremos. . . 

|Y en vez de qüe nos prenda Monteverde, 

en su casa, nosotros le prendemos! . . . 

JUAN NEPOMUCENO QUERO 

¡La cabeza se arriesga en la partida! ... 

1 Es ardua la ocasión y somos pocos ! . . . 
¡Emprenderla es locura! . . . 

MARIANO MONTILLA 

Hay que ser locos 
para ser algo grande en esta vida ! . . . 

Volviéndose jovialmenie a Bolívar. 



146 



4do II 



BOLIVAR 



I^das, — icaraspe! — Simón, ¿has olvidado 
la tradición galante de esta casa, 
cuando ni una botella has descorchado 
en honor de tus huéspedes? . . . ¡ Me abrasa 
Ja garganta^ la sed ! . . . 

BOLIVAR 

i Tú siempre el mismo ! . . . 
i Zumbando, a flor de labios, la ironía, 
y en el fondo del alma el heroísmo 
que risueño a la muerte desafía ! . . . 

A una indicación de Bolívar, Pío, que habrá permanecido en un escaño del 
fondo de la galería, penetra en la primera puerta de la izquierda, y sale 
al instante con una botella de Champaña. 

MARIANO MONTILLA > 

Mientras Bolívar descorcha la botella ]) escancia el vino en las copas. 

¡ Por fin que tus deberes has cumplidp ! . . . 
BOLIVAR 

Solemnemente, levantando su copa espumeante de champaña. 

Al dar las doce, ál sitio convenido 

todos dirigiremos nuestro paso 

para forzar la suerte .... ¡Y, por si acaso 

en nuestjros ojos fulgurar no vemos 

la ardiente claridad de la mañana, 

147 



BOLIVAR 



Acto t 



levantamos las copas, y brindemos 
por la gloriosa libertad humana ! 



Todos chocan las copas i» brindan. Después se despiden de Bolívar p des- 
filan por la puerta de escape de la derecha precedidos de Pío. Al ir a salir 
Fernando de Toro, que se habrá quedado el último, Bolívar lo detiene por 
el brazo v torna con él al centro de la escena. j 



ESCENA QUINTA 

SIMON BOLIVAR Y 'FERNANDO DE TORO 
BOLÍVAR 

Tú te quedarás, Fernando ! . . . 

FERNANDO DE TORO 

Tu amistad no ha de exigirme 
tal infamia ! . . . 

BOLIVAR 

¡Que tú vengas 
con nosotros es un crimen! 
Vamos a buscar la muerte 
antes que la Luna expire ! . . . 

FERNANDO DE TORO 

Con dignidad y amargura. 

Si la muerte váis buscando, 

¿por qué buscarla le impides , 

al que, inválido en el mundo. 



148 



cto II * BOLIVAR 

tan solo de estorbo sirve ? . . . 
Porque me ves mutilado, 
¿es justo, di, que me prives 
de morir como murieron 
los varones de mi extirpe?. . . 

BOLIVAR ^ , 

Sentándose con Fernando de Toro, junto a la mesa. 

Siéntate y oye, Fernando. 

Pequeña pausa. 

Un favor voy á pedirte ... 
Necesito que te quedes! 

FERNANDO DE TORO 

Ese, Simón, no es posible, 
que hay peligros, y a tu lado 
quiero estar cuando peligres! 

BOLIVAR * 

Pues, quedándote en Caracas 
mejor pudieras servirme! . . . 

FERNANDO DE TORO 
No comprendo . . . 

BOLIVAR 

Si una dama 
amparo y favor te pide, 



149 



BOLIVAR 



tu lealtad de caballero 
¿fuera a su voz insensible? . . . 

FERNANDO DE TORO 

Mi vida diera gustoso 
si una dama me la exige! 

BOLIVAR 

Pues, bien, Fernando, una dama 
se encuentra en trance difícil, 
y a tí acudo a que la sirvas 
no pudiendo yo servirle ! . . . 
Tú ya la dama conoces, 
pues, antes que yo, la viste, 
cuando, en mitad de esa plaza, 
con voz desgarrada y triste, 
la libertad de su padre 
de hinojos vino a pedirme! . . . 

FERNANDO DE TORO 

i Josefina! . . . Mas iqué nuevas 
asechanzas la p^ersiguen ? . . . 

BOLIVAR 

Desde que entró Monteverde, 
se ensaña con ella el crimen ! . . . 

Por patriotas, sus bienei 



150 



cto i i 



BOLÍVAR 



confiscaron los serviles, - 
y su padre en las mazmorras 
de Puerto Cabello gime ! . . . 
Justicia pidió la dama, 
mas se negaron a oirle. . . 
¡ Y no se acaba un ultraje 
cuando otro nuevo le mf rigen! . . . 
Un bando de foragidos 
que de soldados se viste, 
anoche asaltó su casa, 
y, mientras con los fusiles 
forzaban puertas y cofres 
la dama logró evadirse, 
y amparada por las sombras 
amparo vino a pedirme ! . . . 
Yo partir debo esta noche ; 
*" y ya que tú lo permites, 
deja que su honra y su vida 
a tus lealtades confío . . . 

FERNANDO DE TORO 

cY ella a sospechar no llega 
quién es el que la persigue? . . . 

BOLIVAR 

No sospecha, y si sospecha 

no quiso el nombre decirme ! . . . 

151 



BOLIVAR 



De don Carlos de Machado 

las riquezas son tan pingües 

y es tan hermosa la hija, 

que bien cabe en lo posible 

que haya un^ malvado que a un tiempo 

hija y riquezas codicie! . . . 

FERNANDO DE TORO 

Marcharte puedes tranquilo ! . . . 

Y aunque con ello me impides 
que por la patria, en la lucha, 
de nuevo mi acero vibre, 

con confianzas tan íntimas 
agradezco que me obligues ! . . . 
En el sitio de Valencia, 
cuando herido a tierra vine, 
entre un grupo de enemigos, 
tú en mi socorro acudiste . . . 

Y una acción tan generosa 
¿cómo quieres que la olvide? . . . 

BOLIVAR 

No le recuerdes favores 
al que favores te pide ! . . . 
Iré a llevarte la dama 
antes que la Luna expire ! . . . 

levantan y se despiden. 

152 



// * BOLIVAR 

FERNANDO DE TORO 

Saliendo por la puerta de escape. 

Y yo sabré dar la vida 

por servirla y por servirte ! . . . 



ESCENA SEXTA 

BOLIVAR Y JOSEFINA 

Josefina aparece por el pequeño arco del fondo, como si oculta entre los 
granados hubiese estado escuchando la escena anterior. 

JOSEFINA MACHADO 

Avanzando hasta Bolívar. 

¡Caballero, os doy las gracias, 
y me dispongo a partir ! . . . 

BOLIVAR 

c Qué decís, señora mía ? 
JOSEFINA MACHADO 

Caballero, lo que oís! . . . 
i Que parto, porque no quiero 
que otros se arriesguen por mí ! . . . 

BOLIVAR 

Pero c qué os pasa, señora ? . . . 



153 



BOLIVAR 



JOSEFINA MACHADO 

Estaba en ese jardín, 

con sus rosas distrayendo 

la angustia de mi sufrir, 

— porque mujeres y rosas 

fraternizan entre sí, — 

cuando resonar de súbito 

voces extrañas sentí, 

y azuzada por la eterna 

curiosidad femenil, 

— perdonadme la imprudencia — 

no atreviéndome a salir, 

oculta entre esos granados 

vuestros proyectos oí. . . 

Sé que antes que apunte el alba 

váis la lucha a proseguir, 

y con vos, señor quisiera 

los peligros compartir, 

pues fuera más peligroso 

quedarme sin vos aquí . . . 

BOLÍVAR 

Un amigo generoso 
os ampara ... v 

JOSEFINA MACHADO 

Ya lo oí ! . . . 



154 



I 



Ido II * BOLIVAR 

Mas fuera comprometerle 
sin salvación para mí ! . . . 

Con las manos juntas l; la voz suplicante. 

\ Llevadme en vuestra compaña ! . . . 
BOLIVAR 

¡Mi señora, iqué decís?. . . 

JOSEFINA MACHADO 

En esta lucha tremenda, 
amenazado vivís 

constantemente ... ¡Y quién sabe 

si esta mano femenil, ^ 

puede apartaros del pecho 

el arma que os vaya a herir 1 . . . 

Si os falla el golpe, y tenéis 

qué, desterrado, partir, 

vuestra patria, al lado vuestro 

la habréis de llevar en mí ! . . . 

> 

BOLIVAR 

Impresionado por el acento de sinceridad de Doña Josefina. 

¡Corazón tan generoso, 
alma tan noble y gentil, 
ccómo pudiera pagaros ^ J 
tanta ternura ? . . . Decid ! . . . 



155 



\ 



BOLIVAR * Acto 



JOSEFINA MACHADO 

Con permitirme que sea 
vuestra soméra. . . 

BOLIVAR ' 

Obrar así 
fuera una insigne locura ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Pues si no lo consentís, 
¡ abandonadme a mi suerte, 
y no os ocupéis de mí ! . . . 

BOLIVAR 

¿Abandonar a una dama 
a quien mi amparo ofrecí ? . . . 
¡A mi honor de caballero 
un imposible pedís ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Con impetuosidad, desbordando todo el fuego de su alma en el anhelo de sus 
palabras. 

I 

] Pues llevadme a vuestro lado, 
vuestra suerte a compartir, 
que a vivir de vos ausente 
prefiero con vos morir ! . . . • 



156 



do II * BOLIVAR 



ESCENA SEPTIMA 

DICHOS Y ZINGARELLO, QUE ENTRA PRECIPITADAMENTEl- 
POR LA PUERTA DE ESCAPE 

BOLIVAR 

Volviéndose al ver entrar a Zingarello. 

iQué pasa? . . . . 
ZINGARELLO 

Desde el arco. ^ 

El señor Marqués 
de Casa León, desea 
hablaros urgentemente ! . . . 

BOLIVAR 

Sorprendido. 

¿Qué nueva celada es esta 
cuando el Marqués, a estas horas 
viene a hablarme con urgencia ? . . . 
¡ Qué pase, si vos, señora. 

Dirigiéndose a Josefina. 

para ello me dáis licencia ! . . . 

Desaparece Zingarello por la puerta de escape. 

JOSEFINA MACHADO 
Licencia os doy para todo ! . . . 

157 



BOLIVAR 



Acio.il 



Solo mi vida se niega 
a no estar a vuestro lado 
cuando peligre la vuestra ! ... 

BOLIVAR 

Besándole galantemente la mano, en el umbral de la primera puerta de la 
derecha. 

Si en vuestras dulces palabras ^ 
mi necio orgullo creyera, 
¡ os juro que fuese el hombre 
más dichoso de la tierra ! . . . * 

Doña Josefina, sonrojada, desaparece por la puerta, que entorna tras sí. Bo- 
lívar se vuelve hacia eLarco para recibir al Marqués de Casa León, que pre- 
cedido de Zihgarello pinetra por la puerta de escape. A su paso Zingare- 
llo se inclina ceremoniosamente \} desaparece. 



ESCENA OCTAVA 



SIMON BOLIVAR Y EL MARQUES DE CASA LEON 



Rl Marqués de Casa León es alto, fuerte y distinguido, tipo perfecto del ca- 
ballero de la época, digno de haber sido inmortalizado por los pinceles de 
Co^a. Entra envuelto en su larga capa española. 

BOLIVAR 

Con afectuosidad. r 

i A qué debo que esta casa 
honréis con vuestra presencia ? . . . 



158 



BOLIVAR 



MARQUES DE CASA LEON 

A enmendar vengo los yerros 
de las locuras ajenas! . . . 

Bajando la voz. 

Monteverde, que os espía ' 
porque de todos recela, 
conoce el plan de esta noche, 
y a castigarlo se apresta ! . . . 
En el lugar de la cita 
emboscadas tiene fuerzas . , . 
Os prenderán, y, mañana 
como ejemplar providencia, 
en unas jaulas de hierro 
sangrarán vuestras cabezas, 
en las plazas de Caracas 
para que todos las vean! ... 
Y yo, arriesgando mi vida 
a salvar vengo la vuestras ! . . . 

BOLIVAR 

Mas, ¿quién pudo traicionarnos?. . . 

MARQUES DE CASA LEON 

El que menos se sospecha ! . . . 
~^Ni vos debéis preguntarme, 
ni yo, aunque lo supiera .i^ 
os denunciara al culpable. 



11 



359 



BOLIVAR * Acto L/ic 

que hacerle fuera vileza, 

y vilezas no comete I 
quien de ser noble se precia ! . . . 
De hecho la traición existe, 

¿qué importa el nombre que lleva?. . , 

Ello os servirá de aviso 

para obrar con más prudencia. . . 

Yo me atrevo a aconsejaros, 

— y perdonad mi insistencia, — 

que lo más pronto posible 

abandonéis estas tierras, 

porque es harto peligroso 

que permanezcáis en ellas ! . . . 

Bolívar permanece mudo, con la cabeza inclinada, la mano izquierda apo- 
yada en el cuello y el índice de ía derecha sobre el labio superior, como 
meditando una resolución. ; 

i 

Cuando llegó Monteverde ^ 
mi casa os abrió sus puertas 
para que tan noble amigo 

la honrase con su presencia! . . . | 
Sin atender a los ruegos 
de mi amistosa msistencia, 
vos mi casa abandonasteis, 
dejando olvidada en ella 

esta bolsa, que os devuelvo \' 
por si el oro que la llena 

160 1 

• ■ é ' 



Acto II 



BOLIVAR 



puede serviros de algo 

al emigrar de estas tierras ! . . . 

Entregándole una bolsa. 

BOLIVAR 

Comprendiendo la acción generosa del Marqués. 

Aunque os estime la dádiva, 

y aun más la delicadeza 

propia tan solo de vos 

con que venís a ofrecerla, - 

no la acepto como mía 

sabiendo, Marqués, que es vuestra !- 

MARQUES DE CASA LEON 

Vuestra o mía, da lo mismo! ... 

Y me daréis una prueba 
de verdadero cariño 

si vuestra amistad la acepta ! . . . 
Mas el peligro está próximo 
y el tiempo rápido vuela . . . 
¡ Para salvar los amigos, 
tomad vuestras providencias ! . . . 
Ya os di el aviso, y me marcho ! . . . 
Vos salid de Venezuela 
mañana, como podáis ! . . . 

Y ya sabéis que aquí queda 

161 



BOLIVAR * Acto II 

a vuestro arbitrio un amigo 
que os ama, Simón, de veras ! . . . 

Lo abraza conmovido. 

BOLIVAR 

Marqués, por tantas bondades 

mi gratitud será eterna ! . . . ' 

Sale el Marqués por la puerta de escape. La bolsa habrá quedado sobre la 
mesa. 

ESCENA NOVENA 

DOÑA JOSEFINA MACHADO Y SIMON BOLIVAR 

Bolívar se aproxima a la primera puerta de la izquierda, en cu})os umbro' 
les aparece Doña Josefina. 

BOLIVAR 

Voy a partir, mi señora, jf 
a una urgente diligencia; 
pero descansad tranquila 
que pronto estaré de vuelta ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Inquieta. 

iQué os sucede? . . . 
BOLÍVAR 

LJna denuncia 



162 



¡ñ Acto II * BOLIVAR 

nuestro plan echó por tierra; 
y a los amigos ahora 
voy a prevenir, no sea 
que concurran a la cita 
y en ella la vida pierdan ! . . . 
¡ Qué tiempos tan miserables 
y qué ánimas tan abyectas ! . . . 
El hermano odia al hermano, 
del hijo el padre recela; 
y la traición y la infamia 
por todas partes nos cercan 1 . . . 

Llamando. 

l Zingarello ! . . . 

Aparece Zingarello por la puerta de escape.- 

l Ven conmigo ! . . . 

Señalando la puertg del fondo, después de recoger el bolsillo y tomar la 
capa. 

i Salgamos por esa puerta ! . . . 
JOSEFINA MACHADO 

Suplicante. 

' , ¡Regresad pronto a mi lado. . . ^ 
No cometáis imprudencias ! . . . 
porque mi honra y mi vida 
sin vos, quedan indefensas ! . . . 

Acompañando hasta la puerta del fondo de la galería a Bolívar. Bolívar 
le besa la mano, se envuelve en la capa \) sale seguido de Zingarello. 
^ \ 

163 



BOLIVAR 



A do 



ESCENA DECIMA 

JOSEFINA MACHADO Y PIO 
JOSEFINA MACHADO 

Con los brazos tendidos al cielo. v 

¡Protégelo, Virgen Santa, ^ 

porque su hidalga nobleza 

es hoy el único amparo 

que en este mundo me queda ! . . . 

¡Permanece un instante, con la cabeza entre las manos, sentada junto a la 
mesa. Pío aparece por la puerta de escape p avanza cautelosamente hasta 
Josefina. 

PIO 

¡ Señora ! . . . 

Josefina se vuelve sobresaltada. 

JOSEFINA MACHADO 

¿Qué quieres, Pío?. . . 
PIO ' 

Mostrándole una carta. 

Un hombre que está en la puerta 

esperando vuestras órdenes 

me dió esta carta. . . . ¡Leedla, 



164 



Acto II 



BOLIVAR 



pues dice que su lectura 
grandemente os interesa! 

JOSEFINA MACHADO ' 

¿Quién averiguó mi asilo? ... 
c Qué nueva desdicha es ésta ? . . . 

Tomando ávidamente la carta y lerendo la firma. 

Es del liberto Machado ! . . . 

Lerendo. 

*' — Señora doña Josefa: » ^ 

Vuestra honra y vuestra vida 
dependen de que yo os vea, 
y un mmuto que perdamos 
al traste dará con ellas! ..." 

Perpleja, con la caria en la mano. 

¿Qué debo hacer?. . . Darle entrada 

el mejor remedio fuera, 

porque así acaso conozca 

quien se ensaña con mis penas ! . - . 

Dile que pase, y en tanto 

A Pío. ^ . 

avísame si alguien llega ! . . . 

Pío sale por la puerta de escape. Doña Josefina permanece un instante apo- 
yada en la mesa, con la cabeza entre las manos, al rumor de los pasos alza 
la cabeza y se encuentra frente a frente del Mulato Machado, que penetra 
lenta y cautelosamente por la puerta de escape. 



165 



BOLIVAR * Acto m 

ESCENA ONCE 

DOÑA JOSEFINA MACHADO Y EL MULATO MACHADO 

JOSEFINA MACHADO 

Con natural altivez. 

cCómo diste con mi asilo? 
EL MULATO MACHADO 

Algo cortado. 

Supe que la soldadesca 
asaltaba vuestra casa, 
y al momento corrí a ella, 
dispuesto a perder la vida, 

señora, en defensa vuestra ! . . . ■ 
Buscándoos, inútilmente 
recorrí la casa entera ; 
y, cuando desesperado 
salíme, en esa plazuela 
miré coríer una sombra . . . 
La seguí, pero una puerta 
entre los dos se interpuso ... 
Mas, vanamente lo hiciera, 
porque c quién que os haya visto 
aun en sombra no os recuerda? . . . 



166 



// * B o L I V,A R 



JOSEFINA MACHADO 
¿Ya qué vienes? ... 

EL MULATO MACHADO 

¡A salvaros! 
A mí mismo me avergüenza, 
que, sabiendo que_ mi vida 
la diese en vuestra defensa, 
en vez de buscar mi apoyo, 
cometieseis la imprudencia 
olvidada de quien sois, ^ 
pedir un refugio en esta 
casa, donde vuestra honra 
su reputación arriesga ! . . . 

JOSEFINA MACHADO - 
¿Qué dices? ... 

EL MULATO MACHADO 

¡Que si se sabe 
que estáis refugiada en ella, 
vuestro honor, dentro de un féretro 
y en medio de cuatro velas, 
como un muerto, mi señora, 
va a salir por esas puertas, 
para servir de ludibrio 
.y escarnio a las malas lenguas ! . . . 



167 



BOLIVAR 



Acto 



JOSEFINA MACHADO 

Jrguiéndose con altivez. 

Mas, cómo, dime, te atreves 
a inferirme tal ofensa?. . . 
i Mi honra, como el Sol, disipa 
con su luz todas las nieblas! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Con fingida humildad. 

i No os exaltéis, mi señora, 
que exaltaros no quisiera; 
y por la amistad que os tengo, 
perdonadme la franqueza! 
Si conocen vuestro asilo 
se despertarán sospechas, 
que aunque vos las despreciáis 
la gente no las desprecia ! . . . 
Ya veis cómo dar con vos 
no es muy difícil empresa! 
Igual que yo lo he logrado 
puede logarlo cualquiera ! . . . 

Remarcando la intención, lentamente, dejando caer las palabras. 

Suponed que la justicia 
del Rey hasta aquí penetra 
para prender a Bolívar, 
con quien tiene viejas cuentas; 

^ 168 



io II 



BOLÍVAR 



y oculta en esta morada 
a vos, señora, os encuentra, 
¿Cómo salváis vuestra honra 
si tal caso sucediera? . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Comprendiendo el peligro que le amenaza. 

l Dios, que mira nuestras almas, 
defenderá mi inocencia ! . . . . 

EL MULATO MACHADO 

Con feroz ironía. 

Mas, el mundo sólo mira 

y juzga las apariencias ; 

y todas, en este caso, 

os acusan y os condenan ! . . . 

Hacia un presidio de España, 

agobiado de cadenas, 

a estas horas vuestro padre 

por esos mares navega. 

Huyeron vuestros parientes ; 

confiscaron vuestra hacienda; 

vuestra casa y vuestras joyas 

saqueó la soldadesca; 

y sola y desamparada 

os halláis sobre la tierra! . . . 

Yo, que libertad y nombre 

debo a la familia vuestra. 



169 



BOLÍVAR 



que os aprecio desde niño, 
ccómo no queréis que venga 
a arrancaros de esta casa 
cuando peligráis en ella?. . . 

JOSEFINA MACHADO 

Con altivez y resolución. 

l Bolívar me prestó amparo, 
y a su valor y nobleza 
mi honra y mi vida confío, 
segura de que en la tierra 
no habrá como él ninguno 
que la^ respete y defienda ! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Sin poder refrenar la pasión 'y los celos que lo devoran. 

¡ Bolívar ! . . . Quizás por eso 
la luz del alba no vea ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

hguiéndose fieramente. 

cLe amenazas? . . . 

EL MULATO MACHADO 

Transfigurado por el rencor. 

¡No amenazo, 
sino cumplo una promesa ! . . . 

170 



do II * BOLIVAR 

JOSEFINA MACHADO 
i Una promesa ? . . . 

EL MULATO MACHADO 

Aproximándose más, desgarrando las palabras entre sus dientes y con los 
ojos centelleantes. 

¡Señora, 
¿vuestro orgullo no recuerda 
cuando, postrado de hinojos, 
esta pasión que me incendia 
se desbordó por mis labios 
en frases locas y trémulas?. . . 
¡Vos, de mi dolor burlándoos 
os alejásteis risueña, 
diciéndome que me diese 
vuestro espejo la respuesta! . . . 
i V yo juré, desde entonces, 
humillar vuestra soberbia .... 
r i y para más humillaros 
haceros mía, a la fuerza, 
y que la dueña del pardo 
esclava del pardo fuera! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Con todo el orgullo y la fiereza de su estirpe. 

¡Esclavo, sella los labios, ^ 
que aún sobre tus carnes llevas 

171 



BOLIVAR 



la cicatriz de la marca 

con que a las reses se hierra ! . . . 

EL MULATO MACHADO 

¡ Pues bien ; por esas señales 

de ignominia ; por la afrenta 

del látigo, los sudores 

y la sangre que vertieran 

seis generaciones mías 

en las ergástulas vuestras: 

juro que, si no mi esposa 

— porque mi orgullo os desprecia,- 

para ludibrios mayores 

habéis de ser mi manceba ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

i Y yo te juro que, antes 
de pasar por tal vergüenza, 
mi cuerpo diese a los perros 
y mi alma al infierno diera, 
porque, a ser tuya, prefiero 
la condenación eterna ! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Cambiando de tono. 

i Pensad bien lo que decís, 
y dad un momento treguas 



172 



cío II 



BOLIVAR 



a vuestra altivez, y oidme 
que el oírme os interesa! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Señalándole la puerta, con profundo desprecio. 

i Bastante tiempo te he oído ! . . . 

¡Vete ya de mi presencia, 

que tan solo con mirarte 

de oprobio y baldón me llenas! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Con sonrisa feroz. 

\ Vuestra honra está en mis manos, 
y pudiera deshacerla ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

¡A deberte a tí mi honra 

prefiero vivir sm ella! ... , \ 

EL MULATO MACHADO 

i Salvar puedo a vuestro padre ! . . . 

JOSEFINA MACHADO- 

j Que en sus prisiones perezca, 
antes que a tí la limosna 
de su salvación te deba 1 . . . 



173 



BOLIVAR * Acto 



PIO 

£nirando precipitadamente por el fondo de la alquería. 

( i Señora, Bolívar llega ! . . . 

Señalando de nuevo al Mulato la puerta de escape. 

JOSEFINA MACHADO 

¡ Vete, esclavo, si no quieres 
que en castigo a tu insolencia, 
a latigazos yo misma 
te arroje por esas puertas! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Saliendo tras de Pío por la puerta de escape y volviéndose hacia Doña Jo' 
se^na. 

Me iré . . . ¡ Más, volveré pronto ! . . . 

i Y acaso cuando yo vuelva, 

me ofreceréis de rodillas 

lo que el orgullo me niega; 

que las venganzas que forjo 

ni el infierno las inventa ! . . . 

Sale. Doña Josefina permanece un instante apoyada en el arco central, co- 
mo fatigada del esfuerzo, mientras por la puerta del fondo de la galería pe- 
netran Bolívar y Zingarello. 



174 



Acto II 



BOLIVAR 



ESCENA DOCE 

DOÑA JOSEFINA Y SIMON BOLIVAR 

BOLIVAR 

¡Mis amigos, del peligro 
salvos se encuentran por fin ! . . . 
Disponed vuestra partida 
que es necesario partir. . . 

JOSEFINA MACHADO 

Con la voz aun sofocada. 

Con vos solamente parto, 
y sin vos no quedo aquí! . . . 

BOLIVAR 

Reparando en la agitación de Doña Josefina. 

Mas, iqué os pasa, mi señora?. . . 
JOSEFINA MACHADO 

Entregándole la carta del Mulato Machado que aun estruja entre su mano 
convulsa. 

Esta carta recibí. . . 
BOLIVAR 

Después de haber leído la caria a la luz de un farol. 

¿Y hablasteis con quien la firma?. . . ' 

175 

12 



BOLIVAR 



JOSEFINA MACHADO 

¿Y tales cosas oí 

que es preciso de Caracas 

esta misma noche huir ! 

ESCENA TRECE 

DICHOS Y ZINGARELLO 

ZINGARELLO 

Enlrando precipitadamente por la puerta del fondo. 

Señor, la casa han cercado ! . . . 
JOSEFINA MACHADO 

Ansiosamente a Bolívar. 

l Huyamos, señor, de aquí ! . . . 
ZINGARELLO 

¡ Tomaron todas las puertas ! . . . 
VOZ FUERA 

Meiníras llaman con fuertes aldabonazos. 

¡En nombre del Rey, abrid! . . . 
BOLIVAR 

j4 Doña Josefina. 

¡Pronto, pronto, mi señora, 

176 



Acto II ^ BOLIVAR 



ocultaos en el jardín ! . . . 
i Abre las puertas ! . . . 

A Zingarello. 

JOSEFINA MACHADO 

Desesperadamente, mientras Bolívar la conduce al jardín ^ Zingarello sale, 
por la puerta de escape. 

cQué haréis? . . . 

BOLIVAR 

Con resolución. 

I Salvaros o sucumbir, 

que indigno de un caballero 

fuera dejaros así! . . . 

Ella se oculta en el jardín del fondo, \; Bolívar se adelante resuelto hacia el 
proscenio. 

¡Está en el fiel la balanza! ... 
Con mis deberes cumplí, 
j y ahora, que Dios y el Destino 
cumplan sus leyes en mí ! . . . 



ESCENA CATORCE 

SIMON BOLIVAR, DON DOMINGO MONTEVERDE, EL MU- 
LATO MACHADO, BERNARDO MURO, ZINGARELLO. 
PIO Y SOLDADOS 

Por la puerta de escape aparecen Monteverde, Bernardo Muro el Mu- 
lato Machado. Un piquete de soldados guarda la puerta }f rodea a Mon- 



177 



BOLIVAR * Acto II 



íeverde. Este ciñe banda de Capitán CeneraL Es alio, gallardo ^ fanfarrón. 
El Mulato Machado parece capitanear los soldados. Zingarello pasa al lado 
de Bolívar como dispuesto a defenderle. 

DOMINGO MONTEVERDE 

V i Simón Bolívar, daos preso ! . . . 

BERNARDO MURO * 

1 Por traidor y desleal 

habréis de sentir el peso 

de la justicia real 

por vos tan vilipendiada ! ... 

¡Por fin que damos con él! . . . 

Rencorosamente, al Mulato Machado. Bolívar permanece en el ceniro.de la 
, escena con los brazos cruzados. 

DOMINGO MONTEVERDE 

A Bolívar. 

Capitán, dadme la espada! . . . 

BOLIVAR 

Con irómca aliivez. 

Capitán, nó ! . . . ¡ Coronel ! . . . ' ^ 
BERNARDO MURO 

Con indignación al Mulato Machado. 

l Con qué altivez respondió ! . . . 
DOMINGO MONTEVERDE 

Con jactanciosa severidad. 

Si no fallan mis noticias. 



178 



V 



Acto II * BOLIVAR 



Capitán de las Milicias 
del Valle de Aragua . . . 

BOLIVAR 

- ¡Nol...; 
¡ Coronel venezolano ! . . . 

BERNARDO MURO 

j Ya ha caído Venezuela ! . . . 

BOLIVAR 

Mirando desdeñosamente, de arriba a abajo, a Bernardo Muro. 

¡Cayó, pero me consuela 

que sabrá alzarla mi mano ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 
i Sois altivo ! . . . 

BOLIVAR 

¡Serlo quiero! . . . 

BERNARDO MURO 

¡ Con la vida muchas veces 
se pagan las altiveces ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 
i Capitán, dadme el acero ! . . . 



179, 



BOLIVAR * Acto II 

BOLIVAR 

Con sorna. 



¡Capitán, nó; coronel! ... 
Al dictar vuestros oficios, 
a mi hoja de servicios 
no arranquéis ese laurel ! . . . 

BERNARDO MURO 

Al Mulato Machado, trémulo de ira. 

] Al traste mi calma dan 
con tanta baladronada ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

Con severidad, sin poder refrenarse. 

¡Coronel o capitán, 
entregadme vuestra espada ! . . . 

BOLIVAR 

Serenamente. 

Vuestras capitulaciones 
no me la impiden ceñir ... 
Decidme, ipor qué razones 
me la venís a pedir ? . . . 
¡ No os la entrego ; vive Dios ! 

porque a vuestra firma quiero ^ 
— mirad si soy caballero — 
darle más valor que vos ! ... 



180 



Acto II * BOLIVAR 

DOMINGO MONTEVERDE 

i Calle esa lengua altanerá ! . . . 

Vuestra capitulación, 

la rompió vuestra traición ! . . . 

BOLIVAR 
Traición, decís?. . . 

DOMINGO MONTEVERDE 
¡Villanía! 

I ^ Mirando severamenie a Bolívar que rési.üe con altivez la mirada. 

El que se acoge a una tregua 
para conspirar, ¿no amengua 
su consejo de hidalguía? . . . 
i Y decidme, por Dios vivo, 
con toda sinceridad, 
puesto que sois tan altivo 
si no digo la verdad! . . . 

BOLIVAR 

Y yo contestar podría 
a vuestras imputaciones, 
que en las capitulaciones 
no estampó la firma mía ! . . . 
- cY es más; convencido yo 
que el hacerlo nos desdora. 



181 



BOLÍVAR 



califiqué de traidora 
la mano que las firmó ! 

DOMINGO MONTEVERDE 

Sin poder contener su cólera. j 

í Moderad vuestra altivez! 
BOLIVAR 

i Mi altivez no admite yugo ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 
¡Pensad que soy vuestro juez! 

BOLIVAR 

Nunca fué juez el verdugo; - 

pues quien fuerza la belanza 

de la ley, en su pro vicia 

no realiza una justicia 

si no cumple una venganza ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

¡Las pruebas son abrumantes 
en contra vuestra .... 

BOLIVAR ^ 

¡Y el juez 
dictó la sentencia antes 
de oir mis descargos ! . . . ¡ Pardiez ! 



182 



cío II * o L í V A R 

El sentenciar de antemano 
atendiendo al propio gusto, 
para vos es muy humano, 
y a mí me parece injustól 

DOMINGO MONTEVERDE 
¡Cese ya tanta locura 

y tañ torpe obstinación ! . . . ^ 
¡ Muro, empieza la lectura 
del acta de acusación ! . . . 

, - Bernardo Muro se cala las gafas y a la luz del farol se dispone a leer. 

bOLIVAR 

Deteniéndole. 

El trabajo os ahorraré 
de un acto tan singular, 
porque de memoria sé 
cuanto se me va a imputar ! . . . 
Se me acusa ante la Ley, 
que, siendo noble y soldado, 
en armas me he levantado 
contra España y contra el Rey ! 
Y al que' tal hace, el rigor 
del Código Militar 
manda al punto fusilar 
de espaldas, como up traidor! 



183 



BOLÍVAR 



Contra el fallo no protesto ! 
¡ya conozco mi condena, 
y con la frente serena 
a sufrirla estoy dispuesto! 
Mas» a tal resolución 
se opone, por mi fortuna, 
vuestro nombre al pié de una 
legal capitulación! 

DOMINGO MONTEVERDE 

i Se ha cumplido lo pactado, 
y mi piedad ha extendido 
un velo de paz y olvido 
sobre el crimen del pasado ! . . . 
Las viejas deudas ya están 
liquidadas, y son nuevas 
las que a liquidarse van ! . . . 
Mi autoridad tiene pruebas 
concluyentes, según creo, 
de que, burlando las paces 
firmadas en San Mateo, 
vos con otros contumaces 
para esta noche tramáis 
alguna nueva algarada, 
y las armas ocultáis 
en vuestra propia morada ! . . . 



184 



// 



BOLIVAR 



BOLIVAR 

Serenamente. 

Si tal acción suponéis 

la suposición recojo! ... 

¡Registrad a vuestro antojo, 

y así os convenceréis 

de que a Vuestra Señoría 

villanamente ha engañado 

el celo de un' torpe espía- 

o la traición de un menguado! ... 

¡Franca mi casa tenéis! ... 

DOMINGO MONTEVERDE 

Al Mulato Machado J) a los soldados que lo siguen. 

¡Pues, la casa registrad, 
y a todos cuantos halléis 
en su interior, apresad ! 

El Mulato Acachado, seguido de algunos soldados, se dirige hacia la pri- 
mera puerta de la izquierda, \) Bernardo Muro, con otro grupo, penelra 
en el fondo de la galería, mientras unos cuantos soldados vigilan la puerta 
de escape y rodean a Monteverde. Bolívar permanece en el centro de la es- 
cena, como dispuesto a defender el arco del fondo. Zingarello se apoya en 
el dintel de dicho arco. 

EL MULATO MACHADO 

Penetrando en la priw.era puerta de la izquierda. 

¡Temblad, Doña Josefina; 
ya no tenéis esperanza. 



185 



BOLIVAR Acto 



que vuestro orgullo termina 
donde empieza mi venganza ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

Irónicamente, a Bolívar. 

\ 

Cerca del Guaire, impaciente 
en vano os ha de esperar 
esta noche, vuestra gente. . . 
Mas yo iré en vuestro lugar; 
y en prueba de cortesía 
a quien tope en la reunión, 
para haceros compañía 
mandaré a vuestra prisión ! . . . 

BOLIVAR ^ 

En el mismo lono. 

'¡Buscad esbirros mejores! . . . 
¡ Torpes son los que tenéis ! . . . 
¡ Id, y os juro que hallaréis 
en vez de conspiradores, 
los árboles ribereños 
que en un dulce murmurio 
cabecean sus ensueños 
sobre las ondas del río! . . . 

Vuelven a salir los soldados, el Mulato Machado ^ Bernardo Muro, 

186 

/ 



/ 



do II * BOLIVAR 
EL MULATO MACHADO 

Con desesperación reconcentrada. 

¡Nada encontramos por fin! . , , 

Reparando en' el arco del jardín ^ señalándoselo a Moniexjerde. 

Sólo ese jardín nos queda! ... 
DOMINGO MONTEVERDE 

Al Mulato Machado. 

¡ Pues, al instante, proceda 
a registrar el jardín! . . , 

El Mulato Machado seguido de algunos soldados se dirigen al jardín. Bo- 
lívar, desnudando la espada p empuñando una pistola, se interpone. Zinga- 
rello se apresta a defenderlo, 

BOLÍVAR 

Con Voz de trueno, amartillando la pistola. 

l Aquí, no se pasa ! . , . j Fuera, 
miserables! . . . El que acierte 
a dar un paso, pudiera 
encontrarse con la muerte ! . . . 

Los soldados retroceden. 

EL MULATO MACHADO 

Con un gozo infernal, impulsando a los soldados. 

i Entrad ! . . . ¡ Nuestra es la partida ! . . . 

Los soldados intentan avanzar de nuevo \) Bolívar los contiene con su es- 
pada. 

187 ^ 



BOLIVAR 



Acto 



BOLIVAR 

Al Mulato Machado. 

¡Solo a tí el paso te cedo, 
y avanzar puedes sin miedo; 
que no arriesgarás la vida, 
porque conoce mi mano 
los prestigios de mi acero ! . . . 
¡La estocada al caballero, 
y el cintarazo al villano ! . . . 

Al intentar avanzar el Mulato Machado, le cruza el rostro con el plano del 
acero. 

EL MULATO MACHADO 

Retrocediendo, de un salto, como una fiera herida. 

i Pendiente queda esta cuenta, ' 
y a cobrársela me obligo ! . . . 
¡y aún más grande que la afrenta 
habrá de ser el castigo ! . . . 

Cuando los soldados se disponen a acometer a Bolívar, aparecen precipita- 
damente, por la puerta de escape, Don Franciso de Iturbe J> el Marqués de 
Casa León. Un gesto de Monleverde contiene a los soldados. 



188 



BOLIVAR 



ESCENA QUINCE 

DICHOS. DON FRANCISCO DE ITURBE Y EL MARQUES 
DE CASA LEON 

MARQUES DE CASA LEON 

Dándose cuenta del peligro de Bolívar p corriendo hacia Monteverde. 

l Monteverde ! . . . 

DON FRANCISCO DE ITURBE 

Mas, c qué pasa ? . . . 

BERNARDO MURO 

¡Que se opone este insurgente 
a que registren su casa ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

Al Marqués de Casa León. 

Me alegro que estéis presente, 
señor Marqués, porque así 
disipando vuestro error, 
ya no exigiréis de mí 
que mitigue mi rigor ! . . . 



189 



BOLIVAR 



MARQUES DE CASA LEON 

Tenéis razón ; es verdad . . . 
Mas, no me doy por vencido, 
y con más tesón os pido 
de nuevo su libertad ! . . . 

DON FRANCISCO DE ÍTURBE 

Adelantándose hacia Monieverde. 

También a Su Señoría 
yo le ofrezco, como prendas, 
mi hacienda por sus haciendas 
y por su vida la mía ! 

DOMINGO MONTEVERDE 

Yo nada os puedo negar ! . . . 
Mas ved que en armas alzado 
mi orden ha desacatado, 
impidiéndonos entrar ! . . . 

BOLIVAR 

Serena pero resueltamente. 

i Y aun en mi actitud persisto, 
y antes que pasen de aquí 
vuestras gentes; vive Cristo! 
tendréis que matarme a mí ! . . . 
Pero ya que estos amigos 



190 



Acto II * BOLIVAR 

se ofrecen como fiadores, 
quiero hablaros sin testigos, . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

A todos. 10 

í Dejadnos solos, señores! ... 

Todos salen por la puerta de escape. 



ESCENA DIECISEIS 

SIMON BOLIVAR Y DOMINGO MONTEVERDE 
BOLIVAR 

Acercándose a Monteverde, en voz baja. 

Si una dama en vos se fía 

y vuestro auxilio reclama, 

en defensa de esa dama 

¿qué hiciera vuestra hidalguía?. . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

Caballerosamente, comprendiendo en todo su valor, el gesto de Bolívar, 

¡Antes que la descubriera 
ojo humano, ¡vive Dios! 
la vida por ella diera, 

191 



BOLIVAR 



como ibais a darla vos ! . . . 
Obrásteis con honradez, 
y en prueba de lo que os digo, 
os tiende mano de amigo 
el que vino como juez! . . . 

Le estrecha la mano. 

Sólo, Bolívar, deploro 

que ese ardiente corazón 

que aquilata tanto oro, 

se entregue sin reflexión 

a rebeldes aventuras, 

cuando, dentro de la Ley, 

aun pudierais, fiel al Rey, ^ 

vivir a vuestras holguras! 

Y ahora, escuchad un consejo, 

cuya pronta ejecución 

a vuestro arbitrio la dejo! . . . 

¡ Partid, sin más dilación, 

que aun cuando amigos tenéis 

en Caracas y en la Corte, 

vivir aquí no podéis ! . . . 

¿Para qué país queréis 

que os extienda el pasaporte?. . . 

BOLIVAR r 
Para Curazao. 



192 



do ¡I * BOLIVAR 
DOMINGO MONTEVERDE 



Llamando. 

¡ Entrad ! . . . 

Penetran todos por la puerta de escape. 

ESCENA DIECISIETE 

DICHOS, EL MARQUES DE CASA LEON, DON FRANCISCO 
DE ITURBE, DON BERNARDO MURO, EL MULATO 
MACHADO, ZINGARELLO, PIO Y SOLDADOS 

DÓMINGO iMONTEVERDE 

A don Francisco de ¡turbe ij al Marqués de Casa León. 

i Atento a vuestras razones, > ^ 
sin más averiguaciones, 
ordeno su libertad! 

MARQUES DE CASA LEON 
j Mil gracias ! 

DOMINGO MONTEVERDE 

Volviéndose a Bernardo Muro, 

Bernardo Muro: 
a Bolívar, un seguro > / 

extended, en atención 



193 



BOLIVAR * Aclo 

a que estamos obligados 
por los servicios prestados 
al Rey y a nuestra Nación, 
decretando la prisión 
de Miranda. . . 

Bernardo Muro se sienta a ta Mesa j; se dispone a escribir. 

BOLIVAR 

Sin poder refrenar su rebeldía. 

¡A cambio de eso 
no acepto la libertad ! . . . 
¡Tomad mi espada! . . . Estoy preso; 
porque si aprehendí, en verdad 
a Miranda, me consuela 
que no realicé la hazaña 
en beneficio de España, 
si no en pro de V^enezuela ! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

Con ira y asombro. 

¿ Qué decís ? . . . . 

EL MULATO MACHADO 

Con rencor. ¡ 

Cuánta osadía ! . . . 

BERNARDO MURO 

¡ Qué nuevas baladronadas ! . . . 

194 



do 11 * BOLÍVAR 
DON FRANCISCO DE ITURBE 

A Monteverde. 

¡ No haga vuestra señoría 
caso de calaveradas! . . . 

DOMINGO MONTEVERDE 

Después de un momento de vacilación, firma el pliego que ha extendido Ber- 
nardo Aíuro p se lo entrega a Bolívar. 

i Ya lo prometí, y os voy 
el pasaporte a entregar, 
porque palalDra que doy, 
no la puedo retn'ar ! 

Saluda t; sale seguido del Marqués de Casa León, Don Francisco de Iturbe^ 
Bernardo Muro, Zingarello, Pío p soldados. Bolívar se detiene un instante 
junto a la mesa, agobiado de dolor. La luna se oculta }; por el arco del jar- 
din aparece lentamente Doña Josefina. 



ESCENA ULTIMA 

BOLIVAR Y DOÑA JOSEFINA MACHADO 
BOLIVAR 

Dejándose caer en el sillón de la mesa. 

¡.La patria que yo soñé 
para siempre la perdí ! . . . 
cPor qué tan bajo caí. 



195 



BOLIVAR 



Acto 



yo, que tan alto volé? ... 

¡Soñó un cielo mi ambición, 

y en un infierno despierto ! . . . 

i Doblad, que la patria ha muerto, 

campanas del corazón! 

Sólo, con la fe perdida, 

sin una luz ni una estrella, 

¿para qué quiero la vida 

si nada me resta en ella?. . . 

Maquinalmenie empuña una pistola. 

JOSEFINA MACHADO 

Deteniendo a Bolívar. 

j Alzad, altiva, la frente, 

y luchad con más empeño ! . . . , . - 

¡Mientras vuestro pecho aliente 

la patria no será un sueño ; 

que aún tiene vuestro valor 

para Asombrar a la Historia, 

vuestra espada, que es la Gloria 

y yo, que soy el Amor! ... 

Lo estrecha apasionadamente entre sus brazos, mientras desciende con lenii- 
lud el telón. ^ 

FIN DEL ACTO SEGUNDO 



196 



ACTO TERCERO 




ELÓN corto que représenla el corredor exterior de uná hacien- 
da de c^cao, situada en el camino real de Valencia a Pueric 
Cabello, En el primer término, puertas laterales de amplias 
hojas. Al fondo, tres arcos de gruesas columnas de maderas. 
Entre los arcos, un pretil de media vara, con barandaje de madera del mis- 
mo tamaño, _y asientos a ambos lados de las columnas. Por el hueco de los 
arcos se divisa, a lo lejos, recortándose en sombras sobre el añil profundo 
de los cielos estrellados, la mole inmensa p crestada del Bárbula glorioso. ' 
En las crestas obscuras, como carbonizadas por la noche, rojean de vez en 
cuando estremecidas por las ráfagas del viento, los resplandores de las fo- 
gatas del ejército realista. Vigi^ería tosca y gruesa. Pavimento de ladrillos, 
yacijos, cobijas p hamacas por todos lados. Fusiles formando pabellones. 
Lanzas apo\)adas contra la baranda \; las columnas. Cartucheras l; sables 
pendientes de los muros. En el centro de la escena una mesita rústica, con 
escabeles a los lados. Sobre el tablero de la mesa, tintero ^ salvadera de 
barro cocido, un mazo de plumas de ave, rollos de papel, planos militares, 
una larga vela de sebo empalmada dentro del cuello de una botella. Un 
gran farol, pendiente del arco central, derrama como una mancha tenebrosa 
\) sangrienta, al filtrar su luz mortecina al través de sus vidrios bermejos. 
Al levantarse el telón grupos pintorescos de soldados animan la escena. 
Unos descansan adormecidos, de bruces sobre el barandal del fondo o ten- 
didos sobre sus cobijas, al pie de las columnas. Otros conversan y beben, 
sentados en el suelo, junto a la puerta de la derecha. Algunos juegan a los 
dados bajo el farol del arco del centro. Visten casacas azules con vivos p ■ 
bocamangas rojas, calzones blancos ceñidos con correajes i; polainas de 
cuero amarillo. Tocan sus testas pelambrosas anchos sombreros de palma 

199 



\ 



BOLIVAR * Acto 

cupa ala recoge sobre la frente una escárpela roja, azul }) amarilla. Son ne- 
gros, indios, zambos, mestizos, mulatos, 'pero predomina, sin embargo el tipo 
netamenie blanco de la raza criolla. Todos ellos tienen un aire juvenil \? ale- 
gre, que contrasta con lo desarrapado de su porte la miseria descolorida 
y lamosa de su indumentaria. Algunos muestran aun las cabezas entrapaja- 
das y los brazos en cabestrillo por sus heridas recientes. 

\ 

ESCENA PRIMERA ' 

MARI-JUANA LA CANTINERA, MATEO EL SEMINARISTA, 
EL CABO TRUJILLO, TOMAS SANCHEZ, JOSE ANTONIO 
EL ZAMBO, AGUSTIN EL MULATO, GUILLEN TO- 
RRES Y SOLDADOS . 

José Antonio el Zambo, Agustín el Mulato dos soldados, juegan a los 
dados. El Cabo Trujillo, Mateo el Seminarista y Cuillén Torres, tres tipos 
neiamente criollos, sentados junto a la puerta de la derecha, beben aguar- 
diente en totumas que Mari- juana la Cantinera va llenando. Tomás Sán- 
chez, herido \; febril, reposa en un yacija, junto a la puerta de la izquierda, 
con la cabeza entrapajada. Es rubio, ancho y fuerte, con esa fortaleza ágil y 
tenaz de los labradores andinos. 

GUILLEN TORRES 

¿Aguardiente, Mari-Juana, 
que mi voz se ha enronquecido, 
y a ios godos un **corrido" 
tengtí que cantar mañana! . . . 

MATEO EL SEMINARISTA 

¡ No sé qué virtud le ha dado 



200 



/// * BOLIVAR 

el Señor al aguardiente, 
que hace al cobarde valiente 
y hablador al más callado! . . . 

MARIJUANA 

Con los brazos en jarras, dejando de servir. 

¿Y con qué a pagarme van? . . . 
MATEO EL SEMINARISTA ' 

Queriendo abrazarla. 

¡Con ósculos, serafín! ... i 
MARI-JUANA 

Rechazándole a empellones. 

¡Quieto, señor sacristán, 
que yo no entiendo latín ! . . . 

MATEO EL SEMINARISTA 

Cómicamente indignado, queriendo aproximarse de 

i Yo, sacristán ? . . . ¡ Qué osadía ! . . . 
i Ordenado ! . . . ^ 

MARI-JUANA 

Rechazándole. 

¡Qué jactancia! ... 
¡ Si a tres leguas de distancia 
váis oliendo a sacristía ! . . . 

Todos ríen. 



201 



BOLIVAR * 
MATEO EL SEMINARISTA 

Echándole el tufo a Mari- Juana. 

¿Huele, y dime a lo que huelo! . . . 
MARI-JUANA 

Con repugnancia dándole un empellón. 

¡ A aguardiente ! . . . 

a 

MATEO EL SEMINARISTA 

l Irreverente, 
santigúate ! . . . ¡El aguardiente 
es el perfume del cielo ! . . . 

lluevas riéas en el grupo. 

TOMAS SANCHEZ 

A Mari-Juana, levantando penosamenle su cabeza entrapajada. 

i 

¡Dadme agua, que me abraso! ... 

£1 grupo de la derecha se Vuelve hacia Tomás, para socorrerle. 

MARI-JUANA 

Disponiéndose a salir por la puerta de la derecha. ' i 

¡ El agua voy a buscar ! . . . 
MATEO EL SEMINARISTA X « 

Deteniéndole p llenando una totuma de aguardiente y dándosela 
Juana. 

I Llena de aguardiente un vaso, 
que ya lo dice el cantar: 

202 



i 



icio III * BOLIVAR 

— '* Beber aguardiente puro 
mandan las antiguas leyes . . . 
¡ Que beban agua los bueyes . . . 
que tienen el cuero duro ! . . . 

Todos vuelven a reir. 

MARI-JUANA 

Aproximándose solícitamente al herido y dándole la lolama. Tomás Sán- 
chez se incorpora con trabajo y bebe febrilmente. Mateo el Seminarista y 
Cuillén Torres se aproxima también. 

¡ No puedes tenerte en pié ... 

Le toma las manos al retirarle la totuma. 

' \ Tienes fiebre ! . . . 
TOMAS SANCHEZ 

Irguiéndose en un esfuerzo que salta a la vista. 

l Me da igual ! . . . 
MATEO EL SEMINARISTA 

I Sosteniéndole, mieniras el herido bebe de nuevo ansiosamente. 

' Si estás enfermo, c por qué 

no te has ido al hospital ? . . . 

i TOMAS SANCHEZ 

Reanimándose. 

Mientras un fusil yo pueda 
en mis manos sostener, 
suceda lo que suceda, 

203 



BOLIVAR 



en mi puesto me han de ver, 
aun cuando para cumplir 
con tan santa obligación, 
a rastras tenga que ir 
detrás de mi batallón ! 
i Cómo quieres que me vaya 
mis heridas a curar, 
si mañana va a empezar 
nuevamente la batalla, 
y en ella estoy decidido 
a devdlverle a los godos, 
con grandes réditos, todos 
los golpes que he recibido ! . . 

GUILLEN TORRES 

¡Va a ser dura la pelea, 
pues con cinco mil soldados 
valientes y bien armados 
Monteverde nos rodea ! . . . 
¡ Terrible será el asedio 
que vamos a resistir, 
y no queda otro remedio 
que triunfar o sucumbir ! . . . 

TOMAS SANCHEZ 

¡Esta lucha, nueva gloria 
a nuestras armas dará. 



do II! 



BOLIVAR 



que donde Bolívar va 
le precede la victoria ! . . . 
l Y que lo digan si no 
Niquitao, los Horcones, 
Teguanes, y cien acciones 
donde su genio arrolló 
a las huestes del tirano ; 
y en nueve meses apenas 
dejó libre de cadenas 
al pueblo venezolano! 

MATEO EL SEMINARISTA 

¿Y cuándo entraste en campaña?. . . 

TOMAS SANCHEZ 

Desde Cúcuta . . . Tenía 
una hacienda en la montaña 
tan pmgüe que producía 
con holgura mi sustento . . . 
Cuidaba la sementera 
cuando, desplegada al viento, 
nuestra gloriosa bandera 
cruzar, de repente, vi; 
y dejando abandonado 
en los surcos el arado, 
tras la bandera corrí. 



205 



BOLIVAR 



dispuesto a perder la vida 

a darme muerte yo mismo, 
antes de verla abatida 

a los pies del despotismo ! . . . 
¡De vivir entre leones 
también me torné león! , . . 
Tomé parte en veinte acciones ! . . . 
i^ué una hazaña cada acción, 
y una herida cada hazaña ; 
¡y en mi cuerpo hecho pedazos 
la historia de esta campaña 
la tengo escrita a balazos! . . . 

MARI-JUANA 

Entusiasmada, abrazándole. 

1 Bieij merece este valiente, 
por su amor a la bandera, 
que le dé esta cantinera 

otro trago de aguardiente ! . . . 

MATEO EL SEMINARISTA 

A Mari- Juana. 

Puesto que la heroicidad 

es el único sostén 

de tu generosidad, 

daipe a mí un trago también, 

porque he sido un héroe, Juana! 



206 



/// 



BOLIVAR 



MARI-JUANA 

Riéndose ^ sirviéndole aguardiente a los tres. 

Mas, dime ¿cómo has trocado 
por las galas de soldado, 
el manteo y la sotana? . . , 

MATEO EL SEMINARISTA 

En el Táchira, iba yo 

mi primer misa a cantar, 

cuando Bolívar entró 1 

con sus tropas, al lugar. 

Desde su blanco corcel 

arengaba a los soldados, 

que temblaban apiñados 

de entusiasmo en torno de él ; 

y hasta el potro relinchaba, ( 

revuelta al viento la crin, 

porque su voz resonaba 

como si fuera un clarín! ^ 

Así Bolívar decía: 

— **Soldados republicanos; 

las armas libertadoras 

que con tanta bizarría 

empuñáis en vuestras manos, 

respíandecen vencedoras ! 

i En dos meses, dos campañas 

pregonan vuestras haziañas ! . . . 



14 



207 



BOLIVAR * Acto III 

Y espero que en la tercera ' 

que comienza en este instante» 

con heroico frenesí 

nuestra gloriosa bandera 

habréis de llevar triunfante 

al país donde nací! — 

i A Caracas! ... y lo mismo 

que, de infieles, los cruzados 

libraron Jerusalén, 

la cuna del cristianismo, 

¡Vosotros, nobles soldados, i 

id a redimir también 

la generosa ciudad, 

cuna de la Libertad! . . . " — 

Por su acento alucinado 

el breviario olvidé; , 

vestí el traje de soldado, 

y a sus huestes me agregué. . . 

¡Desde entonces, Mari-Juanaf 

en tierra venezolana, 

si echas cuentas y son buenos 

tus cálculos, hallarás ' 

que hay un patriota más ^ 

y un seminarista menos ! . . . 

Todos ríen. José Antonio el Zambo, Agustín el Mulato, y los soldados de 
jan de jugar p se aproximan al grupo. 

*> 

208 



Acto m * BOLIVAR 
JOSE ANTONIO EL ZAMBO 

A Mari- Juana. 

l Mari-Juana, unas maracás 
y un "cuatro" para cantar 
al estilo de Caracas ! . . . 

AGUSTIN EL MULATO 

a Mari- Juana. 

¿Quieres conmigo bailar 
un joropo, Mari-Juana? 

MARI-JUANA . 

El baile penas divierte. . . 
¡ Y quién sabe si mañana 
bailaremos con la muerte! 

Entra A; sale rápidamente por la puerta de la derecha. Trae dos maracas y urs' 
cuatro. Los soldados se aproximan p forman corro. Dos de ellos tocan las 
maracas j; José Antonio el Zambo pulsa el cuatro, p entre las risas \? la al- 
gazara de todos, en medio del corro, Mari-Juana }) Agustín el Mulato, em- 
piezan a tejer los primeros compases del joropo : una danza que confunde: 
en sus giros, salvajismos africanos, gracia española p languideces criollas. 

MATEO EL SEMINARISTA 

Cantando mientras la pareja danza. 

¡Con la cabeza de Boves 
dos totumas voy a hacer, 
para que Fernando Séptimo 
en ellas tome café ! 

Resuena de pronto un redoble de tambores. La música cesa }) todos los sol" 
dados corren a recoger sus armas. 



209 



BOLIVAR * Aclo 



ESCENA SEGUNDA 

DICHOS, DON VICENTE CAMPo'-ELlAS, EL CAPITAN 
GUMERSINDO LOPEZ Y EL MULATO MACHADO 

Por la puerta de la derecha aparecen el coronel Don Vicente Campo-Elí^s, 
el capitán Gumersindo López y el Mulato Machado, de oficial de patriotas. 
£,sie último penetra envuelto en su cobija como en una capa y con el ala 
del sombrero caída sobre los ojos. Los soldados se cuadran. 

\DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

.j4Z capitán Gumersindo López. 

¡Relevad Icis avanzadas 
y aumentad los centinelas ; 
y que a mansalvá fusilen 
a quien no dé el santo y seña ! 

GUMERSINDO LOPEZ 

Del manco de Tocoragua ^ 

¿qué hacemos? - 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Lo que se ordena. 
La Ley de Trujillo: ahorcarle! . . . 

EL MULATO MACHADO 

Interviniendo, con intención. 

Coronel, es buena presa, 



210 



Acto III * BOLIVAR 

pues según dice la gente 
tiene más oro que pesa ! . . . 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Al capitán. 

\ Pues, pesadle, y si mañana 
su peso en oro no entrega, 
antes que empiece el combate 
que se cumpla la sentencia! 

A una indicación de Campo-Elias, desfilan los soldados por la puerta de la 
derecha, en culpo diniel, como esperando órdenes, permanece el Cabo Ttu-^ 
jillo. 

GUMERSINDO LOPEZ 
cY los demás prisioneros? 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Con severidad. 

Capitán, tened en cuenta 
que prisioneros no deben 
existir en esta guerra, 
¡ y que a la patria traiciona 
quien da asilo a la clemencia ! 
¡ Montad un cuerpo de guardia 
con lo mejor de la fuerza, ^ 
que Bolívar esta noche 
viene a dormir a esta hacienda ! . . . 
Dadle el mando de esa guardia 



211 



BOLIVAR 



Acto III 



al oficial. . . 

Señalando al Mulato Machado. 

¡y que sean 
cumplimentadas mis órdenes 
antes que Bolívar vuelva! 

Sale por la puerta de la izquierda. 



ESCENA TERCERA 

EL MULATO MACHADO. EL CAPITAN GUMERSINDO LOPEZ 
Y EL CABO TRUJILLO 

GUMERSINDO LOPEZ 

Por Campo-Elias. 

¡Este español es de hierro! 

EL MULATO MACHADO 

i Es un hombre en una pieza ! 

GUMERSINDO LOPEZ 

De todos los españoles 
que siguen nuestras banderas, 
es, si no el más valeroso, — 
porque aún Villapol alienta, — 
el que más tenaz y duro 



212 



Acto III * BOLIVAR 

en esta lucha se muestra! 

Me voy a cumplir sus órdenes. . . 

Saliendo por la puerta de la derecha. 

EL MULATO MACHADO 
¡Aquí espero yo las vuestras! 

ESCENA CUARTA 

EL MULATO MACHADO Y EL CABO TRUJÍLLO 
EL MULATO MACHADO 

Con voz sorda. 

¡Venganza, por fin llegaste, 
que a aquel que tiene paciencia 
y sabe esperar su hora, ^ 
todo en el mundo le llega ! . . . 
El suplicio de tu padre 

Dirigiéndose al Cabo Trujillo y tomándole violentamente por el brazo. 

vengar, Trujillo, deseas?. . . 
EL CABO TRUJILLO 

Como enloquecido por el recuerdo. 

¡ Cuando en mitad de la plaza, 
junto a la cruz de la Iglesia, 
mis ojos vieron del tronco 



213 



BOLIVAR 

separada su cabez^a, 
tomándola entre mis manos 
y ambas rodillas en tierra, 
mientras mis labios cerraban 
sus pupilas entreabiertas, 
¡juré por Dios y el infierno, 
tomar venganza que hiciera 
gruñir de miedo y de espanto 
a los tigres de las selvas ! . . . 
Una ley, la de Trujillo, 
fué causa de su condena; 
¡y la firma de Bolívar 
esa ley dé sangre lleva ! . . . 

Y a Bolívar, desde entonces, 
mi feroz venganza acecha, 
como acechan los caimanes 
en la corriente su presa : 

el cuerpo oculto en las aguas 

y sólo los ojos fuera, 

como dos llamas de odio 

que en las sombras zigzaguean ! . . . 

Y viendo que mi venganza 
de lejos difícil era, 

me uní con los insurgentes 

para espiarle de ^eeróa, 

y hallar la ocasión propicia 



214 



- ido 111 * BOLIVAR 

en que mi rencor pudiem, — 
como víbora que, cauta, 
se desliza entre la hierba, — 
verter en él las ponzoñas 
que en sus entrañas encierra ! 

EL MULATO MACHADO 

¡Dale ya gracias al cielo, 
que la ocasión nos presenta 

' de que vengues a tu padre 

! y yo castigue mi afrenta, 

pues Bolívar esta noche 
solo a nuestro arbitrio queda! 
i Tu vengas a tu padre, y yo 
de un tiro mato dos piezas, 
saciando en él mis rencores 
y mis venganzas en ella ! . . . 

EL CABO TRUJILLO 

'i 

Pero doña Josefina . . . 

EL MULATO MACHADO 

¡De Bolívar no se aleja! ... 

Con él salió de Caracas, 
i desembarcó en Cartagena; 

! y, cual su sombra, le sigue 

en once meses de guerra ! . . . 



215 



BOLIVAR 



Cuando lo supe, pedíle 
a Monteverde licencia, 
para, en calidad de espía, 
incorporarme a las fuerzas 
patriotas. . . ¡y hace dos meses 
que combato al lado de ellas, 
soñando siempre encontrar 
una ocasión como esta ! . . . 

EL CABO TRUJILLO 

Pero, dime, cY si Bolívar 
a reconocerte llega ? . . . 

EL MULATO MACHADO 

I Un suplicio más terrible 

que el de tu padre me espera ! . . . 

Mas, nada gana en el mundo 

quien nada en el mundo arriesga ! . . . 

Además, para evitarlo 

ya tomé mis providencias! 

Tú te quedarás al frente 

de la guardia cuando él venga . . . 

Yo al campamento realista 

avisaré el santo y seña, 

para que cuando se apague 

ese farol, nos sorprendan. . . 

..Señalando el farol del arco del centro. 

216 



cto III * BOLIVAR 



EL CABO TRUJILLO 
Mas, si Bolívar se salva. . . 

EL MULATO MACHADO 

Trujillo, ¿acaso tú piensas 
que pueda temblar mi mano 
cuando el corazón lo hiera?. . . 
¡Con la luz de esa farola 
se apagará su existencia ! . . . 

EL CABO TRUJILLO 

Mas, si tú le das la muerte, 
a mi venganza iqué dejas? . . . 

EL MULATO MACHADO 

¡ Si me falla el primer golpe, 
puedes darle cuantos quieras ! . 
Tú, encárgate de la guardia; 
lo demás es de mi cuenta ! . . . 

EL CABO TRUJILLO 
Mas, iq\xé harás? . . . 

EL MULATO MACHADO 

Con el pretexto 
de mudar los centinelas, 
a las tropas enemigas 



217 



BOLIVAR 



Acto IIt\/i 



voy a dar el santo y seña ! . . . 

Cuando él llegue, y se retire 

a descansar, esta hacienda 

con gente de confianza 

cautelosamente cerca; 

apagas esa farola, 

y, entonces, en las tinieblas 

realizarán nuestras manos 

lo que ahora céfllan las lenguas ! . . . v 

Se Vuelve a escuchar un redoble de tambores, el Cabo Trujillo se asoma al 
arco del centro. 

EL CABO TRUJILLO 
¡A caballo, con la dama 
Bolívar hasta aquí llega! ... 

EL MULATO MACHADO 

i Gracias, cielos, que la hora 

de mi venganza se acerca ! . . . 

No olvides lo convenido. . . 

Me marcho, que el tiempo apremia, 

y no quiero que perdamos 

una ocasión como esta! ... 

Sale precipitadamente por la puerta de la izquierda, mientras el Cabo Tru- 
jillo se dirige hacia la de la derecha. ' 



218 



I 



I 



/// 



BOLIVAR 



ESCENA QUINTA 

DON VICENTE CAMPO^ELIAS Y EL CABO TRUJILLO 
DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Entrando por la puerta de la derecha. El Cabo se cuadra. 

¿Y el oficial de la guardia?. . . 

EL CABO TRUJILLO 
Entregóme el mando, mientras 
en los puestos avanzados 
releva a los centinelas ! . . . 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 
El General ha llegado ... 
Tomad vuestras providencias, 
para que mientras descansa 
nadie a importunarle venga ! . . . 

EL CABO TRUJILLO 

i Ya veréis, mi comandante, 

cómo mi lealtad lo vela ! . . . ^ 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

¿Que nadie, sin orden mía, 

cruce el umbral de esas puertas ! . . . 

ÉL CABO TRUJILLO 

] En todo serán cumplidas, 

/ 

219 



1 



BOLIVAR ^ Acto Iim 

señor, vuestras advertencias ! . . . 
Algo más queréis ? . . . 

DON VICENTE CAMPD-ELIAS 

No, idos 
a distribuir la fuerza ! . . . 

Sale el Cabo TrujíUo, después de saludar militarmente a Campo-Elias, pot 
la puerta de la derecha. 



ESCENA SEXTA 

JOSEFINA MACHADO, SIMON BOLIVAR, ZINGARELLO,, 
DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Por la puerta de la izquierda aparecen Doña Josefina, Simón Bolívar )) Zin- 
garello, este último en traje de oficial. 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Saludando a Bolívar e inclinándose gentilmente ante Doña Josefina. 

l General ! . . . ¡ Señora mía ! . . . 
BOLÍVAR 

Estrechando la mano de Campo-Elias. 

Don Vicente, alojamiento 
por esta noche os pedimos ... 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

I Gran merced me hacéis con ello ; 
y solo, señor, deploro 



220 



meto 111 ^ BOLIVAR 



en tan críticos momentos, 
el no tener un alcázar 
para poder ofrecéroslo! 

BOLIVAR 

¿Qué tal las tropas? . . . 

DON VICEiNTE CAMPO-ELIAS 

¡ Ansiando 
conquistar laureles nuevos 1 .\ . 

BOLIVAR 

¿Y están bien municionadas?. . . 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

¡ Municiones no tenemos ! . . . 

Mas, teniendo el enemigo 

i Quién se preocupa por eso ! . . . 

BOLIVAR 

Antes de dar la batalla, — 
pues el caso es grave y serio, 
escuchar las opiniones 
de algunos jefes deseo. ... 
Convocadlos vos ahora, 
que aquí mismo los espero! 
A Girardot y a Urdaneta . . . 



221* 



BOLIVAR * 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 
Mi general, tomo presto! 

Saluda y sale por la derecha. 

ESCENA SEPTIMA 

SIMON BOLIVAR, DOÑA JOSEFINA MACHADO 
Y ZINGARELLO 

BOLIVAR 

A Zmgarello. 

Los jinetes de mi escolta 
que todos estén dispuestos 
para partir, porque antes 
que la lucha dé comienzo, 
dejar a Doña Josefa 
en lugar seguro quiero! 
Con el mando de esa escolta 
a tus lealtades entrego 
la prenda de más valía 
que en este mundo poseo ! . . . 

¿ÍNGARELLO 

Aunque ser depositario 
de joya tal no merezco, 
confiádmela podéis, 



222 



/// 



BOLIVAR 



seguro, que Zingarello 
por honrarla y defenderla 
la vida diera contento ! . . . 
Por lo demás, vuestra escolta 
siempre, para todo evento, 
la encontraréis prevenida, 
porque en estos duros tiempos 
de sorpresas y traiciones, 
de peligros y de riesgos, 
los que os custodian, no deben 
conocer, señor, el sueño! ... 

BOLIVAR 

Eres valiente y astuto ... 
ZINGARELLO 

Pienso mal, y siempre acierto! . . . 

Soy romano, y los romanos 

por instinto conocemos 

el veneno que da muerte 

y la triaca que ha tiempo 

con sus virtudes anula 

los efectos del veneno, 

porque del Mal y el Bien somos 

y fuimos siempre maestros ! . . . 

i Dormid tranquilo, señor, 

si un romano os vela el sueño ! . . . 



15 



223 



BOLIVAR 



Acto III 



BOLIVAR 

Escuchándote, mi espíritu 

se torna firme y sereno, 

y más dueño de sí mismo, ' 

cual si en tu voz, Zingarello, 

su experiencia el Viejo Mundo 

le infiltrase al Mundo Nuevo ! . . . 

Marcha a cumplir mis mandatos; 

que agradecido te quedo, 

por las finas atenciones 

y la lealtad que te debo ! . . . 

Sale Zingarello, por la puerta de la derecha. Doña Josefina Machado, que 

ha permanecido reclinada en el barandal del arco del centro, como absorta , 

en el misterio de la noche, se vuelve lentamente hacia Bolívar. 

ESCENA OCTAVA 

SIMON BOLIVAR Y DOÑA JOSEFINA MACHADO 
JOSEFINA MACHADO 

Con voz resuelta, avanzando hacia Bolívar. 

\ Yo no parto esta noche ! . . . 
BOLIVAR 

Sin poder vencer sus graves preocupaciones. 

¡Qué locura! ... / 
cTú no sabes que a ser va la jornada. 



224 



Acto III * BOLIVAR 



como ninguna, peligrosa y dura? ... 
Tres mil hombres nos cercan ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

Mas, tu espada, 
para de lauros coronar tu frente 
y con sus hechos asombrar la Historia, 
sabrá romper el cerco, y nuevamente 
ha de abrirse un camino : el de la gloria ! . . . 

BOLIVAR 

De España, al enemigo le han llegado 
refuerzos. . . 

JOSEFINA MACHADO 

Con altivez. 

Mas, Bolívar no ha contada 
jamás sus enemigos! . . . Sólo sabe 
atacar y vencer ! . . . 

BOLIVAR 

¡ El caso es grave ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

¡ Pues, por ser grave el caso, aquí me quedo, 
como espejo y ejemplo del soldado, 
no vaya a murmurar algún menguado 

225 



BOLIVAR * - Acto 

—A la lucha Bolívar tiene miedo 
cuando aleja a su amada dé su lado! ... 

BOLIVAR 

¡ Mas, ved que no hay cuartel ! . . . Y si la suerte 

mañana nos negase sus favores, 

i no tendrán compasión los vencedores ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 

X Acaso no sentí silbar la muerte, 

a tu lado, en diez meses de campañas, 

sin que palideciera mi semblante, 

ni temblasen siquiera mis pestañas ? . . . 

Desde Caracas, con pasión de amante 

y humildades de sierva, ¿no he seguido 

tu éxodo de esperanzas y dolores, 

dándote en la ilusión de mis amores, 

para hacer tu destierro más florido 

toda mi vida transformada en flores ? . . . 

En horas de amargura y de acechanza, 

cuando todo perdido parecía 

y hasta era un imposible la esperanza, 

¿no compartí contigo la osadía 

de soñar una patria sin cadenas, 

libre como los cóndores andinos ! . . . 

Mis pies sangraron todos tus caminos ! . . . 

Desembarqué contigo en Cartagena, 



226 



Acto III 



BOLIVAR 



y asistí, en el Jordán del Magdalena, 

al bautismo inmortal del patriotismo . . . 

Galopando a los bordes del abismo 

te vi cruzar las cumbres de los Andes, 

¡ y los Andes parecen menos grandes 

ante la excelcitud de tu heroismo ! . . . 

Después, con tus tropeles de centauros,' 

la sien ceñida de inmortales lauros, 

te ha contemplado, en éxtasis, mi anhelo, 

resucitar en Cúcuta y Taguanes 

el mito inmemorial de los titanes 

que escalaron las cúspides del cielo, 

para arrancar con sus potentes manos 

el rayo que fulmina a los tiranos ! . . . 

A tu lado, por bosques y montañas, 

y en la paz infinita de los llanos, 

en diez meses de homéricas hazañas, 

te vi retar indómito a la suerte 

y vencer los peligros cara a cara . . , 

¡y te besé la mano que firmara, 

en Trujillo, la Ley de Gueira a Muerte, 

porque es un reto audaz en sangre escrito 

que noblemente y a luz del día, 

arrojaste a la faz del infinito, 

para inmortalizar tu rebeldía í . . . 

Yo vi la patria desangrada y muerta 



227 



BOLIVAR 



Acto 



en el más duro oprobio sepultada . , . 

Mas, de pronto, tu voz clamó irritada, 

igual que Cristo a Lázaro: — ¡Despierta!. . . 

Y al golpear su tumba con tu espada, 

se abrió la tumba, y de su tumba abierta 

volvió a surgir la patria inmaculada, 

en un nuevo y feraz resurgimiento 

de libertad, de amor y primavera, 

desplegando a las ráfagas del viento 

la gloria tricolor de su bandera ! . . . 

BOLIVAR 

Que ha ido exaltándose con la embriaguez heroica de las palabras de Doña 
Josefina, la estrecha apasionadamente entre sus brazos. 

¡Aquí te quedarás! ... ¡Y, aunque arreciara 

el universo entero en contra mía, 

si esa voz en mi oído resonara, 

al universo entero vencería ! . . . 

Sólo la gloria y el amor redimen 

el tedio insoportable de la vida; 

Besándola con apasionamiento. 

¡y amor y gloria por tus labios gimen 

una salutación de bienvenida ! . . . 

¡Gloria y Amor; vuestra embriaguez sagrada 

ofreced a la par al labio mío. 



228 



Acto III * BOLIVAR 

que el Mundo sin la gloria está vacío, 
y fuera del amor no existe nada ! . . . 

Permanecen un inslanie abrazados, bajo el arco del centro, bebiéndose el al- 
ma por los labios. Zingartllo aparece en el dintel de la puerta de la dere- 
cha. Al rumor de los pasos los amantes se separan. Bolívar se adelanta al 
encuentro del recién llegado, mientras Doña Josefina Machado permanece 
reclinada en el barandal del arco del centro. 

ESCENA NOVENA 

DICHOS Y ZINGARELLO 

ZINGARELLO 

Aquí se acercan los jefes 

que por vos llamados fueron ... 

BOLIVAR 

Zingarello, a la señora 
condúcela a su aposento ! . . . 

Doña Josefina se aproxima. 

JOSEFINA MACHADO 
Durará mucho la junta? ... 
BOLIVAR 

Apenas unos momentos, 

pues tus amantes palabras 

me dieron impulsos nuevos ! . . . 

Pesaré las opiniones 

de mis bravos compañeros. 



229 



BOLIVAR 



Acio III 



y resolveré en séguida 

lo que ya tengo resuelto ! . . . 

Esta noche, vida mía, 

por tu amor capaz me siento 

de conquistar uno a uno 

todos los astros del cielo, 

para hacerte una corona * 

y ceñirla a tus cabellos ! . . . 

Se inclina galantemente }) le besa la mano. Doña Josefina, precedida de Zin- 
garello, sale por la puerta de la izquierda. Por la derecha aparecen don Vi' 
cenie Campo-Elias, Atanasio Cirardot, Rafael Urdaneta j; Giovanni Bianchi. 



ESCENA DECIMA 

SIMON BOLIVAR, DON VICENTE CAMPO-ELIAS, ATANASIO 
CIRARDOT, GIOVANNI BIANCHI Y DON RAFAEL 
URDANETA 

Cirardot es joven i; rubio, arrogante e impetuoso. Rafael Urdaneta tiene ape- 
nas veinte ^ cinco años. Naturaleza aristocrática. Perfil de medalla, frente 
pensadora ^ mirada serena. Modales distinguidos, espíritu heroico de sacri- 
ficio }) seguridad absoluta de sí mismo. Su hablar es reposado y grave, aun- 
que lleno de calor p de vida. Todos lucen vistosos uniformes. Bianchi con- 
tinúa con su traje de corsario mediterráneo _y su aro de oro en la oreja dere- 
cha. El sol de los trópicos ha bronceado aún más su tez de pirata argelino. 
Todos saludan militarmente a Bolívar. 

BOLIVAR 

Después de haber correspondido, con un fuerte apretón de manos, al saludo 
de los oficiales. 

¡Soldados del honor, libertadores * 



y 230 



* 



do lll * ■ B o L.I V A R 



antes que vibre el toque de diana, 
quiero saber vuestra opinión, señores ! . . 
En medio de dos fuerzas superiores, 
la prez de los ejércitos de España, 
al pie de estas montañas nos hallamos, 
¡ y en un solo combate a arriesgar vamos 
los triunfos de diez meses de campaña ! . 



Sobre el sonoro estruendo de las olas, 

con el velamen desplegado al viento 

miré cruzar las naves españolas ; 

y os puedo asegurar con fundamento, 

pues muy cerca, al pasar, las he mirado, 

que son lo menos diez embarcaciones 

cargadas de soldados y cañones, 

las que a Puerto Cabello han arribado ! . 

Atacar, me parece una locura ; 

y es jugarse la vida inútilmente 

buscar en los combates sepultura ! . . . 

¡Segregad en guerrillas nuestra gente, 

que estos son los ardides militares 

que suelen emplearse en esta guerra ! . . . 

¡Sin compasión, piratear por tierra. 



de la América Hispana, 



BIANCHI 



Adelantándose a todos. 



231 



BOLIVAR 



Acto 



como yo pirateo por los mares ! . . . 

Bolívar se pasea agitado por la estancia. Algunos ceños se fruncen de in- 
dignación. 

RAFAEL URDANETA 

Inclinándose sobre la mesa j; señalando dos planos militares. ^ 

I La situación es crítica ! . . . De un lado 
el Bárbula y del otro las trincheras . . . 
Construyamos un campo atrincherado; 
repleguemos en él nuestras banderas, 
y esperemos tranquilos la embestida, 
pues en esta llanura, 
pueden nuestros jinetes, con bravura 
ganar, como en Taguanes, la partida. 
Y en caso adverso, su gloriosa espada 
prolongaría nuestra resistencia, 
protegiendo a la par la retirada 
para fortificarnos en Valencia ! . . . 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 
Yo al mismo Monteverde atacaría 
en Las Trincheras, y su campamento 
sin piedad a cuchillo pasaría. . . 
Prendiera fuego a todo, y, luego al viento 
¡ las cenizas de todos echaría ! . . . 

ATANASIO GIRARDOT 

Yo opto también, señor, por el asalto, 

que la pasividad me desespera ! . . . 



232 



Acto III 



» 



BOLIVAR 



BOLIVAR 

Deleniéndose súbitamente }) encarándose con Cirardot. 

¡Pues, mañana, del Bárbula en lo alto 
plantaréis, vencedor, nuestra bandera ! . . 
Ha sido Monteverde un imprudente 
al dividir su gente, 

interponiendo entre los dos un llano. . . 
El Bárbula mañana asaltaremos . . . 
Si socorrerlo intenta, será en vano, 
porque en el llano le destrozaremos; 
que siempre ha sido la caballería 
el gran factor del triunfo en las llanuras . . 
¡Y iqué otra fuerza resistir podría 
los corvos sables y las lanzas duras, 
que en sus potros salvajes y ligeros, 
entre alaridos y entre maldiciones, 
esgrimen nuestros épicos dragones 
y blanden nuestros típicos llaneros ? . . . 
Hay que tomar el Bárbula mañana, 
mientras yo, interceptando la sabana, 
ataco en su refugio a Monteverde . . . 
i Cada nuevo minuto que se pierde 
es un combate que el contrario gana ! . . . 
Hay que tener la rapidez del rayo, 
y luchar sin descanso y sin desmayo 
para desconcertar al enemigo, 



233 



BOLIVAR 



hasta obligarlo con la lanza al cuello 

a encerrarse otra vez bajo el abrigo 

de los cañones de Puerto Cabello ! . . . 

Todo el país se ha armado en contra nuestra ! . 

Vacilar es morir ! . . . La menor muestra 

de cansancio o temor nos destruiría ! . . . 

La infamia acecha y la traición espía ; 

el pesimismo infunde su presagio ! . , . 

¡ Splo la rapidez y la energía 

pueden salvar la patria del naufragio ! . . . 

Para saciar su fanatismo ciego, 

Yanez y Cervériz, a sangre y fuego 

devastan las campiñas de occidente ; 

y por los llanos galopar se siente 

como tormenta que tronando avanza, 

Boves, que, roja de matar su lanza, 

con los fulgores de sus ojos fieros 

azuza a la embriaguez de la matanza 

el instinto brutal de sus llaneros ! . . . 

Uno a uno, cual fieras alimañas, 

hay que cazarlos antes que reunidos 

acaben con los triunfos conseguidos 

en diez meses de épicas hazañas ! . . . 

¡Soldados del deber, libertadores 

de la América Hispana, 

descansad porque al son de los tambores, 

234 , 



Acto III 



BOLIVAR 



el Sol naciente alumbrará mañana 

sobre estos verdes bosques tropicales, 

la más heroica hazaña que la Gloria 

esculpió, en caracteres inmortales, 

en las tablas de bronce de la Historia ! . . . 

Atanasio Cirardot, Gtovanni Bianchi, Rafael Urdanela, saludan a Bolívar 
^ salen por la puerta de la derecha. Bolívar después de saludar a Do,x Vi- 
cente Campo-Elias, desaparece por la puerta de la izquierda. Campo-Elias 
se aproxima también a la puerta de la derecha, y en ella aparece el Cabo 
Trujillo, como si hubiese estado esperando órdenes. 

ESCENA ONCE 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS Y EL CABO TRUJILLO 
EL CABO TRUJILLO 

Cuadrándose ante Campo-Elias. _ 

Mi comandante, a sus órdenes! ... 
DON VICENTE CAMPO-ELIAS 
La guardia del General ... 
EL CABO TRUJILLO 
Está montada en sus puestos ! . . . 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 

Me retiro a descansar, 
que mañana va a ser dura 



235 



BOLIVAR * Acto III 

la refriega . . . ¡ Vigilad 
esta estancia y avisadme 
si ocurriese novedad! ... 

Saluda }) sale por la puerta de la derecha. El Cabo Trujillo se mclina so- 
hre el barandal, como si esperase algo. Después se vuelve recatadamente 
}f sopla el farol que pende del arco central. La escena queda sin más cía' 
ridad que el fulgor como de azabache de la noche estrellada, que penetra 
por los huecos de los arcos. 

ESCENA DOCE 

EL CABO TRUJILLO Y LA VOZ DE LOS CENTINELAS 

VOZ DE CENTINELA 
i Centinela, alerta, alerta 1 . . 
OTRA VOZ 

Más lejana. 

i Centinela, alerta está ! . . . 
EL CABO TRUJILLO 

Estremeciéndose a la voz del centinela. 

l Mucho mejor, centinelas, 
que vuestra insomne lealtad, 
le vigila mi venganza 
con la mano en el puñal ! . . . 

Pequeña pausa. Se acerca a la puerta de la derecha, observa J> la cierra cau- 
telosamente. Después se aproxima a la izquierda permanece un instante 
espiando. 



236 



cto 111 



BOLIVAR 



¡Todo quedóse sumido 
en una paz sepulcral ! . . . 
En venir tarda el Mulato, 
y para mi ardiente afán 
cada minuto que pasa 
es como una eternidad ! . . . 

Por el hueco del arco central se encarama cautelosamente una sombraí El 
Cabo Trujillo se desliza hasta ella. ^ 

ESCENA TRECE 

EL MULATO MACHADO. EL CABO TRUJILLO Y VOCES 
DE CENTINELAS 

EL MULATO MACHADO 

¡Llegó el momento, Trujillo! ... 
Con rapidez hay que obrar, 
porque las tropas realistas 
aquí se encaminan ya ! . . . 
¿ Conoces el aposento ? . . . 

EL CABO TRUJILLO 

Á mano derecha está 

del corredor, y la llave 

conseguí inutiHzar ! . . . 

A tí te dejo la dama; 

yo me encargo del galán ! . . . 



237 



BOLIVAR 



Acto 



EL MULATO MACHADO 

Impulsando al Caho Trujillo hacia la pueria de la izquierda. 

l Pues, adelante ! . . . 

ELXABO TRUJILLO , 

i Adelante ! . . . 
¡ Crees tú que voy a temblar, 
cuando hasta la cruz, le hunda 
en el pecho este puñal ! . . . 

Los dos desenvainan sus puñales y avanzan cautelosamente. 

EL MULATO MACHADO 

¡Todo cuanto he padecido 
bien vale el goce infernal 
que mi odio saborea 
su venganza al consumar ! . . . 

De pronto rasga el silencio la voz lejana del centinela. Los Aos se detienen 
cerca del umbral, estremecidos de pavor. 

VOZ DE CENTINELA 

i Centinela, alerta, alerta L . . 

OTRA VOZ 

Más lejana. 

¡ Centinela, alerta está ! . . , 

EL MULATO MACHADO 
l Y ahora, firmeza en el pulso 



238 



Acto III * BOLIVAR 

para poder asestar 

certera la puñalada ! . . . 

¡ Y que Dios y Satanás, 

de Bolívar y su dama 

tengan a un tiempo piedad! ... 

Empujan la hoja de la puerta de la izquierda, i; penetran por ella, con los 
puñales desenvainados. Hay un momento de silencio. El alba empieza a azu- 
lear en la lejanía, tímidamente. La escena queda sola. De súbito resuena un 
disparo, \j salen precipitadamente por la puerta de la izquierda el Mulato 
Machada l; el Cabo Trujillo. El primero avanza, tambaleándose, con la 
mano apoyada en el pecho. El segundo corre hacia el arco del fondo. Tras 
ellos aparece Zingarello, con una pistola humeante aun en la mano, ]; en 
la otra la espada. Escena rápida. 



ESCENA CATORCE 

ZINGARELLO. EL MULATO MACHADO Y EL CABO 
TRUJILLO 

EL MULATO MACHADO 

Tambaleándose, y yendo a caer junio a la mesa del centro. 

¡ Maldición ! . . . 

EL CABO TRUJILLO 

Corriendo hacia el arco del centro. 

¡Nos ha fallado 

el golpe ! . . . 



16 



239 



BOLIVAR, » Acto 



EL MULATO MACHADO 

Expirando. ^ 

¡ Me muero ! . . . 

ZINGARELLO 

Persiguiendo a el Cabo Trujillo. 

¡Atrás!... 
i Traición que trama la envidia 
la deshace la lealtad ! . . . 

Vuelve a disparar sobre la sombra del Cabo Trujillo que salla por el ba- 
randal; resuena un grito, j; por la puerta de la derecha aparecen Don Vi- 
cente Campo-Elias, Atanasio Cirardot, Rafael Urdaneta, Ciovanni Bianchi, 
Cuillén Torres, Maleo el Seminarista V soldados. Los oiiciales entran con 
las espadas desnudas y los soldados con antorchas y farolas. Por la puerta de 
la izquierda también aparece Simón Bolívar con la espada desnuda. Gran 
movimiento escénico. En las cumbres empieza a clarear el día. 

ESCENA QUINCE 



DON SIMON BOLIVAR, RAFAEL URDANETA, DOÑA JOSEFI- 
NA MACHADO, ZINGARELLO, DON VICENTE CAMPO- 
ELIAS, EL MULATO MACHADO, ATANASIO CIRAR- 
DOT, CIOVANNI BIANCHI, MATEO EL SEMINA^ 
RISTA, GUILLEN TORRES, OFICIALES Y 
SOLDADOS 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 
Mas, iqué pasa? ... 



240 



Acto ¡II 



BOLIVAR 



ATANASIO GIRARDOT 

c Qué sucede ? . . . 

ZINGARELLO 
Señores, al General 
¡dos traidores intentaron 
esta noche asesinar ! . , . 
El uno cayó sin vida : 

Señalando al Muíalo Machado, todos se inclinan a reconocerlo, a la luz 
de las farolas. 

\ Su cadáver contemplad ! . . . 
Y el otro también herido 
saltó por el barandal ! . . . 

Señalando al arco central. 

BOLIVAR 

¡ Mi cariño, Zingarello, 
sabrá premiar tu lealtad ! . . . 

JOSEFINA MACHADO 
¡Es el liberto Machado!'. . . 

Contemplando el cadáver. 

BOLIVAR 
cY el otro?. . . 

TOMAS SANCHEZ 

Abriéndose paso entre todos }) cuadrándose ante Bolívar. 

i Descansa en paz ! , . . 



241 



BOLIVAR 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS Y TOMAS SANCHEZ 

TOMAS SANCHEZ 

Vigilaba yo la hacienda, 
pues me gusta vigilar 
todoo los lugares donde 
pernocta mi general, 
cuando escuché los disparos, 
y a un hombre miré saltar 
por esa baranda, huyendo . . . 
Las garras le logré echar . . . 
Temeroso confesóme 
las urdimbres de este plan . . . 
Por él supe que Machado, 
para poder acabar 
con todos, dió el santo y seña 
al ejército real . . . 
La noticia, presuroso, 
corrí a dar a un oficial, 
para que estén prevenidos, . . 

DON VICENTE CAMPO-ELIAS 
c Y el traidor ? . . . 

, 242 



Acto /// * BOLIVAR 

TOMAS SANCHEZ 

¡ Descansa en paz ! , . . 
¡ Cuello que mi mano oprime 
no cobra vida jamás! . . . 

BOLIVAR 

¡Obligado me tenéis! ... y 
¡Gracias, señor oficial! . . . 

TOMAS SANCHEZ 

Casi llorando de emoción. 

cOficial?... 
BOLIVAR 

Desde este instante, 
en pago a vuestra lealtad! ... 

Resuena la diana. La aurora empieza a resplandecer, Iiñendo de púrpura 
las cumbres del Bárbula. Bolívar señalando hacia el fondo. 

El sonoro clarín toca a diana, 
y en las cumbres del Bárbula florece, 
como un rosal de gloria, la mañana ! . . . . 
¡ Es un sol sin ocaso el que amanece ♦ 
para alumbrar con luces inmortales 
el heroismo épico y la gloria 
de esta fecha ejemplar en los Anales 
inmarcesibles de la patria Historia ! . . . 

Tomando una bandera y entregándosela a Girardot. 



I 



BOLIVAR 



Acto III 



Oid, Girardot, a vuestro heroico brío 

la enseña de la patria le confío ... 

¡ Y en la cima del Bárbula, quisiera, 

vencedora de todos los eventos, 

ver flotar a la gloria de los vientos ' 

la gloria tricolor de esa bandera ! . . . . 

i Ya, nobles y valientes paladines 

Dirigiéndose a iodos. 

OS llaman al combate los clarines, 
y sus primeros rayos el sol vierte ! . . . 
i Id al asalto, con la frente erguida. 

Señalando con el brazo la cumbre del Bárhula que resplandece como si 
fuese de oro. 

bajo el arco triunfal de la mañana! . . . 

Girardot despliega la bandera. Todos los soldados tienen las manos hacia 
el Bárbula, como si pronunciasen un silencioso juramento. 

Ya sabéis la consigna : ¡ Guerra a Muerte ! . . . 
porque la Guerra a Muerte dará vida 
a la gloriosa patria colombiana ! . . . 

Resuena un nuevo toque de clarines. Bolívar se dirige a los soldados, seña- 
lándoles la bandera. 

\ Tras esa enseña, hacia el combate vuela, 
soldado del derecho y del honor ! . . , 

TOMAS SANCHEZ 

Frenético de entusiasmo. 

i Viva el Libertador de Venezuela! ... 



244 



Acto III * BOLIVAR 



TODOS 

En un clamor de entusiasmo, mientras redoblan los tambores y vibran los 
clarines en una diana de triunfo. 

\ Viva ei Libertador ! . . . 

Can d telón. 



FIN DE LA OBRA 



245 



EDITOKIAL 




"VICTORIA" 



5 BOLIVARES